Crisis en Brasil obligó a la organización de los juegos Olímpicos a ‘apretarse el cinturón’

Brasil sufre su peor recesión económica desde la década de 1930, por lo cual su infraestructura será ‘desmontable’ y habrá una inauguración austera.

Juegos Olímpicos Río 2016

En el estadio Maracaná se realizará la inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos.

EFE

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con agencias 
agosto 03 de 2016 - 12:05 p.m.
2016-08-03

Varias estrellas negras en Brasil se alinearon este año sobre los Juegos Olímpicos de Río, que este viernes arrancará oficialmente.

Por cuenta de la crisis económica y política, y las graves denuncias de corrupción, los organizadores se vieron obligados a apretarse el cinturón. 

Además, antes de que el fuego de la antorcha olímpica llegue al pebetero, son más comentadas las demoras en la ejecución y entrega de obras de infraestructura, que los logros y hazañas de los deportistas que participarán este año en las justas.      

Para nadie es un secreto que los Juegos Olímpicos de Río estarán marcados por la rigidez económica como consecuencia de su crisis y no dejarán estadios espectaculares, como la Caja de Cobre de Londres, en los juegos pasados, sino instalaciones desmontables y reciclables.

La propia organización de Río 2016 admitió sus limitaciones presupuestarias y presume de unos Juegos austeros, financiados por la iniciativa privada, que sacará suculentos beneficios de sus inversiones, aprovechando los terrenos olímpicos para levantar exclusivas áreas residenciales, una vez terminados.

EL MARACANA, LO MEJOR PARA MOSTRAR EN INFRAESTRUCTURA

El templo del fútbol brasileño será el estadio estrella de esta cita, después de una reforma integral para el Mundial de 2014, que sólo respetó la fachada original de 1950.

El nuevo Maracaná, con capacidad para 76.935 espectadores será el escenario de las ceremonias de inauguración y clausura y de las semifinales y finales del torneo de fútbol, que también se jugará en el Estadio Olímpico y en las ciudades de Sao Paulo, Brasilia, Belo Horizonte, Salvador y Manaos, que fueron sedes del Mundial.

Otro gran proyecto para mostrar será el Estadio Olímpico, la obra más imponente de los Panamericanos y pionera por el sistema de arcos tensados de su cobertura.

Sin embargo, esta obra le ha dado muchos dolores de cabeza a los responsables de Río 2016, luego de que un grupo de ingenieros descubrió que podría venirse abajo con un viento moderado.

Este fallo técnico obligó a una reforma, que se prolongó durante dos años con el estadio cerrado.  

Otra queja que ha salido a flote es que por primera vez en la historia de los Juegos, el principal estadio estará lejos del Parque Olímpico, en el barrio Engenho de Dentro, a 15 kilómetros de distancia por una autopista de peaje.

En el Parque Olímpico, levantado en una península al borde de la laguna de Jacarepaguá, en el barrio de Barra da Tijuca, a unos 40 kilómetros del centro de Río, se ubican 14 de las 31 instalaciones deportivas.

Las más llamativas son velódromo y el centro de tenis, pero aquí también se localizan los estadios acuáticos, blanco de una sonora polémica por los sucesivos cambios de proyecto y por su capacidad, inferior a la de las últimas cuatro citas olímpicas.

También ha 'levantado ampollas' el hecho de que el estadio de natación responda a la llamada "arquitectura nómada", es decir, que se desmontará tras los Juegos
y dejará a Río sin una instalación preparada para recibir competiciones internacionales de esta disciplina.

En el Parque Olímpico se levanta la Arena Olímpica, heredada de los Panamericanos, otros tres gimnasios gemelos, blancos y de formas ondulantes, y el Arena del Futuro, que entre todos recibirán deportes como baloncesto, judo, luchas, taekwondo, esgrima y balonmano.

Cerca del Parque, se usarán cuatro pabellones del centro de convenciones Riocentro para boxeo, halterofilia, tenis de mesa y bádminton y también se ha construido un nuevo campo de golf.

El segundo núcleo de los Juegos es el Complejo de Deodoro, construido a las afueras de la ciudad en un área militar y que concentra nueve instalaciones, entre ellas los centros de hípica y de tiro usados en los Panamericanos.

Baloncesto, hockey, rugby, tiro, BMX, bicicleta de montaña, las tres modalidades de hípica, pentatlón y piragüismo en aguas bravas se reservan para Deodoro, en cuyos terrenos trabajan 51 unidades del ejército brasileño.

El resto de los deportes se han programado en lugares icónicos de Río, como las pruebas de piragüismo, que por primera vez se celebran en una zona céntrica, en la laguna Rodrigo de Freitas, a espaldas de Ipanema y a los pies del Cristo Redentor.

El estadio temporal de voley playa se levantará en las arenas de Copacabana, que también recibirá el triatlón. El sambódromo, escenario de los desfiles de las escuelas de samba del Carnaval carioca, será la sede del tiro con arco y la meta del maratón.

La majestuosa bahía de Guanabara, a la sombra del Pan de Azúcar, recibirá las regatas de vela, pese a que el Gobierno de Río no ha cumplido su compromiso de descontaminar las aguas. Los organizadores niegan riesgos, pero los regatistas competirán en una bahía con bacterias, aguas residuales y basura flotante, y con un régimen de vientos inestable.

A UN LADO, LA OPULENCIA

Marco Balich, productor ejecutivo de los Juegos Olímpicos de Río, le dijo a la agencia Reuters que la inauguración de este viernes pondrá fin a la tradición de espectáculos caros y a gran escala.

El espectáculo, en el mítico estadio Maracaná, fue pensado teniendo en cuenta la actual situación económica del país.

“Este no será un evento opulento, teniendo en cuenta lo que pasa en Brasil”
, sostuvo Balich, quien estuvo involucrado en varias ceremonias previas, entre ellas la de los Juegos de Invierno de Sochi 2014.

Brasil sufre su peor recesión económica desde la década de 1930 y la organización de los Juegos ha tenido problemas para conseguir fondos y terminar a tiempo sedes, además de varios proyectos de infraestructura.

“No tendrá la grandiosidad de Pekín, los efectos especiales de Atenas o la excentricidad y características tecnológicas de Londres. Será una ceremonia de apertura análoga”, sostuvo Balich.

La apertura, que costaría la mitad de los 42 millones de dólares de la ceremonia de Londres 2012, está basada en conceptos de sustentabilidad y remarcará la capacidad de seguir funcionando pese a las dificultades.

“Es una ceremonia muy contemporánea. Incluso sin efectos especiales, le habla a la gente del futuro con humildad. No es una muestra de lo bueno o lo moderno que es Brasil", agregó. Las ceremonias de apertura están entre los secretos mejores guardados de los Juegos, junto al nombre de quien encenderá el pebetero, que esta vez no tendrá una estructura gigantesca que se pueda ver a kilómetros de distancia. "Será un pebetero con bajas emisiones, sería un oxímoron hablar de sostenibilidad y quemar grandes cantidades de gas", dijo Balich.

En la ceremonia participarán unas 4.800 personas, junto a cerca de 11.000 atletas que desfilarán por el legendario estadio.