Hábitos saludables de alimentación: ¿prohibir o educar?

El sobrepeso y la obesidad tienen origen multifactorial al involucrar aspectos genéticos, fisiológicos, metabólicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales y de estilos de vida.

El papel de la familia en los hábitos saludables de consumo es indiscutible.

EFE

El papel de la familia en los hábitos saludables de consumo es indiscutible.

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septiembre 24 de 2014 - 12:13 p.m.
2014-09-24

Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó que la obesidad alcanzó proporciones epidémicas en el mundo. La OMS estimó que cada año mueren al menos 2,6 millones de personas a causa de esta enfermedad. En 2008 también estimó que 1.400 millones de adultos de 20 y más años tenían sobrepeso. De esta cifra, más de 200 millones de hombres y cerca de 300 millones de mujeres eran obesos. En 2010, alrededor de 43 millones de niños menores de 5 años de edad tenían sobrepeso.

En Colombia, la situación es igual de preocupante, pues de cada dos colombianos uno tiene sobrepeso u obesidad, de acuerdo con la Encuesta de la Situación Nutricional, 2010. El 34% de la población adultos (18-64 años) tiene sobrepeso, y el 16,5% presenta obesidad. 55,1% de las mujeres y 46,6% de los hombres tienen exceso de peso. 66,3% de la población entre 50 y 64 años tiene exceso de peso. Las cifras de exceso de peso en la población infantil han incrementado; el 18,9% de los niños entre los 5 y 9 años presentaron exceso de peso (ENSIN, 2010).

El sobrepeso y la obesidad tienen origen multifactorial al involucrar aspectos genéticos, fisiológicos, metabólicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales y de estilos de vida. Por tanto, la prevención y el tratamiento deben involucrar todos estos aspectos. La OMS recomienda elaborar y promover estrategias sobre hábitos de alimentación, actividad física y salud. Estas estrategias se han desarrollado con un amplio proceso de consultas, que han incluido organizaciones científicas en el mundo y representantes de la sociedad civil y del sector privado.

Frente a esta situación se han generado lineamientos que orientan la creación de entornos favorables para la adopción de medidas sostenibles, tanto individual, comunitario, nacional y mundial, que den lugar a una reducción de la morbilidad y la mortalidad asociadas a una inadecuada alimentación y a la falta de actividad física.

En Colombia se han desarrollado leyes que regulan la actividad física y el deporte, lo mismo que estrategias que promuevan una alimentación balanceada y saludable, y decretos que regulan la publicidad y mercadeo de alimentos y bebidas en medios de comunicación, y la resolución por la cual se establece el reglamento técnico sobre los requisitos de rotulado o etiquetado nutricional que deben cumplir los alimentos envasados para consumo humano.

También se han desarrollado normas, que la industria de alimentos y bebidas debe cumplir, sobre la cantidad de grasas trans y grasas saturadas que deben tener los alimentos envasados, así como la declaración del contenido de fruta en la cara principal de jugos, néctares y refrescos. Actualmente, se está evaluando otro proyecto normativo que sugiere prohibir la venta de gaseosas y restringir la venta de bebidas azucaradas y comida ‘chatarra’ en las tiendas escolares y parques públicos en Bogotá.

En este contexto, la pregunta es: ¿prohibir o educar?

Cuando se prohíbe el consumo de alimentos, se despierta el deseo de comerlos y esto es contraproducente. Estudios con evidencia científica demuestran que las restricciones alimentarias conducen a un aumento de peso, especialmente en los niños, como también se ha demostrado que un estilo de crianza controlador multiplica las posibilidades de que el niño sufra obesidad. Por otro lado, la prohibición impide que el individuo tenga conciencia de crear hábitos de alimentación saludable.

Las estrategias para lograr educar y crear conciencia de adquirir y mantener hábitos saludables de alimentación deben incluir todos los autores mencionados anteriormente, pero las principales intervenciones que se deben hacer incluyen la familia, el colegio y el medio ambiente donde convive el individuo. Las principales estrategias, que sí han tenido resultado y están basadas en evidencia científica, son:

1. Comer en familia lo más a menudo posible, en un ambiente relajado. 

2. Promover el ejercicio físico y evitar el sedentarismo. 

3. Fomentar la autonomía del individuo en lo relativo a la selección de alimentos. 

4. Evitar la utilización de porciones grandes de los alimentos con mayor densidad calórica. 

5. Fomentar que en casa y en los colegios haya gran variedad de alimentos, para lograr que la alimentación cumpla con las características de completa, equilibrada, suficiente y adecuada.

El papel de la familia es indiscutible. El ejemplo de los padres es, además, de capital importancia. Se considera que el estilo de vida de los padres es un factor ‘crítico’ en el desarrollo de las preferencias alimentarias de sus hijos, ya que actúa como modelo a seguir para fomentar una dieta saludable. Los hijos de padres que fuman es probable que fumen. Los hijos de padres que comen de forma desequilibrada es probable que acaben comiendo de forma desequilibrada. La genética influye, sin duda, en el riesgo de obesidad del niño, pero también influye, y mucho, la repetición de patrones no saludables. 

La prevención de la obesidad debe darse en distintos niveles: desde trabajar con el individuo hasta en el área legal. El sistema de salud debe desempeñar un papel crucial en la promoción de la salud y la prevención de la obesidad y las enfermedades crónicas no trasmisibles, a través de la orientación al personal y a los usuarios, en los distintos puntos centrales que la combaten, como la promoción de la lactancia materna, la vigilancia del crecimiento y la promoción de una alimentación correcta, inclusive cuando se está enfermo, así como de una vida activa. También la prevención debe ser una estrategia prioritaria de salud pública: iniciarse en la infancia, continuarse a lo largo de la vida, hacer mayor énfasis en las personas mayores y tener la participación activa y comprometida del personal de la salud, junto con los otros sectores de la sociedad. Vale la pena insistir que cuanto más temprano sea su inicio, los beneficios a corto, mediano y largo plazo serán más importantes, evidentes y eficaces.

En conclusión, la obesidad está aumentando la morbilidad y mortalidad en el mundo. En Colombia se han incrementado en los últimos años y están generando un llamado de atención de los entes gubernamentales, regulatorios, educativos, de salud, industria de alimentos y sociedades científicas. Las estrategias de prevención deben incluir al individuo y a la familia, mejorar el ámbito educativo, laboral, social y hospitalario, y tener en cuenta hábitos saludables de alimentación, actividad física y salud. Sin embargo, todas estas acciones tendrán éxito siempre y cuando el individuo tome conciencia de que la salud es un patrimonio por el que debe trabajar permanentemente.

 

Claudia L. Angarita G.
Nutricionista – Dietista. PUJ
Directora: Centro Colombiano de Nutrición Integral, CECNI