Conozca la ruta cafetera de Colombia

El turismo evoluciona en Colombia, donde existen 19 fincas abiertas a los viajeros para que conozcan la producción del café en todas sus fases y sientan, por un día, lo que es estar detrás de la siembra y recolección de este producto.

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marzo 02 de 2014 - 10:03 p.m.
2014-03-02

En lo alto de las montañas del departamento colombiano de Antioquia se alza imponente una finca aromatizada por los olores del campo que luce como en tiempos coloniales, engalanada por sus aires de gran hacienda y adornada con colores cálidos y alegres, en donde el café es más que una bebida.

Es una experiencia que acerca a los turistas a la esencia de este grano.

En el municipio de Fredonia, situado 58 kilómetros al suroeste de Medellín, a 1.800 metros de altura, se encuentra La Sierra, una de las 19 fincas abiertas a los turistas con el objetivo de que estos conozcan la producción del café y vivan directamente lo que es estar detrás de la siembra y recolección de este producto.

Es un paraíso terrenal ubicado a tan solo dos horas de Medellín, en el noroeste del país, con 18 grados centígrados de temperatura, situado cerca de un pequeño caserío polvoriento por donde pasaba el tren.

Al llegar a la finca los visitantes toman el desayuno con la compañía silenciosa de las enormes montañas de la región de donde, según el administrador de la propiedad, Gustavo Palacio, “se dice que salió el logotipo de la compañía colombiana Juan Valdez, símbolo del café colombiano en el mundo”.

Tras la comilona que incluye huevos, panes de queso, café y las infaltables arepas, se emprende el recorrido a caballo por entre los cerros, siguiendo un camino empedrado desde el que se divisa a los recolectores que trabajan, como hormigas, al ritmo de las canciones, la algarabía y los chistes, para que la jornada sea más placentera.

“A mí me gusta granear, me divierto, tenemos buenos compañeros cada uno va alegrando a su manera; yo tengo más oficios, pero recoger café es lo que más me gusta”, comenta Orlando Suaza, un experimentado recolector de café que encuentra en su profesión una cultura.

El trabajo para los recolectores es esporádico, pues depende del tiempo de cosecha y de la abundancia, y su sueldo es proporcional a lo que recojan.

“Si son 100 kilos, su ganancia puede ser de 40.000 pesos, de los cuales tiene que apartar 10.000 para las tres comidas del día”, explica Palacio.

A lo largo del recorrido se hacen escalas en las diferentes estaciones o pasos de producción, primero por el germinador, en donde crecen las semillas y nacen las chapolas (plantas del café), luego por el almácigo, lugar donde se trasplanta el cafetal en bolsas negras hasta su crecimiento y, finalmente, por la plantación en terreno.

Luego de observar este paso, sigue el área de fertilización, donde las plantas crecen y desarrollan raíces, de modo que cuando estén grandes puedan producir los granos rojos, llamados “cerezas maduras”.

En este lugar, el visitante puede ver también el proceso industrial, que consiste en despulpar el grano, que luego se lava y pasa por un mecanismo de secado en el que el café toma el aspecto del “pergamino”, llamado así porque obtiene un cascarón de color crema similar a la textura de ese papel.

Este grano es trillado para eliminar la cáscara y dejar solo el fruto, que después se tuesta hasta obtener el polvo de color oscuro y aroma característicos.

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