Hallazgo que cambia la historia sabanera

Se acaba de iniciar la etapa de investigación científica sobre uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de Colombia.

El hallazgo en la región del Tequendama es considerado como uno de los más importantes realizados en Colombia.

Archivo Portafolio

El hallazgo en la región del Tequendama es considerado como uno de los más importantes realizados en Colombia.

Tendencias
POR:
noviembre 20 de 2014 - 04:18 a.m.
2014-11-20

El hallazgo de una aldea precolombina de 4,8 hectáreas en la región del Tequendama, considerado como uno de los más importantes ya realizados en Colombia, cambia la historia de nuestros antepasados Muiscas sobre los asentamientos dispersos de sus sociedades durante el período prehispánico conocido como la Edad Herrera (900 años a de Cristo), según expertos.

Lo encontrado evidencia que en el sitio, conocido como Canoas, vereda ‘El Charquito’, municipio de Soacha, cerca al Salto de Tequendama, fue ocupado por los Muiscas de manera continua desde el año 900 antes de Cristo hasta la llegada de los españoles en el 1500, es decir por más de 3000 años, según confirmó a Portafolio Beatriz Elena Acevedo, de la empresa antioqueña de energía pública-privada EPM, que hizo el hallazgo en el lugar donde construye la subestación energía Nueva Esperanza, que beneficiará a más de 12 millones de personas en Cundinamarca, Norte del Tolima, Meta y Guaviare.

Hasta la fecha esa información sobre los Muiscas no estaba registrada en documentos históricos pues se creía que las sociedades de este período prehispánico tenían asentamientos dispersos.

Pero, lo encontrado demuestra que “no solo hay continuidad en la ocupación sino en la concentración de asentamientos y en el uso de estructuras rectangulares elaboradas con postes de madera de gran tamaño, no reportadas hasta el momento en la arqueología de la sabana ni del altiplano cundí boyacense”, según el arqueólogo John González Larrota, responsable de la licencia del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) para el rescate de este material arqueológico, que acaba de completarse.

Aunque el hallazgo se hizo en el 2010, solo hasta el mes pasado finalizó la etapa de rescate de unas 20 toneladas de material arqueológico y acaba de comenzar la etapa de análisis e interpretación. El valor del hallazgo revelará los cambios sufridos por una comunidad a través del tiempo.

El 10 por ciento de las piezas rescatadas están completas y pueden exhibirse en museos y el restante 90 por ciento se utilizará en la fase de investigación científica en la que se consolidarán y formularán las hipótesis sobre los procesos sociales de la cultura que habitó en esta zona de la Sabana de Bogotá.

Cuando el hallazgo se hizo en el 2010 durante la realización de los estudios de Evaluación de impacto ambiental (EIA), “se identificó un alto potencial arqueológico pero no de la magnitud que se evidenció después en la etapa del rescate”, admite Paula Gallego, antropóloga, interventora del programa de arqueología del proyecto Nueva Esperanza de la EPM.

Se descubrieron viviendas y espacios de enterramiento humano y de tipo ceremonial. También restos óseos de animales, cientos de volantes de huso tallados en piedra, utilizados para hilar algodón; vestigios cerámicos y líticos en su mayoría fragmentados, vasijas y herramientas para la caza y la agricultura.

El Gerente General de EPM, Juan Esteban Calle Restrepo, indicó que “como empresa responsable y respetuosa del patrimonio cultural de la Nación, la EPM invirtió más de 15.000 millones de pesos en el rescate arqueológico de Nueva Esperanza y se acataron estrictamente los lineamentos planteados del Icanh, para garantizar la recuperación y preservación de la información y de los vestigios del sitio”.

Para eso se contó con un equipo de 60 arqueólogos y de 120 trabajadores de la zona. “Actualmente y durante la operación del proyecto se cuenta con seguridad en el lote, tanto de EPM como de Emgesa que son propietarios de los predios adyacentes”, dice la antropóloga Gallego. Admite, no obstante, que el hallazgo no cambia los planes sobre la construcción del proyecto de energía de Nueva esperanza y que lo que se modificó fueron los cronogramas ya que se decidió, por su importancia, excavar el área completa, lo que implicó la utilización de nuevas tecnologías de excavación y un mayor grupo de arqueólogos y tiempos más precisos.

“Las hectáreas de la excavación ya fueron totalmente excavadas y debido a que allí no se encontraba nada de tipo monumental es posible realizar las obras para la construcción de la subestación” de energía, afirma Gallego.

La prospección y el rescate arqueológico se realizó antes de comenzar las obras civiles del proyecto Nueva Esperanza, que se conectará, a través de una línea a 230kV, con el embalse del Guavio y, con otra de 500kV con la subestación Bacatá en Tenjo.

Gallego sostiene que no es la primera vez que la EPM se enfrenta a programas de arqueología. “En todos los proyectos licenciados de la empresa se llevan a cabo. Los más grandes han sido con los proyectos hidroeléctricos Porce II, Porce III e Ituango”, en Antioquia pero, precisa que “lo particular de Nueva Esperanza es que en Colombia no se había realizado una excavación en área tan grande, con tantos arqueólogos ni con tal inversión”.

Gloria Helena Rey
Especial para Portafolio