Los juegos de mesa en Colombia, de ‘hobby’ a negocio

Javier Velásquez, fundador de Azahar Juegos habló con Portafolio.co sobre la creación de dos juegos 100 por ciento colombianos que se encuentran en el mercado, de cómo funciona este negocio y qué es una publicadora de juegos.

Javier Velásquez, cofundador de Azahar Juegos.

Luis Lizarazo

Javier Velásquez, cofundador de Azahar Juegos.

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agosto 01 de 2014 - 12:56 a.m.
2014-08-01

Desde que estaba en el colegio, Javier Velásquez tenía como afición diseñar juegos de mesa. Pero no pasaba de un hobby porque “en Colombia no ha habido cultura de diseño de juegos”. Aquí, afirma este literato, “lo usual es la compra de licencias de temas de juegos o utilizar los mismos juegos que ya han sido exitosos”.

Es por eso que en el 2012 decidió fundar Azahar Juegos, junto con sus socios Santiago Salazar y Carolina Tobar. Gracias a esta publicadora, ya hay dos juegos de mesa 100% colombianos en el mercado: Xanadú y Guatavita.

El primero, que ya se ha vendido también en el exterior, es un juego táctico de cartas en el que los jugadores son arquitectos y albañiles del emperador mongol Kublai Khan. En el segundo, los jugadores son expedicionarios europeos que llegan a la mítica laguna en busca de oro, pero ganan en la medida en que obtienen puntos de fama.

Javier le explicó a Portafolio.co cómo funciona este negocio y por qué los juegos de mesa son mucho más que lanzar dados y mover fichas.

¿Cómo surgió la idea de crear Azahar Juegos?

Yo lo que quería era, por un lado, tener un canal para poder diseñar y publicar juegos, poder sacar mis juegos al mercado. Pero, por otro lado, también entendí que el mercado en Colombia iba a crecer de manera muy lenta por los precios. Tener una oferta de juegos buenos a precios decentes, ese es el objetivo hacia el que voy.

¿Cuál es el proceso para crear una publicadora?

Lo primero es tener un juego. Así pasamos 5 meses largos de trabajo, no solo en el diseño de Xanadú, sino en la diagramación, la ilustración y la producción. Finalmente, en septiembre del 2012 armamos la empresa y en octubre estuvimos en el Salón del ocio y la fantasía (SOFA) lanzando el juego.

¿La publicadora de juegos funciona como una editorial en el caso de los libros?

Hay diferencias, sobre todo en el procedimiento. Mucha gente dice “tengo una idea” o “quiero trabajar en un juego”, pero lo que la publicadora espera es recibir prototipos con manual de reglas de juego que alguien haya diseñado. Entonces uno recibe el prototipo, lo juega con el equipo para ver si tiene potencial o no (alpha testing), y si tiene potencial uno se reúne con el diseñador para ver cómo se pule.

Luego hay que hacer dos pruebas más, beta testing y blind testing. Beta testing es cuando te sientas al lado de los jugadores mientras prueban el juego. Blind testing es mandarle el juego a alguien que está lejos, de manera que no puedes ver cómo reacciona cuando está jugando.

¿Cómo comenzaron a vender su juego en otros países?

Le mandamos Xanadú a Tom Vasel, un reseñador de juegos por YouTube con muchos seguidores en el mundo. A él le gustó mucho el juego e hizo una buena reseña, y eso nos llevó a posicionar el juego en el mercado internacional. Hay una gran plataforma que se llama boardgamegeek.com, en donde todos los juegos de mesa del mundo son publicados y comentados. Esta es la comunidad internacional que nos permitió vender el juego por fuera.

¿Qué sigue para Azahar Juegos?

Este año comenzamos con Guatavita y, para la segunda mitad, planeamos sacar varios juegos en pequeñas cantidades. Es más difícil conseguir 500 clientes nuevos que 50 que te compren 8 juegos diferentes. Para final de este año, la idea es tener varios juegos de varios diseñadores del taller de diseñadores de juegos de mesa que estamos haciendo.

¿Se puede vivir de una publicadora de juegos de mesa?

Si se hace bien, sí se puede vivir de esto. Para lograrlo hay que posicionar un juego a nivel comercial, ponerlo en una gran tienda al lado de Tío Rico. Ahí es cuando puede dar para vivir porque es un negocio que depende de la venta en volumen.

En pequeñas cantidades sigue siendo una tienda de hobby. En Colombia se lleva vendiendo Monopolio los últimos 50 años. Si uno logra tener un solo juego de esos, sale adelante.

¿Es factible posicionar comercialmente un juego de Azahar?

Sí, porque a diferencia de lo que se cree, estos no son juegos ‘geeks’. Si tú vas a Europa, los venden en la sección de juegos familiares. Yo juego esto con mi mamá, así como con mis amigos. A la gente le gusta pensar, uno no sabe hasta que los juega.

Tengo la expectativa de que Guatavita sea nuestro primer juego mainstream (comercial). Creo que la temática autóctona puede ayudar por lo menos a generar curiosidad. Todo el capital que estamos recogiendo ahora es para poder llegar a imprimir un gran número de copias.

¿No es muy fuerte la competencia de los videojuegos?

Coexisten perfectamente especialmente por una razón, y es que la industria de los videojuegos se fundamenta en los juegos de un solo jugador o de multijugador en línea, y esos son los que juegas cuando estás solo.

En cambio, los juegos de mesa los necesitas en reuniones sociales. El juego es un desinhibidor social, le quita la ansiedad a la gente de buscar un tema de conversación, porque el juego se vuelve el tema de conversación.

¿En dónde se consiguen los juegos de Azahar?

Solo se pueden obtener en línea. La publicadora tiene grupo y fan page en Facebook, así como una tienda virtual. Allí también se pueden adquirir juegos importados.

LA 'GAMIFICACIÓN', OTRA VERTIENTE DEL NEGOCIO

Free to play, empresa hermana de Azahar, ofrece a las compañías servicios de ‘gamificación’, que consiste en utilizar sistemas de juego en contextos serios para promover motivación, fidelización, aprendizaje, entre otros. Aplicaciones como Waze o Nike Plus son ejemplos de gamificación, explica Javier.

Free to play funciona individualmente en el caso de las consultorías, y en llave con Azahar cuando se necesita un desarrollo físico de juegos. “Si una empresa me dice, ‘necesito un juego para educar en un proceso a mis trabajadores, pero quiero que sea un juego de mesa’, entonces la publicadora entra a apoyar el proceso”, explica Javier.

Maria Camila Hernández Alonso

Portafolio.co