Las joyas que usan los hombres

El reloj es una expresión del estilo de vida

Archivo Portafolio.co

Reloj

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septiembre 03 de 2011 - 01:42 a.m.
2011-09-03

 

En las culturas indígenas no había distinción entre hombres y mujeres para usar accesorios de oro.

Ellos y ellas llevaban aretes, collares, brazaletes y hasta pecheras. Pero con el paso del tiempo, las joyas se fueron quedando para uso casi exclusivo de las mujeres. ¡Y cómo les gustan! Ellas pueden lucir completos aderezos en brillantes, perlas, esmeraldas, rubíes y otras tantas piedras preciosas.

En cambio, ellos si acaso llevan una discreta cadena con algún símbolo religioso, la argolla de matrimonio (si la usan) y quizás otro anillo de familia o de profesión. La discreción en este sentido es total en los hombres colombianos.

Así que el gusto de lucir una joya se lo dan con las mancornas y sobre todo con el reloj.

“Para la gran mayoría de los hombres el reloj es su refugio en joyería, que le permite alardear o tener una satisfacción personal”, comenta Ricardo Kling, de la joyería Bauer, quien conoce muy bien el mercado de lujo.

CAMBIO DE ESTILO

Aunque en la parte mecánica los relojes han ido introduciendo muchos cambios y sofisticaciones desde el siglo pasado, han sido menos arriesgados en el diseño.

“Hasta finales de los años 70 los relojes eran aburridos, pero a principios de los 80, con la crisis de la industria relojera suiza debido a los relojes de cuarzo, surgió Swatch con sus diseños coloridos, poniendo el reloj como un accesorio más de la vestimenta diaria”, comenta Kling.

Esto permitió que se pensara, no sólo en tener un reloj para toda la vida, sino varios dependiendo de la ocasión.

“Normalmente, los hombres, sobre todo los jóvenes profesionales, se compran un primer reloj de lujo, de marca, y ese suele ser clásico. Cuando ya compran el segundo y el tercero se arriesgan más y se lanza por uno deportivo, un cronógrafo, uno de carbono, el de fines de semana, el de viajes o para el buceo”, comenta Marta Lucía Vargas, boutique manager de la tienda de Cartier en Bogotá.

Ese reloj es una forma en que los hombres expresan el estilo de vida que tienen o quieren tener.

Porque muchas veces se van por un cronógrafo, muestra de un hombre deportivo, pero pocas veces utilizan los medidores.

“Pero cuando una persona comienza a conocer la máquina del reloj, se vuevan len unos gomosos, y comienzan a aprender de complicaciones”, comenta Kling.

Tanto él como Vargas reconocen que el grupo de conocedores de relojes es pequeño, pero va en ascenso, más cuando ya miran el reloj como una inversión. “Los hombres son más exclusivistas y les gusta lucir piezas únicas; las mujeres buscan más ponerse a la par de otras”, concluye Kling.

LAS COMPLICACIONES

 

Que un reloj tenga las dos manecillas es la maquinaria más sencilla. Ponerle segundero ya es una complicación, y que tenga la fecha ni se diga. De ahí en adelante la sofisticación es total.

Ese es el encanto de los relojes, lo que no se ve.

Los cronógrafos ya marcan otro nivel. ¡Y qué decir de los calendarios anuales! Estos marcan las fases de la luna o los meses, sabiendo cuáles tienen 30 o 31 días.

Y el perpetuo, que reconoce además los años bisiestos, es supercomplejo. La sonajería también es una gran complicación, lo mismo que el turbillón, que compensa la fuerza de gravedad.

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