Henry Bradford Sicard

Un reto que trasciende a la educación

El desafío de la educación frente a la cuarta revolución industrial será resolver el tema de la pertinencia de las habilidades que los jóvenes desarrollen.

Henry Bradford Sicard
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Henry Bradford Sicard
agosto 27 de 2017
2017-08-27 07:05 p.m.
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Cuando llegó la primera revolución industrial en el siglo XVIII, la forma de trabajar se modificó irremediablemente: las tareas manuales fueron reemplazadas por máquinas que podían hacer lo mismo, pero de manera mucho más eficiente. Algunas actividades desaparecieron y otras surgieron o se transformaron. Fue un momento histórico en el que, tanto en la economía, como en el mercado laboral, se cambiaron los paradigmas y se crearon nuevas formas de producción y subsistencia que nadie esperaba. No hubo el tiempo para tomar medidas pertinentes ante las alteraciones sociales que esto significó.

Al remitirnos al contexto de hoy, podemos decir que también estamos en un momento de cambio y transformación equiparable con aquel entonces: la cuarta revolución industrial se desarrolla en nuestra época, pero a diferencia de la primera, somos conscientes de que estamos atravesando un momento de disrupción. Entendemos que tenemos frente a nosotros grandes retos a superar y que será necesario plantearnos soluciones desde todos los ámbitos para responder acertada y pertinentemente ante los requerimientos.

Hoy, no son las máquinas las que amenazan con reemplazar a los seres humanos en muchas labores, nos enfrentamos a ser sustituidos por la inteligencia artificial, los robots y las nuevas tecnologías digitales. Se estima que hacia el 2030, en las economías desarrolladas, cerca del 30 por ciento de las ocupaciones actuales serán realizadas por robots o serán automatizadas mediante programas.

Para las economías en desarrollo, posiblemente, la situación no se presente con la misma intensidad, pero seguramente continuaremos viviendo el proceso actual de evolución tecnológica, principalmente en los campos en los que mayor influencia tienen las nuevas tecnologías: sectores de las telecomunicaciones, sector financiero y medios de comunicación. Probablemente, con el paso de los años, tendremos que enfrentarnos al fenómeno de robots que ocupen algunos cargos. A diferencia del pasado, en la actualidad somos conscientes del proceso que se está llevando a cabo y está en nuestras manos empezar a tomar medidas para mitigar las consecuencias negativas que se puedan presentar.

Los principales efectos se verán en el mercado laboral, en el cual encontraremos un aumento del desempleo tanto en niveles técnicos, como profesionales. Así mismo, será un gran desafío resolver el tema de la pertinencia de las habilidades que los jóvenes desarrollen en los colegios e instituciones de educación superior (IES), con relación al medio en el que se desenvolverán. Estos dos temas serán puntos claves sobre los cuales debemos empezar a trabajar. Desde las IES algunas de las respuestas que podemos empezar a dar en pos de brindar herramientas a los jóvenes, son las siguientes:

En primer lugar, como el mayor reto se centrará en mitigar las consecuencias del desplazamiento de los trabajadores en algunas industrias, así como el posible crecimiento de oferta laboral de profesionales calificados que no encuentran un campo en el cual desarrollarse, será necesario combatir el desempleo mediante la innovación y el emprendimiento. Estos dos factores deben ser fundamentales dentro de los objetivos de la educación superior en Colombia, de manera tal que formemos jóvenes que estén en la capacidad de crear nuevas empresas, nuevos productos y simultáneamente, ser generadores de nuevos empleos que permitan mitigar lo anteriormente mencionado. La creación de empresas debe ir encaminada principalmente a aquellas basadas en el uso e implementación de tecnologías digitales, campos en los que será necesario dar respuestas a las necesidades de la población y generar avance y desarrollo.

En segundo lugar, y como respuesta a la pertinencia de las habilidades de los jóvenes, se encuentra la necesidad de adaptación constante de los programas académicos a la realidad local, nacional e internacional. Desde la academia será necesario generar programas que vayan de la mano de los problemas reales y que a su vez, descarten aquellos que dejan de ser relevantes para la práctica educativa y, posteriormente, laboral.

El sistema educativo no ha tenido el mismo ritmo de evolución que han tenido los desarrollos tecnológicos y científicos, motivo por el cual los estudiantes aún son instruidos con métodos y herramientas que en su momento fueron pertinentes, pero que han dejado de serlo. Una propuesta de currículos flexibles y personalizados fomenta la participación dinámica por parte de los estudiantes y facilita la adaptación permanente de la academia al entorno, lo que le puede ofrecer a los jóvenes una capacitación integral que les facilite su adaptación a los cambios a los que estarán expuestos.

No solo estos dos aspectos se deben implementar para acercarnos a esta nueva realidad a la que nos vemos enfrentados, pero son un buen inicio que nos permite empezar a esbozar el camino hacia donde debemos transitar.

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