El hombre que quiere reinventar el negocio estético

Moshe Segebre, dueño de la empresa Estetique, que comercializa máquinas de belleza y salud, se fue a los 17 años de Colombia, montó su compañía en Miami y ya está en 25 países. ¿Cómo lo hizo?

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febrero 06 de 2013 - 12:32 a.m.
2013-02-06

A los 17 años, Moshe Segebre salió de su tierra natal, Barranquilla, en pos de conquistar su sueño de tener dinero, y terminó cumpliendo, no solo el suyo, sino el de miles de mujeres que quieren obtener los beneficios de la estética, sin pasar por una sala de cirugía.

Él es el dueño de la compañía Estetique, que despegó hace 15 años en Miami (EE. UU.) y hoy tiene más de 1.000 centros de estética en 25 países.

“Queremos reinventar la estética, así como Google se propuso reinventar la tecnología”, señala el empresario de origen árabe-judío.

Su misión, a la luz del mercado, es comercializar máquinas de alta tecnología para embellecer la figura y recuperar la juventud. Pero en el fondo hay toda una filosofía. “Quería ir más allá del simple negocio de vender y crear un estilo de vida. Para ello necesitaba mi propia marca”, señala.

Segebre estudió teología, un área que nada tenía que ver con lo comercial. Sin embargo, su pasión por los negocios corría por sus venas.

Viajó a Francia a cumplir el año de servicio de su apostolado y regresó a Estados Unidos a concluir su carrera. En ese retorno conoció a Tracy, su esposa, quien marcó el destino de la hoy pujante empresa familiar. “Cada uno tenía su empleo. Éramos distribuidores de productos. Nos casamos y decidimos arrancar con nuestra propia marca”.

Sortenado dificultades

Como todos los comienzos empresariales, pasaron grandes premuras. “Para venirnos a Miami, de Mi-neapolis (de donde es oriunda Tracy), necesitábamos recursos que no teníamos, pero ella me dijo: ‘si estamos juntos, no importa si vamos a comer arroz con frijoles’”. 

Tras esa señal de complicidad, Segebre dice que se sintió como un gigante: “descubrí que mi gran temor era al fracaso. En adelante me convencí de que podía atreverme”.

Una llamada inesperada resolvió la dificultad económica para el traslado a Miami. “De manera providencial, me llamaron para comprarme una máquina de las que vendía antes de pensar en independizarme. Terminé vendiéndole una máquina a una persona que vivía a 5 cuadras de la persona que la quería vender desde Miami”.

Esa, que fue la primera gran venta de Segebre en el mundo de la estética, fue suficiente para su despegue. “Con eso fuimos al Congreso latinoamericano de cirugía plástica. En ese evento, hasta canté delante de la gente e hice otras tantas locuras, para darnos a conocer y hacer la diferencia”.

Cada cosa fue surgiendo como cuando se arma un rompecabezas. Asistían a eventos relacionados con el negocio que posteriormente sería su fuerte.

En uno de sus viajes, en Marruecos, le llamó la atención un hombre que le había logrado vender múltiples productos al selecto grupo de visitantes que había en el lugar.

“¿Cómo haces? Mira todo lo que has vendido. Enséñame, le dije. Y él me enseñó una gran lección: ‘Primero vendes a Moshe, luego a la compañía Estetique, y, finalmente, los productos como Rejuvemax o Lipomax (dos de sus máquinas para la estética)”.

Sin rendirse

Estetique, que iniciará su expansión en Colombia, pasó de ser una compañía de dos empleados: Moshe y Tracy, a tener hoy 30 personas, sin contar todo el engranaje laboral que se crea alrededor de cada máquina.

“En una ocasión, teníamos previsto un gran evento en México, pero el Presidente decidió cerrar el ingreso por el riesgo que representaba una epidemia. 

Tenía previsto una gran venta en esa oportunidad. El cierre de México suponía una gran crisis para nuestro negocio. 

Opté por no rendirme. Pedí a uno de mis colaboradores que enviara a los que más pudiera una invitación: ‘Se cierra México, se abre Miami’. En ese solo fin de semana, sin ir a México, vendimos más de un millón de dólares. Ventas por esos montos son ahora nuestras metas permanentes”. 

Martha Morales M. 

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