Algún día los robots podrán sentir

Los últimos adelantos intentan que las máquinas desarrollen sensaciones, aunque todavía queda camino por recorrer.

Uno de los robots más asombrosos es el Geminoid, del profesor Hiroshi Ishiguro, que es inquietantemente igual a su creador.

Efe

Uno de los robots más asombrosos es el Geminoid, del profesor Hiroshi Ishiguro, que es inquietantemente igual a su creador.

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abril 27 de 2014 - 08:06 p.m.
2014-04-27

Cuando Theodore, un hombre solitario que trabaja escribiendo cartas para otros, adquirió un sistema operativo para ayudarlo, lo último que esperaba era sentirse atraído por ese programa. El sistema operativo responde al nombre Samantha, tiene la voz de Scarlett Johansson y, poco a poco, Theodore, interpretado por Joaquin Phoenix, comienza a enamorarse de esa compañía artificial que lo hace tan feliz.

Este es el singular argumento de ‘Her’, la película de Spike Jonze que ganó este año el Óscar al mejor guión original, con una cinta romántica de ciencia ficción que plantea un interesante interrogante: ¿podrán los robots, en el futuro, tener emociones y enamorarse de las personas?

El desarrollo de la robótica y la ingeniería en los últimos tiempos ha favorecido la creación de algunos aparatos que, literalmente, parecen trasladarnos a escenarios solo vislumbrados en la ciencia-ficción.

“Las habilidades actuales (de los robots) incluyen la capacidad de establecer conversaciones complejas, reconocimiento del entorno, reconocimiento facial, incluso el cálculo de la edad y el género, expresión de emociones o toma de decisiones”, enumera Pablo Medrano, experto en robótica de entretenimiento, quien nombra al robot japonés Asimo, de Honda, o el francés Nao, de Aldebaran, como algunos de los más complejos y avanzados.

HACIA UN ROBOT CON EMOCIONES

Lo cierto es que cada vez son más los ejemplos en ferias y laboratorios en todo el mundo de robots que hablan e interactúan con personas de manera razonada, y que aspiran a tener respuestas emocionales.

“La interacción natural es algo muy complejo, pues implica desarrollo de la motricidad que les permita interactuar con nuestro entorno”, dice Medrano.

Siguiendo este razonamiento, AISoy Robotics, un laboratorio español, desarrolló Aisoy1, un robot con dos habilidades muy interesantes: por un lado, puede mostrar hasta 14 emociones predefinidas como felicidad, vergüenza, miedo o tristeza, y por el otro, su capacidad de interlocución evoluciona según habla con los seres humanos.

El empleo de estas máquinas en el cuidado de personas mayores o para usos infantiles son algunas de las realidades de la robótica social que hacen que los usuarios puedan desarrollar vínculos emocionales con ellas, aunque todavía se está muy lejos de la premisa romántica de ‘Her’.

Cada vez más autónomos, cada vez más evolucionados, los robots se aproximan poco a poco a la interacción natural con los seres humanos.

Así, el argumento de ‘Her’ es todavía ciencia-ficción, pero quién sabe si en un futuro no tan lejano alguien como Theodore podrá declarar su amor a Samantha y decir como en la película: “Ella no es solo un computador”.

EL CINE, UN PASO ADELANTE

El cine siempre ha fabulado con las posibilidades de la ciencia para crear emociones, y ‘Her’ no es la primera película en tratar el tema. Por ejemplo, en Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg, David era un niño robot, el primero especialmente diseñado para poder amar, y esta capacidad lo sitúa en un lugar difuso entre seres humanos y máquinas.

“A día de hoy, los investigadores no hemos sido capaces de cumplir las expectativas de producir algo tan complicado como una personalidad y poder imbuirla dentro de un robot”, admite Eduardo Castello, doctorando en Ingeniería Robótica en el Intelligent Robotics Laboratory de Osaka (Japón), una de las instituciones punteras en la materia.

Es posible que el amor entre personas y robots parezca algo lejano, pero otros adelantos del cine parecen más posibles. En ‘Un amigo para Frank’, el protagonista es un anciano con problemas de memoria al que sus hijos le compran un robot. La compañía y la ayuda del robot son para Frank algo parecido a lo que intentan ya los robots destinados a cuidar a personas mayores, como la foca terapéutica Paro o el proyecto MobiServ.

“Empezamos a ver cómo cierto tipo de usuarios, especialmente con algún tipo de carencia, está empezando a desarrollar sentimientos empáticos hacia los robots, que hacen su vida más fácil”, complementa Castello.

Efe Reportajes

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