Museo Nacional: una celda con la historia del país

Sus frías y húmedas celdas alguna vez fueron testigo de tortura a delincuentes y presos políticos.

Sobre las celdas del antiguo centro penitenciario hoy se exhiben cuadros

Archivo Portafolio.co

Sobre las celdas del antiguo centro penitenciario hoy se exhiben cuadros

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octubre 04 de 2012 - 11:26 p.m.
2012-10-04

Muchas de sus rejas son las mismas que impedían a los reos escapar y el frío que atraviesa sus gruesas paredes no es solo por la arquitectura pétrea, de diseño europeo, sino por la soledad de las personas que sufrieron allí.

Sobre estas celdas hoy se exhiben cuadros, fotografías, esculturas y documentos de gran valor histórico.

El Centro Penitenciario de Cundinamarca, departamento cuya capital es Bogotá, se levantó en el año 1874 bajo los diseños del danés Thomas Reed. En sus inicios fue un centro de castigo para los presos, algunos de ellos de carácter político.

Años más tarde, su nombre cambió por el Panóptico de Bogotá, debido al diseño de su construcción, ya que toda su parte interior se puede ver desde un solo punto.

“Fue un lugar tortuoso: había cámaras de confinamiento, en las que ni el peor delincuente de la época aguantaba más de cinco minutos, y hornos donde encerraban a los reos, no para quemarlos, sino para que el frío que hacía allí les penetrara los huesos, era algo inhumano”, cuenta Francisco Guerrero, guía especializado del Museo Nacional .

Además, el “hacinamiento era gigantesco, pues en habitáculos para unas 200 personas eran encerradas más de 800, lo que claramente generaba problemas sanitarios.

Solo existía un baño para los presos y los malos olores se alcanzaban a percibir en la Carrera Séptima”, agrega Guerrero.

En contraste, había una capilla para acercarse a Dios.

Tiempo después, las cosas fueron cambiando, en razón de la renovación de los directores del centro penitenciario y, sobre todo, por la preocupación de algunos políticos sobre el maltrato a los presos.

DE PRISIÓN A MUSEO

Fue en 1948 cuando se rompieron los candados, se abrieron las celdas y el Panóptico de Bogotá dejó de ser un centro de reclusión para dar paso a un encuentro con la historia, mientras los reclusos fueron enviados a La Picota.

Ahora, en esas celdas lucen diferentes objetos de valor histórico, muchos de ellos relacionados con la historia de violencia que ha vivido el país.

El museo consta de tres pisos y existen salas de exhibición permanentes, temporales, itinerantes, virtuales, iconográficas sobre el pasado, presente y futuro de Colombia.

El primer piso es un viaje por la Colombia prehispánica.

Hay vestigios encontrados a lo largo del Magdalena.

También se encuentra la Tumba del Altiplano Nariñense, donde se observan enterramientos de los caciques del siglo XIII con piezas típicas de esta región.

En definitiva, una colección que muestra la gran diversidad cultural de las antiguas sociedades que habitaban lo que hoy es Colombia, acompañada de información que permite conocer las prácticas de momificación que se usaron entre los años 470 hasta el 1750.

En otra sala, llamada “¿Encuentro o confrontación?”, el visitante se adentra a lo que fue la Conquista española y puede contemplar una recolección de figuras, pinturas y documentos de aquella época.

En el segundo piso se encuentra una bóveda de platería, lo relativo al Nuevo Reino de Granada y las salas dedicadas a los fundadores de la República, el periodo de emancipación, el federalismo y el centralismo, así como adquisiciones recientes sobre esta temática.

El tercer y último piso alberga los espacios dedicados a la República de Colombia, y documentos y artefactos que explican la evolución política e ideológica.

En definitiva, el lugar que antaño acogía a más de mil reclusos, hoy es una fuente de conocimiento.