Un mundo sin carros

El sistema automovilístico, heredado del siglo XX, está destinado a ser rediseñado.

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mayo 09 de 2011 - 01:25 a.m.
2011-05-09

 

¿Qué pasará cuando se acabe el petróleo; cuando los cambios climáticos producidos por las emisiones de dióxido de carbono causen un flujo de inmigración desde el sur pobre hacia las ciudades del rico norte; cuando la urbanización lleve a una escasez de energía y recursos, y cuando la gente del mundo tenga que encontrar un medio transporte que no sea el carro del siglo XX?

Esta no es una película de catástrofes hollywoodiense, sino la incómoda realidad que puede manifestarse para generaciones futuras, según dos expertos de la Universidad de Lancaster (Reino Unido): Kingsley Dennis, investigador asociado de la universidad, y John Urry, catedrático de Sociología, que han publicado el libro Un mundo sin coches.

La obra es una reflexión que incluye tres escenarios futuros concretos sobre cómo la gente vivirá y se moverá cuando ya no se pueda contar con los medios de transporte del siglo pasado.

Las tres situaciones hipotéticas suceden para el 2050, y tienen su origen en un programa de prospectiva elaborado por el departamento de Comercio e Industria británico del 2006 llamado ‘Intelligent Infrastructure Futures The Scenarios–Towards 2055’.

En el primer escenario, llamado “la sostenibilidad local”, la gente ya vive en comunidades autosuficientes y probablemente semiaisladas.

Los desplazamientos de larga distancia son poco comunes por la escasez de petróleo y recursos, y el automóvil un lujo parcialmente reemplazado por otros medios de transporte para desplazamientos locales.

Si el segundo escenario se hace realidad, se producirá un brusco descenso en el nivel de vida, según los expertos.

Instalados ya en un “caudillismo regional”, el único sitio seguro será en las fortalezas construidas en las naciones ricas para distanciarse de las pobres, y los viajes de larga distancia serán demasiado peligrosos, como consecuencia de las continuas luchas entre regiones para el control del agua, el gas y el petróleo.

Los coches serán versiones oxidadas de décadas anteriores.

Si se realizara el tercer escenario, dominado por “redes digitales de control”, habrá un sistema postautomovilístico en pleno funcionamiento con una mezcla de vehículos híbridos y transporte de masas, basados en tecnologías muy avanzadas, que registrarían a cada persona y sus movimientos.

Urry y Dennos subrayan que el escenario tercero es el preferible, sin embargo, desgraciadamente no es el más probable.
Un cambio de modelo
 En el libro, los autores sostienen que el sistema automovilístico, tal y como lo conocemos desde el siglo XX, está destinado a ser reorganizado antes de que acabe este siglo, y que deberá surgir un nuevo sistema.
Una serie de cambios en las tecnologías, en la política, en la economía y en las sociedades alrededor del mundo son necesarios para poder hacer realidad este nuevo régimen, y fuerzas “muy poderosas” socavan el antiguo sistema del automóvil, dicen.
Dennos y Urry afirman que combustibles alternativos (del tipo hidrógeno o biocombustibles), nuevos materiales, automóviles inteligentes, políticas de transporte postautomovilísticas y nuevas pautas de vida y trabajo pueden llegar a ser los pilares a de un nuevo sistema de vehículos.
Pero quedan obstáculos para que se realice tal cambio de régimen. Los autores sostienen que la vida en el futuro puede llegar a ser hasta “desagradable, brutal, solitaria y corta” cuando llegan las consecuencias de la vida actual.

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