Formación/Innovación en reversa

Esa materia era una de las locomotoras con las que se iba a poner a marchar al país hacia el desarrollo. Sin embargo, pareciera que esta sigue en su estación de partida.

La innovación era una de las locomotoras con las que se iba a poner a marchar al país hacia el desarrollo.

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La innovación era una de las locomotoras con las que se iba a poner a marchar al país hacia el desarrollo.

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julio 27 de 2014 - 08:53 p.m.
2014-07-27

Solo a partir de un impulso decidido hacia la innovación el país podrá crear un ambiente en el que pueda surgir una mayor diversidad de actividades productivas y, en particular, actividades que sean relativamente más complejas. Para ello será importante focalizar los esfuerzos, pues, según un estudio de la universidad de Harvard y el MIT, “los países tienen mayores probabilidades de tener éxito en esta agenda si se concentran en productos que están cerca de sus capacidades de producción actuales, dado que se facilita la identificación y la provisión de las capacidades que hacen falta”.

“Indudablemente, la capacidad para innovar y llevar las innovaciones exitosamente al mercado va a ser un determinante crucial de la competitividad global de los países durante la próxima década”, anota por su parte un reciente documento de la Ocde sobre pautas para una estrategia de innovación, en el que se explica el papel que juega la innovación en la ‘era del conocimiento’ y la globalización. Algo muy similar plantean la Unión Europea, en su estrategia de innovación conocida como la Agenda de Lisboa, y Estados Unidos en su iniciativa Innovate America.

Pero mientras los países desarrollados ponen la innovación en el centro de su estrategia de crecimiento, en Colombia siguen pasando los años sin que se materialice una agenda en este sentido a pesar de que se pretende pertenecer al honroso club de la Ocde.

Basta mirar los indicadores más básicos de innovación, como la inversión en investigación y desarrollo (I&D) para darse cuenta que en materia de ciencia, tecnología e innovación Colombia está lejos de los países desarrollados que integran dicho club. De acuerdo con los últimos datos del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología -que de por sí dejan mucho que desear por su desactualización-, en 2012, el país tan solo invirtió el 0,17 por ciento de su PIB en I&D, inferior a países con un PIB menor al colombiano como Kazajistán, Lituania, Eslovenia y Estonia, de acuerdo a los registros del más reciente Anuario de Competitividad Mundial del Institute for Management Development de Suiza.

Es claro que queda mucho camino por recorrer y por ello preocupan las señales del Gobierno frente a su compromiso con la inversión en I&D. En principio, con la reforma al régimen de regalías, los departamentos y municipios iban a adquirir un papel protagónico sin precedentes en términos de ejecución de recursos para innovación, pero ello se desvirtuó con las decisiones de inversión que en muchos casos se han hecho sobre el destino que han adquirido el 10 por ciento de dichos recursos, poco más de un billón de pesos.

Es imperativo emprender estrategias de fortalecimiento institucional de los entes territoriales con miras a favorecer la toma de decisiones de ejecución presupuestal de recursos de las regalías para innovación. Esto implica un trabajo prioritario con las gobernaciones y secretarías de planeación departamental y municipal para fortalecer sus capacidades técnicas en la formulación y ejecución de proyectos de impacto regional.

También se hace imprescindible fortalecer las instancias que hacen las veces de comités consultivos para viabilizar proyectos a partir de los conceptos que de ellos hace el Órgano Colegiado de Administración y Decisión (Ocad).

Por su parte, el sector privado ha venido asumiendo un papel más activo y propositivo con miras a convertir en propósito nacional el poner la innovación en el centro de su estrategia de crecimiento, al tiempo que en muchos casos ha propuesto adelantar sus propias agendas de competitividad en el interior de las empresas y en sus cadenas de proveedores y distribuidores o comercializadores y demás grupos de interés.

Sin embargo, según el IMD, la inversión privada en I&D es muy baja en el país, menos de 100 millones de dólares anualmente, 20 por ciento de la inversión total en ese rubro, mientras en países como Corea e Israel la participación del sector privado en la inversión en I&D asciende al 75 por ciento y el 80 por ciento, respectivamente.

La innovación era una de las locomotoras con las que se iba a poner a marchar al país hacia el desarrollo. Sin embargo, pareciera que esta sigue en su estación de partida.

 

Álvaro Moreno García.
Profesor del Área de Entorno Económico de INALDE Business School.