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Yo le juego limpio a Colombia

La nueva agenda global trasciende la acción de los gobiernos y deja, en buena medida, en cabeza de las empresas las posibilidades de alcanzar una inserción exitosa en la economía internacional.

Las empresas deben cuidarse de atender los problemas sociales y ambientales de su entorno.

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Las empresas deben cuidarse de atender los problemas sociales y ambientales de su entorno.

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julio 10 de 2013 - 11:27 p.m.
2013-07-10

El proceso de internacionalización de la economía colombiana se materializa a través de la reducción de los aranceles y la suscripción de múltiples acuerdos de integración y tratados de libre comercio, mientras se continúa la lucha contra las restricciones no arancelarias como cuotas, subsidios y un uso a veces con criterio proteccionista de las normas técnicas o de las condiciones sanitarias y fitosanitarias de acceso a los mercados de los países desarrollados.

Sin embargo, la agenda de la internacionalización no se agota allí.

En buena medida, el proceso de globalización de la economía mundial ha generado el surgimiento de nuevos valores que han adquirido relevancia en las relaciones económicas, políticas y sociales: La necesidad de que los niños dejen el trabajo y regresen a la escuela y a los campos de deportes; la tolerancia con las diferencias religiosas y la necesidad de otorgar trato igual a las minorías étnicas; la vigencia de asegurar la equidad de género y la urgencia de asegurar la sostenibilidad de los recursos naturales; constituyen una nueva agenda que condiciona y determina la inserción exitosa en la economía global.

Muchos de esos nuevos valores se han concentrado en la Responsabilidad Social Empresarial, pues aun cuando se presume voluntaria, su cumplimiento se hace indispensable en la gestión empresarial.

A nivel global, se han desarrollado diversas iniciativas que propenden por el cumplimiento por parte de las empresas de ciertos estándares mínimos respecto a temas como la protección del medio ambiente, los derechos humanos, los derechos laborales, la lucha contra la corrupción y por la gestión transparente, la gestión de la cadena productiva incluyendo a los proveedores externos de las empresas, la consulta con las comunidades del entorno de las operaciones y con los grupos de interés, así como el acceso a fuentes de financiación condicionados al cumplimiento de determinados estándares sociales, laborales y ambientales.

En esta nueva perspectiva, ya no se considera que el objetivo de la empresa sea exclusivamente generar utilidades sin ninguna otra consideración, sino que la empresa debe cuidarse de atender los problemas sociales y ambientales de su entorno de acción y las inquietudes globales acerca de la sostenibilidad del planeta.

Pero, más allá del cumplimiento del marco legal y del respeto de los derechos universalmente reconocidos, el incumplimiento de otros parámetros, como la trazabilidad de los productos, las certificaciones ambientales, el respeto a la propiedad intelectual, la aplicación de normas de gestión de la calidad de los productos, la adopción de códigos de conducta, así como la no atención a las preocupaciones de los consumidores, los sindicatos y demás actores sociales pueden convertirse en barreras de acceso a los mercados, con las implicaciones en términos económicos, competitivos y de reputación corporativa que esto conlleva.

Como se puede ver, la nueva agenda global trasciende la acción de los gobiernos y deja, en buena medida, en cabeza de las empresas las posibilidades de alcanzar una inserción exitosa en la economía internacional.

Para las empresas colombianas, el cumplimiento de esta nueva agenda global podría resumirse en una frase: “Yo le juego limpio a Colombia”, con la cual no solamente se afirma el cumplimiento de los nuevos valores, sino que se reafirma la adopción de una conducta que nos permite ser ciudadanos del mundo.

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