La mamá biónica

Tecnología que busca que los bebés prematuros salgan antes de la incubadora.

En la imagen el dispositivo instalado en una incubadora preparada para este programa  de Babybe.

Archivo particular

En la imagen el dispositivo instalado en una incubadora preparada para este programa de Babybe.

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noviembre 07 de 2014 - 12:14 a.m.
2014-11-07

La incubadora neonatal es un habitáculo de cristal que recrea unas condiciones similares a las del útero materno y que se utiliza para el cuidado de recién nacidos prematuros. Dentro de poco pueden ir desapareciendo gracias al desarrollo de un ‘nido artificial’ donde les acompañará una ‘mamá biónica’, que estará en íntimo contacto con su frágil cuerpecito.

Se trata del sistema ‘Babybe’, un colchón equipado con una tecnología que mantiene a las madres y sus bebés conectados durante la incubación artificial del recién nacido, según explican sus creadores.

La Asociación Mundial de Educadores Infantiles, AMEI-WAECE afirma que las incubadoras conforman un sistema que regula la humedad y la concentración de oxígeno, para garantizar que el bebé oxigene sus tejidos y cerebro; controla la temperatura, para evitar que el niño se enfríe; y garantiza las condiciones higiénicas, para aislarlo de los gérmenes y prevenir infecciones.

Según Babybe, el sistema que han desarrollado “proporciona al bebé información háptica, es decir sensaciones táctiles y sonoras, en tiempo real, consiguiendo que el ambiente dentro de la incubadora sea menos estresante para el niño y posibilitando que la madre desarrolle un papel activo en el cuidado del recién nacido”.

Este efecto se consigue recopilando algunos signos del cuerpo de la madre, como sus latido del corazón, respiración y voz, a través de una bolsa sensora ponible, que se coloca sobre el pecho de la mujer: una bolsa con el aspecto y tamaño de una tortuga, que puede sostenerse contra el torso femenino, mediante unas cintas de ajuste como si fuera un pequeña mochila.

Este primer componente del sistema, técnicamente llamado ‘módulo materno tortuga’ o MMT, trasmite de forma inalámbrica las señales corporales de la madre al segundo componente: el módulo de control de la cuna o CMC, una caja equipada con programas informáticos y microprocesadores electrónicos, que traducen los datos recibidos en otras señales.

COLCHÓN CON ‘VIDA PROPIA’

Las señales salientes del CMC, que son neumáticas, es decir aire insuflado, llegan a través de unos tubos el tercer componente del Babybe: el colchón biónico o BM que emula el pecho la madre en todos sus matices y dentro del cual descansa el bebé.

El aire bombeado desde el CMC llega a las distintas vejigas situadas dentro del BM las cuales, al expandirse y contraerse a distintos ritmos e intensidades, producen una serie de movimientos y estímulos táctiles, que emulan los producidos por el pecho de la madre y entran en contacto con el cuerpo del bebé.

La voz de la madre se envía a unos altavoces que la difunden simulando la dirección desde donde vendría el sonido si el bebé estuviera sobre el pecho de su mamá, y estos altavoces se ubican en la banda lateral del colchón, donde también hay unas cavidades para alojar las toallas usadas por la madre y así llevar el olor materno hasta la incubadora, según Babybe.

La disposición de estas cavidades está relacionada con los senos maternos, para que el bebé, más tarde, pueda asociar la fuente del olor con la fuente de comida, es decir la lactancia.

Por otra parte, la bolsa sensora también tiene una pantalla que proporciona información sobre el estado de salud del bebé.

EFE