Hoteles de película se convierten en estrellas

Ser el escenario de alguna película los puede convertir en lugares de culto

EFE

El casino del Hotel Bellagio

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septiembre 17 de 2011 - 01:05 a.m.
2011-09-17

 

Los hoteles y el cine tienen algo en común: las estrellas. Y los dos han decidido sacar partido a tan galáctica coincidencia.

Cintas como Room Service, de los hermanos Marx, o la comedia coral Four Rooms, han encerrado sus tramas en los pasillos de un hotel, mientras en la localidad californiana de Long Pine, en cambio, promocionan las habitaciones del Dow Villa Motel porque allí, tierra de desierto, se alojaba John Wayne durante el rodaje de algunos de sus clásicos.

En San Francisco, el hotel donde Hitchcok rodó Vértigo, acabó adoptando el nombre de la propia película, mientras Las Vegas, ciudad culmen de la arquitectura hotelera –con sus casinos dentro, por supuesto–, ha sido plató infinidad de películas, entre ellas la saga de Ocean’s Eleven, que elegía el hotel Bellagio y sus fuentes danzantes para dar el gran golpe.

En 1932, Hollywood decidió sumar a las cinco estrellas del Grand Hotel a todas las de su propio firmamento: Greta Garbo, John y Lionel Barrymore, Joan Crawford y Wallace Berry confluían en un lujoso establecimiento hotelero de Berlín.

Para la eternidad, la frase de la Garbo “quiero estar sola” y el Óscar que ganó la cinta a la mejor película de su año.

También ganó ese mismo premio, aunque en 1972, The Godfather, en la que el Edison Hotel de Nueva York era escenario de un brutal asesinato... y de una matanza, precisamente la del Día de San Valentín, huían Jack Lemmon y Tony Curis en Some Like It Hot para acabar travestidos en el Hotel del Coronado, en San Diego.

HISTORIAS DE AMOR

Los hoteles también son templos del amor y el sexo, por lo que Julia Roberts y Richard Gere en Pretty Woman dispararon las visitas al Regent Beverly Wilshire Hotel, en cuya bañera redonda la actriz de la sonrisa más famosa de Hollywood se daba un baño de espuma.

Sofia Coppola, que pasó parte de su infancia de hotel en hotel y siempre se ha sentido fascinada por la vida efímera que allí habita, consagró su rara habilidad para extraer la belleza de lo mínimo en Lost in Translation (Perdidos en Tokio), película en la que una joven estadounidense recién casada –Scarlett Johansson– y un actor maduro –Bill Murray– se encuentran tan fuera del mundo que desembocan en una atípica y muy sutil historia de amor.

Entre el exotismo urbano de Tokio, el Park Hyatt de la capital japonesa hacía las veces de hogar, con lugares tan publicitados a posteriori como su cafetería, el New York Bar, tan fotogénica como prohibitiva por sus altos precios.

En un cuarto de hotel

El Park Hyatt de Tokio

Las vistas del New York Bar del hotel Park Hyatt de Tokio sirvieron para consolidar el sutil romance culminado con un susurro entre Scalett Johansson y Bill Murray en ‘Perdidos en Tokio’, de Sofia Coppola. Este hotel se convirtió en el hogar de este par de abandonados en una ciudad que les resulta totalmente impersonal.

El hotel de ‘Psicosis’

El Motel Bates se hizo famoso por la película de Alfred Hitchcock, ‘Psicosis’, la historia de Norman Bates, un hombre con problemas de personalidad que asesina si piedad a todos los que caen “en el pecado” y que aterró al público.

Luego se hizo una serie de televisión que se llamó ‘ Motel Bates’, dirigida por Richard Rothstein.

El casino del Hotel Bellagio

Las Vegas, ciudad consagrada a la arquitectura hotelera, ha sido plató de un sinfín de títulos, entre ellos la saga de Ocean’s Eleven’, en la que George Clooney y Brad Pitt paseaban sus encantos por el famoso hotel Bellagio.

El elenco de esta película lo completan otras estrellas: Julia Roberts, Matt Damon y Andy García.

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