El elusivo derecho a ser olvidado

La Unión Europea estableció legalmente que los habitantes del continente pueden solicitar que los motores de búsqueda eliminen enlaces que aparecen cuando alguien busca su nombre.

Los gobiernos europeos argumentan que se trata de una protección vital de los derechos de privacidad.

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Los gobiernos europeos argumentan que se trata de una protección vital de los derechos de privacidad.

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agosto 23 de 2015 - 11:00 p.m.
2015-08-23

El anonimato para la mayor parte de los habitantes del planeta es imposible. La tendencia hoy, cuando uno conoce a alguien o inclusive antes de conocer a una persona, es hacer una búsqueda en el internet y con un par de clics se puede encontrar información prácticamente acerca de todo el mundo.

Hace 25 años la idea de una inmensa base de datos que nos incluyera a todos parecía imposible. Hoy no solo existe, sino que se ha convertido en una de las crecientes amenazas de la vida moderna debido al hecho de que el internet no olvida nada, nunca.

El problema es que la información en la base de datos incluye no solo lo que usted ha subido cuidadosamente, sino cada pedazo de información recogido en las calles del WWW. Su hoja de vida, pero también cada comentario inteligente o estúpido, cada foto que usted subió ayer o hace años.

Para la mayoría esa infinita base de datos tiene un nombre: Google.

La idea de que cosas que hicieran en la adolescencia y publicaran en redes sociales o que otros publicaran sobre ellos se mantengan preservadas como insectos en formol, sin que se pueda hacer nada para desaparecerlas, horroriza a muchos. ¿Qué hacer?

He ahí la gran pregunta. ¿Deberíamos poder retraer información indeseada? ¿Tenemos derecho a ser olvidados?

En el internet ese derecho tiene tres niveles: el derecho a eliminar cosas publicadas por uno mismo en línea; el derecho a eliminar algo publicado por uno mismo que otra persona ha compartido y el más complicado derecho a borrar algo que alguien más ha escrito sin que uno tuviera nada que ver.

El primero es fácil. Un botón de borrar que funcione como los de Facebook o Twitter y que en varias partes del mundo ya está siendo aprobado. Pero gobiernos y organizaciones protectoras del derecho a la privacidad desean extender el botón a los otros derechos.

La Unión Europea estableció legalmente el ‘derecho a ser olvidado’, que le da a los habitantes del continente la posibilidad de solicitar que los motores de búsqueda eliminen enlaces que aparecen cuando alguien busca su nombre. Varios países están tratando de extender esos derechos al resto de niveles de “olvido”. Y otros están tratando de extenderlo no solo a lo que aparece en cada país, sino a lo que Google mantiene en todo el mundo.

En Gran Bretaña, por ejemplo, se discute una propuesta para permitir la supresión de fotos personales y otros materiales publicados por otras personas, borrar copias archivadas de mensajes e incluso borrar información personal ‘retrinada’ o vuelta a compartir.

Cuando la Unión Europea aprobó las regulaciones requiriendo que los motores de búsqueda concedan el derecho a ser olvidado a quien lo desee, dejo atónitos a muchos conglomerados de los Estados Unidos, sobre todo a Google.

Ese derecho se articuló en mayo de 2014, cuando el Tribunal Europeo de Justicia resolvió el caso de Mario Costeja González, un ciudadano español cuya casa fue embargada debido a una vieja deuda que había sido resuelta pero seguía apareciendo en Google. Citando los derechos de privacidad del Sr. Costeja, el tribunal ordenó a Google dejar de proporcionar enlaces a fuentes que contenían información sobre el incidente cuando se buscaba su nombre.

Desde entonces, Google informa que ha recibido solicitudes de exclusión para más de un millón de direcciones URL relacionadas con búsquedas de nombres individuales.

Los gobiernos europeos argumentan que se trata de una protección vital de los derechos de privacidad. La gente no debe ser perseguida para siempre por indiscreciones de su juventud, o temer daños a sus negocios o a su reputación por información desactualizada o perjudicial que se mantiene viva en el internet.

Los críticos de las medidas las consideran una forma de censura que ha producido un récord preocupante de desaparición de información de interés legítimo para el público. La preocupación principal es que al permitir la exclusión de información incorrecta, desactualizada o dañina para algunas personas, quién sabe qué otras cosas van a seguir. Cualquier contenido podrá ser censurado por una razón u otra, y el internet se convertirá en el resultado del mínimo común denominador. Lo que queda después que los países y tribunales del mundo autoricen borrar lo que nadie todavía puede prever.

La preocupación ha ganado urgencia estos días porque la Comisión Nacional de Informática y Libertades de Francia (CNIL) ordenó que Google aplique el derecho a ser olvidado a nivel mundial. La respuesta de Google es que si se ve obligado a cumplir con la nueva exigencia, el resultado será una censura sin precedentes del contenido del internet en todo el mundo, así como una peligrosa expansión del control de los reguladores extranjeros sobre lo que los estadounidenses pueden ver en la web.

Cecilia Rodríguez