¿Dolor? Mozart o Schubert le brindan una solución

La depresión, la ansiedad o la hipertensión también tienen su melodía

¿Dolor? Mozart o Schubert le brindan una solución

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¿Dolor? Mozart o Schubert le brindan una solución

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mayo 15 de 2013 - 11:13 p.m.
2013-05-15

El concierto para Arpa, compuesto por Haendel en 1736 o los de Vivaldi para Oboe RV 451 y 454 (1699-1700) son recomendados para calmar el dolor de estómago, mientras que el Sueño de amor, de Liszt; La Serenata, de Schubert, y el Himno al sol de Reimsky-Korsakov, son los más “recetados” para combatir los dolores de cabeza.

Hay también “remedios musicales” para el insomnio, la hipertensión y la ansiedad, los grandes malestares que azotan nuestra vida cotidiana.

Contra el primero, dicen que son efectivos Los nocturnos de Chopin (Op 15 No.5/ Op.16. No.2 y OP. 9 No.2.) y el Preludio para la siesta de un Fauno de Debussy.

Para combatir hipertensión, “recetan” Las cuatro estaciones, de Vivaldi; la Serenata No. 13 en Sol mayor, de Mozart; la Música acuática de Haendel; el concierto para violín de Beethoven, y la Sinfonía No.8 de Dvorák.

Para la ansiedad, dicen que no hay nada mejor que el concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo; Las cuatro estaciones, de Vivaldi, o la Sinfonía Linz, K425, de Mozart.

Esas son medicinas musicales que están circulando en la red para el deleite de los amantes de la música clásica, pero para la desconfianza de los ortodoxos o los más escépticos, como Silvia Cuellar, psicóloga infantil, para quien “no existen pruebas científicas de que esos métodos sean 100 por ciento efectivos”.

No obstante, la sicóloga y fonoaudióloga colombiana Patricia Becerra, quien trajo a Colombia el método Tomatis hace 20 años, que se basa en la neuroestimulación auditiva a partir de la música de Mozart y los cantos gregorianos dice que “el poder curativo de la música sí es posible”.

Con ese método, ella ha tratado con éxito problemas de comunicación, depresión, ansiedad, agresividad, trastornos psicosomáticos y otras enfermedades causadas por el estrés, la soledad, el desamor u otros múltiples factores.

En un artículo publicado por Portafolio el 21 de noviembre del 2008 recogimos testimonios de personas y familias que resultaron beneficiadas por el Método Tomatis, aplicado por Becerra.

Pero, ahora, lo que buscamos es saber si las recetas musicales que nos dan para combatir el dolor de estómago, el de cabeza y otros males, realmente funcionan.

“La música se compone de frecuencias graves intermedias y agudas, su mezcla da lugar a las composiciones musicales y, cuando las escuchamos, el organismo y la psiquis se afectan de forma diferente por cada una de las frecuencias”, afirma Becerra.

“Una frecuencia de 750 hertz afecta el estómago y una de 4.000 hertz la relación afectiva que tenemos con nuestra madre”, precisa.

“Cada de las obras musicales mencionadas para combatir los dolores que alivian son efectivas porque contienen frecuencias que equilibran las diferentes partes del cuerpo o de la psiquis.

La mayoría de las veces es preciso considerar que tras gran parte de las enfermedades físicas hay un problema emocional. El cuerpo responde a lo que pensamos y sentimos afectivamente, y en cómo lo vivimos o lo interpretamos.

UN MUNDO DE CÓDIGOS

Nuestro organismo responde a códigos y, a veces, la música, o, mejor, las frecuencias musicales, permiten que ‘resetiemos’ nuestro disco duro biológico y, en consecuencia, nos curemos y limpiemos “basuras que hemos acumulado”, explica.

Becerra cuenta que ha tenido pacientes que, tras 8 sesiones de neuroestimulación auditiva, presentan una diarrea de un día o dos… La terapia musical con determinado tipo de tonalidades les ha permitido aflojar el sistema nervioso, que ha concentrado todo en el estómago y descargar todas esas “basuras” emocionales que hemos almacenado en esa parte del cuerpo”, indica.

Recuerda que “en el estómago está el famoso chakra del plexo solar, en donde recibimos y aguantamos muchas de las buenas o malas sensaciones que vivimos”.

“Cuando nos dicen que para combatir el insomnio son efectivos Los nocturnos de Chopin (Op. 15 No.5/ Op.16. No.2 y Op. 9 No.2.) y el Preludio para la siesta de un Fauno de Debussy, las razones de su efectividad tienen que ver con las frecuencias musicales contenidas en esas composiciones musicales y con los efectos que esas frecuencias tienen sobre el organismo”, añade.

En el consultorio de la doctora Becerra se emplean, por ejemplo, diferentes tonalidades de la música de Mozart, que van de los 125 a los 9.000 hertz para tratar diferentes problemas.

Utiliza tonalidades graves de la música de Mozart, entre 125 y 700 hertz, para terapias relacionadas con el área motora, y otras de 1.000 a 3.000 hertz (media) para problemas de comunicación y tonalidades agudas, entre 3.000 y 9.000 hertz, en tratamientos emocionales.

Becerra afirma que “las composiciones de Mozart son ricas en tonos agudos, que se salen de los parámetros convencionales, con abundantes “frecuencias solfeggio”, que, desde la antigüedad, se conocen como puras y sanadoras. Algunas, como “Andantino”, están cargadas con ellas.

Los cantos gregorianos puros también contienen dichas frecuencias que elevaban a los monjes a estados altos de conciencia. De hecho, cuando en alguna ocasión se suspendieron, los monjes sufieron una gran depresión, pues sus voces con los cantos nutrían y dinamizaban su sistema nervioso.

En uno de los últimos números de la revista Journal of the Royal Society of Medicine, el doctor J. S. Jenkins realizó una recapitulación del efecto Mozart, del que dijo que existe, pero que requiere más investigación.

Gloria Helena Rey

Especial para Portafolio

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