Eduardo Galeano: el latinoamericano

Más de 40 obras publicadas, cinco doctorados honoris causa y más de una decena de premios respaldan su reconocida trayectoria literaria.

Eduardo Galeano: el latinoamericano

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Eduardo Galeano: el latinoamericano

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abril 15 de 2015 - 11:49 p.m.
2015-04-15

Conocí a Eduardo Galeano a mediados de los 80 en Río de Janeiro, cuando yo era corresponsal en Brasil del servicio latinoamericano de la agencia norteamericana de noticias The Associated Press.

Galeano acababa de regresar a Uruguay después de años de exilio en Europa y de fundar, junto con los escritores Mario Benedetti, Hugo Alfaro y otros colegas periodistas, el semanario Brecha, del que fue asesor hasta su muerte el pasado 13 de abril.

Exiliado por las dictaduras miliares de Uruguay en 1973 y de Argentina poco después, el Galeano que conocí tenía una estrechísima relación con Brasil, pronunciaba el portugués casi como un carioca pero, hablaba poco, no sonreía con frecuencia y parecía nervioso y desconfiado, aunque su cara se iluminaba cuando hablaba de fútbol y sobre su pasión por el Nacional de su país. Era amable pero distante, gentil, sencillo, reservado pero con algo de picardía.

Entonces, como lo repitió después infinidad de veces, creía que el desarrollo desarrolla la desigualdad y que el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo sino su consecuencia. También, que la gran contradicción que mueve al mundo es la que separa a los indignos de los indignados.

UN PUNTO DE PARTIDA 

Galeano estaba, igualmente, convencido de que su famoso libro Las venas abiertas de América Latina, no había sido un punto de llegada sino de partida, pues decía que pretendió escribir una obra de economía política y no tuvo la suficiente preparación para hacerlo.

En la época, Galeano había ido a Brasil a dictar su primera conferencia en un gigante que enterraba las botas y se vestía de democracia, tras 21 años de una férrea dictadura militar. Pero, como en su poema El miedo manda, yo tuve la impresión entonces de que el miedo aún mandaba en la vida de Galeano, como en la de Brasil y en la de las naciones del Cono Sur, pese al desplome gradual de todos los gobiernos militares y el retorno de la democracia en casi todas las naciones.

Brasil acababa de elegir indirectamente a José Sarney como primer presidente civil en más de dos décadas y comenzaba a modificar la temida legislación heredada de los gobierno militares pero, aun así, la desconfianza y el temor impregnaban el ambiente.

LIBRO CENSURADO POR DICTADURAS 

Entonces, era una utopía encontrar en las librerías de Río de Janeiro o de Sao Paulo Las venas abiertas de América Latina, el libro que hizo famoso a Galeano cuando salió al mercado en 1971 y que, en la época, ya había sido censurado por las dictaduras militares de Argentina, Chile y Uruguay.

Inspirado en los llamados ‘años de chumbo (de plomo)’, como se conoce el periodo más represivo de la dictadura militar en Brasil entre 1969 y 1974, Galeano ya había publicado también en 1978 Días y noches de amor y de guerra y, tal vez por eso, no se sentía tan seguro en la incipiente democracia brasileña de entonces.

No obstante, se mostraba decidido a seguir denunciando la milenaria historia de expoliación y explotación, y a proseguir con su lucha a favor de los más pobres y excluidos de América Latina.

Galeano no se separaba de sus minilibretas en donde lo anotaba todo. Observaba y escuchaba a sus interlocutores con atención profunda, como si cámara y grabadora se activaran simultáneamente en su cerebro. Al fin de cuentas, durante casi toda su vida, ejerció, sobre todo, como periodista.

GRANDES AMISTADES 

Amigo del famoso antropólogo Darcy Ribeiro, ya fallecido, y de compositores e intérpretes Chico como Buarque y Caetano Veloso, el escritor uruguayo preparaba en la época El siglo del viento y ya había publicado Los nacimientos y Las caras y las máscaras, los libros de la trilogía Memorias del Fuego, su novela épica, que cuenta la historia de América Latina desde la creación del mundo hasta el siglo XX.

En el Brasil de entonces y durante años, Galeano se apoyó en su gran amigo, el empresario carioca Fernando Balbi, a quien yo conocía y quien me lo presentó. Gracias a eso tuve la oportunidad de hablar varias veces con el autor del que, en mi opinión, es el libro latinoamericano por excelencia, el más importante e influyente ensayo histórico-político regional del siglo XX, que releí en diferentes etapas de mi vida.

Sin duda, esa obra de Galeano, escrita hace casi medio siglo, sigue vigente pues, pese a los avances democráticos, a las mejoras en la expectativa y calidad de vida, y a que América Latina y el Caribe son hoy potencias mundiales en biodiversidad, aquí se siguen muriendo de hambre mas de 53 millones de personas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO.

Además, las venas regionales también siguen abiertas por la miseria, el desempleo, la exclusión, explotación, entre otras lacras.

SU ADIÓS EN BRASIL 

El último paso de Galeano por Brasil fue en abril del 2014, durante la II Bienal del Libro en Brasilia. Al contrario que en otras épocas, habló mucho y se mostró muy cariñoso, según me contaron amigos brasilienses. Ya estaba debilitado por el cáncer de pulmón pero se mostraba de buen humor y bromeó de nuevo sobre las venas abiertas y dijo que ni loco las leería de nuevo porque estaban escritas de forma muy aburrida.

¿Qué le debemos entonces a Galeano? El expresidente de Uruguay José Mujica dijo que “el mundo le debe mucho porque, fue un buscador de verdades ocultas y anduvo trotando por la América más sufrida, la que no llega a los libros ni a la academia”.

Carlos Álvarez, secretario general de Aladi, afirmó que fue el escritor que “con más fuerza, estilo, coraje e ironía nos empujó a pensar como latinoamericanos”. Personalmente, como muchos otros latinoamericanos, creo que nos motivó a todos a no querer ser extranjeros en nuestra propia tierra. A preservar nuestra identidad como latinoamericanos para no terminar siendo, como los dictadores descritos en su famoso libro “Patriotas de una tierra cada vez menos nuestra, satélites de un impero ajeno, ecos y no voces”.

Gloria Helena Rey
Especial para Portafolio