El auténtico arte de la falsificación

Hasta los más eminentes y mundialmente destacados expertos en arte, subastadores, comerciantes y coleccionistas han sido engañados.

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No siempre se pueden obtener certificados de autenticidad y no siempre quien está vendiendo una obra de arte es el dueño.

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Portafolio
diciembre 18 de 2016 - 06:16 p.m.
2016-12-18

Reconocer la autenticidad de una obra de arte es una actividad en gran parte subjetiva. Hasta los más eminentes y mundialmente destacados expertos en arte, subastadores, comerciantes y coleccionistas han sido engañados con obras falsificadas.

Frecuentemente surgen escándalos relacionados con falsificaciones de obras adjudicadas a reconocidos maestros del arte de diferentes épocas que han pasado el examen de todos los especialistas incluyendo museos, galerías y curadores de arte. Recientemente la casa de subastas Sotheby’s admitió públicamente que un cuadro por Franz Hal que había avalado por más de 9 millones de dólares es falso.

Aun así y por siglos, la experiencia es la principal manera de autenticar una obra. La segunda es la procedencia o sea buscando la historia documentada del objeto. Pero muchos falsificadores saben como insertarse en esa historia y el mundo del arte, con sus secretos y escondrijos, es a menudo inadvertidamente cómplice de autenticar
falsificaciones.

A eso hay que agregar que hay falsificadores que son muy buenos en lo que hacen. Verdaderos artistas, de hecho. Tanto que entre conocedores de arte existe la polémica acerca de si algunos de esos trabajos falsos deberían ser considerados verdaderas obras de arte.

Grandes maestros comenzaron como ‘falsificadores’ copiando trabajos de otros artistas. Miguel Angel, por ejemplo, conocido por obras maestras como la Capilla Sixtina, comenzó su carrera copiando esculturas romanas antiguas.

Vengarse del mundo

El erudito del arte Noah Charney autor del libro ‘El arte de la falsificación’ sobre algunos de los grandes falsificadores, dice que se trata de una cuestión de economía. “Un cuadro falso que es autenticado por expertos puede costar millones de dólares. Pero muchos de los mejores falsificadores no lo hacen solo por la plata sino también como una manera de vengarse del mundo del arte que no tuvo interés en sus obras originales pero es demasiado denso como para reconocer una falsa”.

Las prácticas comerciales del mundo del arte proporcionan un ‘terreno fértil’ para los delincuentes. “No necesariamente sabes quién es el vendedor cuando estás comprando una obra de arte. Es posible que tengas que enviar dinero en efectivo a una cuenta bancaria anónima en Suiza. No siempre se pueden obtener certificados de autenticidad y no siempre quien está vendiendo una obra de arte es el dueño. El mundo del arte todavía se mueve con acuerdos entre caballeros y apretones de manos en lugar de contratos”, explica Charney en su libro.

Además muchas de esas transacciones se hacen a través de intermediarios como galeristas, mecenas, comerciantes, anticuarios.

El caso de Ken Perenyi, un americano que vivía en Londres y engañó expertos de ambos lados del Atlántico con pinturas de vistas marinas por artistas británicos y americanos de los siglos XVIII y XIX es ilustrativo. Aunque el nombre del falsificador llegó a oídos del FBI, la investigación no prosiguió porque individuos muy bien conectados que habían comprado pinturas falsas de Perenyi como originales, no deseaban la humillación pública con un proceso legal que prometía mucha publicidad. Ahora que el estatuto de limitaciones de la demanda por falsificación ha expirado, el ‘pintor’ puede hablar libremente al respecto y hasta escribir un libro.

Al parecer la mayor parte de los falsificadores caen tarde o temprano. Generalmente es porque alguien ha sido defraudado por mucho dinero o porque accidentalmente el “artista” ha dejado algún tipo de anacronismo que lo delata en una de las obras.

Algunos famosos

El famoso falsificador alemán Wolfgang Beltracchi quien salió no hace mucho de prisión fue descubierto porque usó un pigmento que se llama titanio blanco en una pintura que supuestamente era de una época cuando el pigmento no había sido creado.
Jhon Miatt, es un inglés también reconocido falsificador quien fue a prisión por uno de los más grandes fraudes artísticos en la historia del siglo XX.

Entre otros famosos se especializaba en el escultor suizo Alberto Giacometti y había defraudado a muchos coleccionistas incluyendo una obra subastada entre conocedores en Nueva York por 300.000 dólares.

Desde que salió de la cárcel Miatt se dedica a pintar vistas estilo Monet de la isla española de Mallorca donde Monet nunca estuvo ni pintó. “Pero estoy seguro que si hubiera ido, le habría gustado pintar allá y eso es lo que yo hago”, explica el ex-falsificador cuyos nuevos falsos ‘Monets’ se venden por más de 30.000 dólares cada uno.
Un Monet original puede costar más de 30 millones de dólares.

“Hoy Miatt pinta del lado de la ley y sus ‘Legítimos Falsos’ se venden por millones de libras y son coleccionados por seguidores de todo el mundo”, escribe en su página de internet.

‘Falsos legítimos’

Miatt no es el único maestro falsificador que después de haber engañado al mundo del arte por años antes de ser descubiertos redirigieron su talento para convertirse en autores de ‘falsos legítimos’.

Aunque probablemente muchos de sus obras falsas están aún circulando en el mercado del arte o como parte de la colección privada de algún billonario o inclusive en la colección permanente de un museo del mundo, los maestros falsificadores ahora pintan a otros grandes maestros pero bajo su propio nombre.

“Yo me dedico a vender mis mejores pinturas falsas legalmente”, explico el americano Perenyi. “Eso no quiere decir que sean menos engañó que las que en el pasado vendía como originales de otros periodos solo que no hay leyes que prohíban vender falsificaciones, inclusive firmadas por artistas famosos del pasado, si uno aclara que son reproducciones”. Sus falsos legítimos se venden entre 3.000 euros por las obras pequeñas hasta 50.000 por las grandes.

Lograr que reconocidos expertos del arte analicen una pintura hecha a veces apenas unos meses antes y la acepten como legitima es una sensación intoxicarte”, escribe en su libro ‘Atencion Compradores: La Vida Secreta De Un Falsificador De Arte’, un fascinante manual para falsificar cuadros con las técnicas para envejecerlos artificialmente y engañar a los expertos.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo

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