Filandia, en un filo del Quindío

De aquí salió el famoso tesoro Quimbaya.

Archivo Portafolio.co

Filandia

Archivo Portafolio.co

POR:
mayo 17 de 2011 - 02:07 a.m.
2011-05-17

 

Este municipio es el segundo en antigüedad del departamento, por delante de Circasia y Calarcá.

El 20 de agosto de 1878, un centenar de campesinos emprendió el camino que llevaba del frío Salento, al pie de los páramos de la cordillera Central, a las cálidas tierras de Cartago, ubicadas en la desembocadura del río La Vieja sobre el río Cauca.

Era este un trayecto del célebre ‘camino del Quindío’, paso obligado de los viajeros que de Bogotá quisieran llegar a Popayán. 

Por estos lodazales había caminado a principios de ese siglo XIX el sabio Humboldt y el mismo Bolívar lo recorrió el 5 de enero de 1830, rumbo a la capital, sin saber que a finales de ese mismo año moriría en Santa Marta. 

Para ese año de 1878 las tierras quindianas pertenecían a Cartago y eran selvas impenetrables. Salento, el pueblo más antiguo del Quindío, había surgido 30 o 40 años atrás, alrededor de la vieja posada de Boquía, y había tenido cierto auge gracias a las leyes de apertura y arreglo de caminos.

Una de estas leyes creó una penitenciaría en donde se obligaba a trabajos forzados a todos los “vagos” de Antioquia, Cauca, Tolima y Panamá.

¿FALTÓ UNA ‘N’? 

Sea como fuere, ese día de 1878 la caravana de mujeres, hombres y niños, los más de ellos a pie, con los caballos y mulas reservados para las herramientas de trabajo y los enseres domésticos, hicieron un alto en el paraje de Nudilleros para fundar un pueblo que bautizaron con el enigmático nombre de Filandia.  Según la versión oficial, el nombre deriva de raíces latinas, y significa “hija de los Andes”.

Pero qué tanto latín sabrían estos colonos de pie limpio, se pregunta Jorge Arango, director del Archivo Fotográfico local.

Él asegura que la intención era hacer un homenaje al país escandinavo y que la falta de la ‘n’ fue un simple error de transcripción. Apoya su hipótesis en los registros parroquiales de esos años iniciales en donde figura ‘Finlandia’ en cada fe de bautizo, matrimonio o defunción. Para mí que el nombre abreviado caló por estar el pueblo ubicado en un hermoso filo de la montaña.

El hecho es que Filandia es el segundo pueblo en antigüedad del departamento del Quindío, por delante de Circasia (fundada en 1884) y Calarcá (en 1886). Su progreso fue rápido, y para el final del siglo ya había un elegante parque principal, una oficina de telégrafo, y muchas manzanas de casonas solariegas construidas con finas maderas sacadas de la región. 

Es de esos años iniciales la leyenda de un lienzo milagroso, que representaba a la Santísima Trinidad, y que con todo y su marco plateado y ornado con rosas, “en una comarca rural y se convirtió pronto en sitio de peregrinación. Tan pesado era el cuadro que no fue posible cargarlo al pueblo. Lo más curioso es que desapareció con el mismo misterio. 

Regalo desmedido

De Filandia también se desapareció el parque principal, por allá en el año 50, y sin dejar rastro, un busto de Enrique Olaya Herrera. Pero ninguna “desaparición” ha sido tan dolorosa como la del Tesoro de los Quimbayas, una valiosísima colección de piezas de oro halladas por guaqueros en 1890 en la vereda La Soledad de este municipio quindiano.

El Tesoro, que fue donado a España (qué ironía) por el presidente Carlos Holguín en 1892, para “conmemorar” los 400 años del Descubri- miento, está expuesto en el Museo de América en Madrid. Hoy es reclamado por Colombia así como Grecia reclama a Inglaterra los frisos del Partenón, o Egipto a Alemania el busto de Nefertiti.

Diego Andrés Rosselli

Especial para Portafolio

Siga bajando para encontrar más contenido