Los nobeles de lujo que visitan Bogotá durante la feria del libro: Naipaul y Coetzee

¿Qué tienen en común este par de titanes, aparte de su irrefragable calidad literaria? Se diría que poetizar el sino trágico de sus culturas.

Coetzee

J. M. Coetzee, premio nobel 2003.

JAIME MORENO

POR:
Portafolio
abril 25 de 2017 - 01:11 p.m.
2017-04-25

Bien sea por coincidencia o por una suerte de justicia poética, dos de los mejores escritores del mundo, ambos con premio Nobel entre pecho y espalda, llegan a la Filbo de este año. Es un feliz acontecimiento literario, tal vez irrepetible. ¿Qué tienen en común este par de titanes, aparte de su irrefragable calidad literaria? Se diría que poetizar el sino trágico de sus respectivas culturas; volver literatura lo que es carencia, dolor y pobreza. Ello en Sudáfrica, en el caso de J. M. Coetzee, y en Trinidad y la India, en el caso de V. S. Naipaul.

TESTIGO LITERARIO DE SUDÁFRICA


Intentemos un retrato de Coetzee. Que dizque es huraño y aislado y no concede entrevistas: “No disfruto de estas entrevistas”.

Este genio nacido en Ciudad del Cabo, o, mejor dicho, en la cola del mundo en 1940, se dedica a producir obras en las que no cabe una desgracia más, y a enseñar literatura y lingüística.

Al leer su relato autobiográfico Infancia (1997) nos damos cuenta de que no la tuvo fácil. Coetzee lo narra en tercera persona, quizá para dar apariencia de ficción o para ver su propia vida como testigo que escribe con objetividad. Se trata de un pequeño periodo entre los diez y los catorce años, vividos en Worsester y en Ciudad del Cabo.

De muy malas relaciones con su padre, quien era alcohólico y llevó una vida crapulosa tras haber sido militar, contador y abogado. Con su madre llevaba una relación calmada, basada en el control de los sentimientos y el miedo a la soledad:

“No le encuentra sentido al amor. Cuando los hombres y las mujeres se besan en las películas, y se escucha de fondo el sonido apagado y dulzón de los violines, él se revuelve en el asiento. Se promete que nunca será así: blandengue y tontarrón”.

Se educó en medio de la intolerancia racial, política y religiosa, en ciudades en las que los no católicos no tenían ninguna aceptación y donde separaban colegios para solo ingleses o solo afrikáneres, dos culturas que despreciaban la negritud. Era hipocondriaco y el más desaplicado del curso, que de cada cuatro clases asistía a una; pero sacaba siempre las mejores notas. En su libro Verano (2009) se describe como un individuo insípido, frío (un “hombre de madera”), rústico en su trato con las mujeres; desaliñado y atolondrado.

En su más reciente novela, Los días de Jesús en la escuela (2017), Coetzee sigue mostrando el atraso en las provincias sudafricanas y la precariedad, tanto de la educación como del orden jurídico, y, algo muy inquietante, la forma tan gratuita como alguien se puede convertir en asesino.

¿Y DE NAIPAUL QUÉ?


La vida y la obra de Vidiadhar Surajprasad Naipaul son una convergencia de culturas. ¿Es este escritor, que recita cualquier capítulo de El lazarillo de Tormes, caribeño, inglés o indio? Es caribeño porque nació en Trinidad en 1932. Inglés porque desde 1950 se radicó en Inglaterra y su obra se publica originalmente en inglés; pero mucho tiene también de indio, porque sus antecesores llegaron de la India para trabajar en las plantaciones de caña de Trinidad, y es indio, además, por su nombre, su tez y una cierta expresión melancólica que lo caracteriza. Dado que escribe sobre o desde estas tres culturas, Naipaul es el escritor de la multiculturalidad, para el que la experiencia cotidiana (teñida de sufrimiento) de un individuo cualquiera (por ejemplo, un “sanador místico”, o un hombre anodino como Mr. Biswas) da para escribir una novela. Son muchas las páginas en las que se puede apreciar una poetización y una especie de celebración de la pobreza, para lo cual el respectivo narrador cuida mucho los detalles, siempre con ese prurito del autor, de “no hermosear nada”.

En su obra más conocida, Una casa para el señor Biswas (1999), Naipaul parece formularnos estos interrogantes: ¿Qué pasó con los inmigrantes indios en Trinidad después de la independencia de la India? ¿Qué significa nacer en el seno de una familia mitad india, mitad trinitense, en la que se habla hindi revuelto con inglés, y se practica un brahmanismo mezclado con catolicismo? ¿Qué significa compartir la vida con una familia descomunalmente numerosa, en la que ni se sabe quién es hijo, hermano, primo, sobrino o tío de quién, pero con la que se comparte una pobreza casi mística, casi elevada a la categoría de virtud?

Al pobre señor Biswas nunca se le ocurrió que no se casaba con una mujer sino con una familia entera, que para todo actuaba en gavilla; que una vez que se fijó en Shama, había caído en una trampa.

La más reciente publicación de Naipaul en nuestro idioma es Una zona de oscuridad (2015), perfecto complemento de India una civilización herida (1999). Se trata de un recorrido por Madrás, Delhi, Bombay y Cachemira, mostrando los alucinantes contrastes sociales motivados por las castas, y la desidia que impide cualquier forma de progreso en ese subcontinente en el que, con tal de tener motivo para pedir limosna, un padre puede dejar ciego a un hijo.

A Coetzee y a Naipaul, dos titanes de la literatura, ¡gracias por sus libros!, ¡gracias por estar en la FILBo!

Jorge Iván Parra
Crítico literario y profesor de la maestría de Literatura de la Universidad Santo Tomás y de la U. Distrital.
Especial para EL TIEMPO




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