Historia de un vendedor de verduras que se gana la vida por libras

Un comerciante de la plaza de mercado de Paloquemao, explica cómo es su negocio, el cual inicia todos los días a las 3:00 de la mañana.

Ervin Olave, comerciante de Paloquemao

Ervin Olave, comerciante de Paloquemao

Archivo particular.

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Portafolio
junio 12 de 2018 - 11:13 p.m.
2018-06-12

Un niño de cinco años, de nombre Ervin Olave, fue trasladado por sus padres a Bogotá hace unos 25 años, ante el riesgo de ser reclutado por la guerrilla en el municipio de Algeciras (Huila), donde nació.

En la capital del país cursó la primaria y parte del bachillerato, pero cuando iba en octavo (tercero de secundaria), decidió no estudiar más y dedicarse a trabajar. Entonces, un cuñado suyo, que tenía un puesto de verduras en la plaza de Paloquemao, le enseñó a trabajar en la comercialización de productos perecederos. Desde el año 2000, Ervin se dedica al oficio de vendedor de verduras en esta plaza de Bogotá.

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¿Cómo aprendió este negocio?

Estuve ayudándole a mi cuñado más o menos unos ocho años, y un día me salió la oportunidad de montar mi puesto. Al comienzo el sitio era pequeño, y a medida que fui mejorando los resultados amplié el punto de venta. Esta es una actividad en donde la constancia es clave.

¿A qué horas inicia su jornada?

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Todos los días a las 3:00 de la mañana y termina hacia las 4:30 o 5:00 de la tarde. El trajín es duro.

¿Y qué cosas hace a las 3:00 de la mañana?

A esa hora llego a Corabastos a comprar los productos en la plaza mayorista para abastecer mi negocio. Sin embargo, a Paloquemao también llegan verduras directamente desde las fincas y uno compra algunas cosas para comercializarlas.

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Y aún así ¿le toca ir a Corabastos todos los días?

Sí señor. Toca porque no todos los productos se consiguen acá. Es necesario reforzar la oferta. Eso es lo más duro de este negocio: la madrugadera.

La clave es surtir diariamente el negocio porque estos son productos perecederos que se deterioran de un día para otro. Los clientes son muy exigentes. Un producto que lleve dos o tres días expuesto y no se venda toca sacarlo y cambiarlo por unos más frescos.

¿Qué hace con lo que se deteriora?

La idea es que todo se venda, pero lo que sobra se regala a la gente que lo necesita. Aquí vienen todos los días, personas de fundaciones o que trabajan en albergues, y uno les regala los alimentos que ya no se pueden vender, pero que están buenos.

¿A quién le compra en Corabastos?

A los mayoristas. Por lo general, uno tiene un proveedor, pero cuando sus productos no son los mejores, hay que buscar otros porque el surtido tiene que ser de buena calidad y bajos precios.

¿De dónde vienen estos productos?

De diferentes partes del país. La verdad es que a veces uno ni pregunta cuál es la procedencia, pero acá a Bogotá llegan muchos productos de Boyacá, Cundinamarca, Santander, Meta, Valle, Tolima, Huila, Eje Cafetero, Caquetá, y hasta de la Costa Caribe. Eso depende del tipo de alimento.

¿A qué horas empiezan a llegar los clientes?


A las cinco de la mañana comienzan a llegar los administradores o jefes de compras de los restaurantes. Después vienen las familias.

¿Cuáles son las verduras que más se venden?

Lo que más se vende es tomate, cebolla larga, zanahoria, papa y plátano. Eso es lo primero que lleva la gente, luego empieza a escoger otro tipo de cosas como fríjol, lechuga, cebolla cabezona, ahuyama, pimentón.

¿La gente pregunta por los productos ecológicos?

Sí. Mucho. Yo estoy empezando a trabajar en la oferta de ese tipo de productos, porque la gente le gusta mucho lo que no tenga agroquímicos.

¿Cuántos empleados tiene?

Ahora tengo tres empleados, y conmigo cuatro.

¿Cómo lleva sus cuentas?

Aquí todo es manual. El pago es en efectivo. Yo llevo un cuaderno para las cuentas de lo que les compro a los proveedores, y para saber a cómo puedo vender los productos, pero lo que uno les vende a los clientes no queda registrado en ninguna parte. La plata va al bolsillo, de ahí se pagan los productos comprados a los mayoristas, y lo que sobre es la ganancia. Pero también apunto las cuentas de algunos clientes especiales a los que les fío.

¿El negocio es rentable?

Unas veces nos va bien y otras mal. Esto es muy relativo. Pero al final de cuentas se puede vivir del negocio. El problema es que es una actividad muy esclavizante porque a uno le toca estar aquí todos los días, sábados, domingos y festivos. Solo descansamos unos días al año, 25 de diciembre y 1 de enero y a veces el viernes Santo.

¿Qué cosas afectan las ventas?

Hay muchas cosas que afectan el negocio. Por ejemplo, los festivos, el Día sin Carro, el Mundial de Fútbol, las vacaciones, la lluvia y la sequía.

Cuando los precios suben ¿la gente disminuye sus compras?


Así es. Si antes llevaba dos o tres libras de un producto que se puso caro, entonces ahora solo lleva una libra. El aumento de los precios es uno de los factores que más afecta este negocio. Esa también es una de las razones por las que nos toca abastecernos todos los días. Si compramos mucho y los productos no tienen salida, se pudren.

¿Cuántos productos maneja en su negocio?

Tengo alrededor de 40 productos. Este espacio equivale a dos puestos de unos 16 metros cuadrados cada uno.

¿Qué producto es el más complicado de manejar por la inestabilidad del precio?

La arveja verde. Toca comprarla todos los días, porque uno no sabe a qué precio amanece. Si se compra cara un día, es posible que en la jornada siguiente baje de precio, y uno pierde plata.

Un bulto de arveja verde, sin desgranar, puede costar $400.000 o hasta $500.000 un día, y al otro día bajar a $300.000. Cuando está muy barata baja hasta a $80.000 o $100.000. De esa magnitud es la volatilidad.

¿Qué otros productos son difíciles de comercializar?

El aguacate, porque tiene temporadas muy marcadas de escasez y abundancia, pero además, es muy perecedero y delicado.

¿Cuál es la mejor temporada del año?

La mejor temporada es enero y febrero. En esa época la gente deja atrás las fiestas y se vuelve a concentrar en la compra de alimentos.

¿Y cuál es la época más mala en ventas?

Diciembre y fin de año, porque las personas se dedican a comprar regalos, a estrenar ropa, viajar y consumir licor y se olvidan un poco de la comida.

¿En un puesto como el suyo cuán es la venta máxima en un día?

En una jornada buena se llegan hasta a $1’500.000, y la mala unos $700.000. El día sin carro las ventas apenas llegan a unos $200.000, es mejor no venir.

¿No los ha afectado el cobro de las bolsas?

A nosotros no nos obligan a cobrarlas porque este es el empaque básico. No es posible llevar una libra de arveja en la mano.

¿Qué tan ‘resabiados’ son los clientes?

Hay unos muy complicados y otros muy tranquilos. Como en todo negocio. Pero a todos toca atenderlos bien y manejarlos, así sean petulantes.

¿Qué tipo de resabios son los más comunes?

Algunos quieren que uno les eche libra y media por una libra, o que les pesemos la cebolla larga después de quitarle las hojas, pero eso no se puede porque nosotros las compramos con todo. También les gusta manosear los aguacates, y estos se pudren porque la gente los aprieta duro. Escoger los productos también es un vicio. En algunos casos se puede, pero hay otros en los que no es posible.

¿Quiénes son los mejores clientes, las mujeres o los hombres?

Generalmente viene juntos a mercar. Ella escoge los productos y él le ayuda a cargar. Es más, cada vez aumentan los casos en los que las mujeres pagan la cuenta, aunque también hay que decir que son las más exigentes en precio y calidad. En la actualidad, los clientes se distribuyen entre 50% hombres y 50% mujeres.

¿La gente siempre pide la ñapa?

Sí señor. Eso es lo esencial. Todos los clientes la piden y eso hay que respetarlo. Siempre los consentimos.

¿Tiene clientes fijos que le compran en grandes volúmenes?

Sí. Los que tienen restaurantes, las hermanas que vienen de comunidades religiosas que llevan para colegios o para atender grupos de personas. Ellas llevan en promedio mercados de $500.000.

¿Por qué la gente debe ir a mercar a Paloquemao?

Porque la plaza garantiza seguridad y productos de calidad. Aquí no se le pierde nada a nadie. Entre todos nos cuidamos y hacemos que los clientes estén seguros.

¿Usted paga arriendo en el lugar?

Sí señor. El puesto no es de mi propiedad. Uno paga entre $300.000 y $400.000 mensuales, dependiendo del tamaño del puesto y su ubicación. Aparte se paga la administración.

¿Cuánto puede valer la propiedad de un puesto en esta plaza?


Depende del tamaño y la ubicación, pero puede llegar a costar entre $200 millones y $300 millones.

Édmer Tovar Martínez
Editor de Portafolio impreso

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