El emprendimiento vive en una casa llamada Hub Bogotá

La palabra ‘hub’ se puede traducir como centro, buje, meollo o núcleo. Todas estas acepciones caben en el concepto del Impact Hub, que nació en Londres en el 2005 a partir de la experiencia que tuvieron algunos emprendedores sociales en Sudáfrica.

El emprendimiento vive en una casa llamada Hub Bogotá

Maria Camila Hernández

El emprendimiento vive en una casa llamada Hub Bogotá

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octubre 22 de 2013 - 07:00 p.m.
2013-10-22

Hoy existen más de 40 ‘hubs’ de emprendimiento en todo el mundo, con más de 7 mil miembros. El de Bogotá, que nació hace un año, es el primero en una ciudad principal de habla hispana en Suramérica.

El punto de partida es el espacio común. En el Hub Bogotá, lo primero que se ve al entrar a la casa ubicada en la Calle 69 con carrera 6 es el Café Cultor, una idea que nació allí y se materializó en una cafetería orgánica. “El ‘hub’ es una asociación global que se basa en el poder que tiene un espacio físico para generar sinergias, encuentros e ideas que de otra manera se demorarían más en pasar”, explica Paula Gutiérrez, gerente del Hub Bogotá.

Ya dentro de la casa, lo que se encuentra es una forma de trabajo que combina lo antiguo con lo nuevo: oficinas cerradas al lado de sitios abiertos en donde la gente se sienta a trabajar, sin necesidad de tener un puesto asignado. Sofás en forma de canoa, un pequeño escritorio que bien podría ser la barra de un bar de playa (con sombrilla incluida) y salas para reuniones. También hay una terraza al aire libre, en donde se está trabajando en una pequeña huerta y un gran salón que se alquila para eventos y en donde se puede ver trazado el mapa de Bogotá.

La experiencia comienza compartiendo un espacio, pero debe ir más allá. Para eso están los anfitriones, encargados de conectar a la gente. “Hacen lo que hace la mamá cuando llega un visitante, les da la bienvenida y les muestra que está pasando, quién está al lado. Ya pensando en estrategia a mediano plazo, buscan un ritmo y un espacio en donde la gente se encuentre”, cuenta Paula.

A esta forma de trabajo se le llama ‘coworking’. Es así que una persona dedicada al reciclaje o a las microfinanzas puede estar trabajando al lado de un gestor cultural. ¿Lo indispensable para hacer parte del ‘hub’? Tener como prioridad la generación de un impacto social, cultural o ambiental.

Actualmente el Hub Bogotá cuenta con 180 miembros. Hay 60 puestos de trabajo compartidos pero también existe la opción de ser afiliado sin utilizar el espacio físico. Se trata del plan Hub Conexión (20 mil pesos al mes), que permite estar conectado con toda la comunidad, recibir la programación de eventos y tener acceso a una intranet, una especie de Facebook en donde están conectados los emprendedores de todos los ‘hubs’.

Los diferentes planes de afiliación están diseñados de acuerdo al número de horas al mes que se utilice un espacio de trabajo, hasta llegar al plan ilimitado que cuesta 420 mil pesos. Julia Hilarión, por ejemplo, tiene el plan Hub 25 (25 horas al mes por 85 mil pesos). El pago funciona como un prepago de celular y cada afiliado utiliza sus horas como quiera.

Para Julia, que desde el 2001 trabaja para proporcionar material a bachilleres para que se conviertan en emprendedores, a través de la Fundación Minci, encontrar el Hub Bogotá “ha sido como un oasis”. Sobre todo en este momento, en el que se encuentra en busca de inversionistas. “Estoy muy contenta, me ha dado la impresión de que es una comunidad que trabaja por la misma causa y que unos a otros se ayudan”.

Su objetivo a mediano plazo es tener un espacio exclusivo, una de las ocho oficinas dedicadas que tiene el Hub y cuyo valor asciende a 2 millones de pesos mensuales para un equipo de unas 5 personas.

Como lo explica Paula Gutiérrez, no cualquier organización puede ocupar estas oficinas: “Deben ser cuidadosamente seleccionadas porque la idea es que sean ejemplo en innovación, que tengan peso dentro de la comunidad”. Actualmente están ocupadas por Páginas Verdes, In Situ, Creame, Wildlife Conservation Society, Sentido Común, Social Lab y Cempre.

Un año después de haber sido inaugurado, el Hub Bogotá tiene varios hijos: la Revista de Innovación Social, el Café Cultor, el Mercado Agroecológico Campesino y el programa de incubación en alianza con WWF, que busca apoyar tres iniciativas de economía verde durante un año.

Pero además, destaca Paula, el Hub ya llegó al punto de equilibrio operativo y es sostenible como empresa social: “La gente piensa que lo social es lo que uno hace en tiempos voluntarios, que no puede hacer parte de tu vida y no puedes generar tu plan de vida sostenible haciendo esto. Ese es un paradigma que hay que romper”.

MARIA CAMILA HERNÁNDEZ A.

REDACCIÓN PORTAFOLIO.CO

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