¿Ya tiene su tatuaje?

Es una industria que está en auge y los artistas tatuadores se cuentan por decenas de miles en el mundo.

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junio 12 de 2016 - 09:09 p.m.
2016-06-12

Entre la jovencita que se hace tatuar una pequeña mariposa en la parte interior del tobillo y el hombre con tatuajes en todo el cuerpo hay un mundo inmenso y cada día más integrado a la cultura popular. Pronto habrá más gente con, que sin tatuajes globalmente.

Lejos están los tiempos cuando los tatuajes eran comunes solo entre marineros, soldados y criminales. Durante el movimiento contracultural de la década de los 60, los tatuajes comenzaron a emerger como símbolos de identidad dando lugar a una especie de ‘renacimiento del tatuaje’, que no ha dejado de avanzar. Ahora la frontera ha desaparecido y los tatuajes no son más exclusividad de subculturas ‘subversivas’ o de la moda. Ni siquiera de los hombres, porque cada día más mujeres se hacen tatuar.

De acuerdo a estadísticas, uno de cada tres jóvenes adultos hoy tiene un tatuaje, muchos tienen más de uno y la tendencia va a continuar. La industria del tatuaje está en auge y los artistas tatuadores se cuentan por decenas de miles en el mundo. ¿Qué provoca esa inmensa popularidad? La búsqueda de identidad, sobre todo entre las nuevas generaciones.

En esa búsqueda, cada día más pieles se convierten en lienzos de expresión estética, política o emocional. La niña de la mariposa y alguien como Joker Boy, un joven suizo que es una de las vedetes de las Ferias de tatuaje en Europa, son ejemplos extremos y entre ellos hay una inmensa diversidad de estilos y motivaciones.

GRANDES FIGURAS

Es además un fenómeno alimentado por las estrellas del mundo del espectáculo y el deporte. “Montones de cantantes como Rihanna, futbolistas como David Beckham, actrices como Angelina Jolie muestran sus tatuajes en eventos internacionales vistos por multitudes y eso contribuye a la popularización”, dice Alain Junckel, organizador de ‘La Tormenta’, la convención de tatuadores más grande de Europa que acaba de terminar en Luxemburgo y en la que se reunieron más de 500, provenientes de 64 países.

Junckel, vestido en traje y camisa, parece un ejecutivo común y corriente hasta cuando se levanta un poco la manga o abre el botón en el cuello para mostrar que prácticamente todo su cuerpo está tatuado. Tenía 17 años cuando se hizo el primero y, como ocurre a tantos aficionados, una vez que comenzó no ha parado. “Algunos para marcar periodos importantes de mi vida, otros estrictamente ornamentales y la mayor parte como terapia en cada etapa de mi historia que continuaré hasta la muerte”.

En todo caso las razones de una persona que decide hacerse tatuar de manera permanente son tan únicas como lo es cada individuo y van de lo puramente decorativo a lo ritual.

Joker Boy es una de las estrellas del tatuaje ritual extremo y representativo de la tendencia a usar la piel como terapia para expresar estados de ánimo y experiencias traumáticas.

Mischa Maria Christen, su verdadero nombre, tiene 28 años, es originario de Suiza y cuando no está viajando para participar en festivales del tatuaje vive entre Suiza y España, de donde es su tatuador Rodrigo Gálvez quien, según explica Joker Boy, fue quien lo salvaría a través del tatuaje de una vida de depresión, crimen e impulsos suicidas. Cambiar de cara para cambiar de vida.

Desde hace más de dos años Joker Boy, quien según cuenta fue un niño abandonado, criado en orfanatos y luego como adolescente enredado en una vida de crimen, institutos psiquiátricos y cárcel, tiene tatuada una sonrisa roja para la cual se hizo cortar las mejillas desde las comisura de los labios en forma rasgada para imitar al payaso enemigo de Batman, el Joker, protagonizado por el actor Heath Ledger.

SONRISA PERMANENTE

De voz mesurada y modales suaves, Joker Boy dice que Misha Maria Christen ha dejado de existir. “Yo me odiaba a mí mismo. Cada vez que me veía en el espejo detestaba mi cara y en lo que me había convertido. Ahora llevo esta sonrisa permanente para ocultar mi tristeza y porque es una mejor representación de mi identidad”, explica.

Pero no es solo la cara. Joker Boy tiene tatuada la mayor parte del cuerpo. Una soga de ahorcado alrededor del cuello cuyo nudo sube por la nuca, una virgen en el pecho, una rosa a un lado y una tela de araña al otro lado del cuello, las rejas de una prisión en el brazo derecho, una gran calavera en el estómago.

Ahora Joker Boy ha decidido llevar la imitación al extremo y este mes comenzará un proceso de rayos laser para borrar muchos de los tatuajes extras que tiene en la cara y convertirla en una máscara blanca que lo mimetice totalmente con el personaje del Joker. El rojo de la sonrisa cicatrizada será aún más rojo. “Así reiré por el resto de mi vida”.

“Los tatuajes no solo expresan identidad sino que ayudan a definirla”, escribe The Atlantic. “En una época de cambios rápidos e impredecibles, impulsada por la tecnología, un tatuaje puede ser fuente de estabilidad y permanencia. Esto es particularmente cierto para la generación del milenio, que creció con Internet”.

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo