El negocio de los bebés

“Imagine un mundo en el que el embarazo se convertirá en obsoleto”, invita Natasha Tatu en su libro ‘La fábrica de bebés’.

Bebés en gestación y recién nacidos deben tener omega 3
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Portafolio
julio 03 de 2017 - 02:55 p.m.
2017-07-03

La ‘fiesta de huevos congelados’ o más técnicamente de ‘vitrificación de ovocitos’, organizada por el Instituto de Fertilidad Vios en Chicago, hizo noticia internacional.
Aunque se trataba de una reunión informal acompañada de margaritas y tacos, tenía como tema algo menos común: la búsqueda de alternativas de procreación por parte de los invitados.

El punto de la reunión era permitir que, en un ambiente convival y festivo, los interesados pudieran conocer mujeres que habían experimentado el procedimiento, escuchar detalles de la experiencia y hacer toda clase de preguntas a los médicos y genetistas del instituto, incluyendo los costos.

La vitrificación de ovocitos es una técnica de congelación ultra rápida que asegura la conservación óptima de los óvulos y su potencial reproductivo, con el objetivo de usarlos ulteriormente para un procedimiento de fecundación in vitro que puede hacerse años más tarde cuando las células reproductivas disponibles naturalmente ya no tienen la misma calidad.

Entre las motivaciones de las personas que acuden al procedimiento están, por ejemplo, el deseo de posponer un embarazo hasta cuando las obligaciones profesionales sean menos exigentes. Más y más mujeres que prefieren no tener hijos hasta haber conseguido avanzar en sus carreras. Otras desean poner en reserva óvulos de buena calidad hasta cuando logren encontrar la pareja ideal.

Pero hay también otras razones para decidir el uso de procedimientos de congelación y fertilización como el creciente número de parejas afectadas por infertilidad que desean procrear. Debido a que la tendencia entre las mujeres de numerosos países, como los europeos y los Estados Unidos, es tener el primer hijo cada vez más tarde (el promedio ahora es 28 años para las mujeres y 31 para los hombres) y cada vez más mujeres tienen hijos después de los 35 años, los riesgos de infertilidad han aumentado exponencialmente.

Desiré y Bruno, una pareja de Luxemburgo que tenía problemas para procrear debido al bajo conteo de espermatozoides, son un ejemplo. Ahora son papás de dos niñas concebidas con una diferencia de dos años a partir de la misma cosecha de óvulos congelados y fertilizados in vitro.

La congelación de ovocitos está cada vez más extendida y ha dado lugar a florecientes negocios. Bajo diferentes legislaciones dependiendo del país, ese procedimiento y otros agrupados bajo el nombre genérico ‘procreación médica asistida’ como la subrogación, la inseminación artificial con esperma del compañero o de un banco de esperma, la fecundación in vitro, la transferencia de embriones y el diagnóstico genético preimplantacional son hoy parte no solo de los rápidos avances médicos en las áreas de fertilidad y selección genética, sino de las ofertas comerciales en el mercado de la nueva fecundidad.

“Imagine un mundo en el que el embarazo se convertirá en obsoleto”, invita Natasha Tatu en su libro La fábrica de bebés. “Un mundo donde las incubadoras completarán la gestación de un embrión, desde la fertilización hasta el nacimiento. Cuando los padres pueden diseñar sus futuros hijos personalizados, obteniendo los mejores ingredientes de fabricación. No más problemas de fertilidad, no más necesidad de madres sustitutas, no más bebés ‘defectuosos’ escribe la autora en el libro que explora el amplio mundo de la procreación asistida y las alternativas que se vislumbran para el futuro.

En países europeos como Luxemburgo, varios de esos procedimientos son parte de la cobertura de los seguros de salud. En Francia, esas prácticas son autorizadas de manera restrictiva como, por ejemplo, antes de un tratamiento de quimioterapia. Mientras que en otros países como España son permitidas, pero no cubiertas por seguros sociales y cuestan miles de euros.

Es también el caso en los Estados Unidos, donde diferentes compañías ofrecen toda clase de alternativas reproductivas en un mercado creciente y con perspectivas tan jugosas como miedosas, a precios altísimos.

La fiesta de ‘vitrificación de ovocitos’ de Chicago no fue única. Con consignas como ‘Pinte su propio camino familiar’, o ‘Sea la artista de su propia existencia’, o ‘Congele sus óvulos para no tener que congelar su carrera’ esas fiestas y otras reuniones promocionales son comunes, sobre todo en las ciudades principales.

El acceso a la vitrificación de ovocitos por razones personales cuesta $30.000.000 en promedio.

Hace un par de años, los titulares de la prensa del mundo anunciaban con sorpresa la decisión de grandes empresas como Facebook y Google de ofrecer apoyo financiero a las empleadas que decidieran congelar sus ovocitos.

El objetivo: permitir a las mujeres jóvenes concentrarse en sus carreras, independientemente de su reloj biológico. La decisión causó un gran escándalo debido a la interferencia de las empresas en la privacidad de sus empleadas. Al mismo tiempo dio lugar a un gran debate respecto al derecho de las mujeres de congelar sus huevos cuando son jóvenes para usarlos posteriormente cuando les convenga.

‘El gran comercio de la procreación’, lo llama la revista Le Point. En todo caso estamos viviendo la gran revolución de la procreación.

Cecilia Rodríguez
Luxemburgo