El negocio de Leonardo Di Caprio es una isla

La estrella de cine cumple su sueño de construir un centro turístico ecológico . Cayo Sumba se apegará al ‘Desafío de Construcción de Vida’ con estrictas normas ambientales, de autosuficiencia energética y de agua.

El negocio de Leonardo Di Caprio es una isla

Archivo particular

El negocio de Leonardo Di Caprio es una isla

Tendencias
POR:
abril 24 de 2015 - 10:36 p.m.
2015-04-24

En lo que podría ser su papel principal de más alto impacto hasta ahora, el actor Leonardo DiCaprio, nominado al Oscar por ‘Wolf of Wall Street’, está planeando sanar a una isla.

Bien conocido por su activismo ambiental, compró Cayo Sumba, 42 hectáreas de tierras silvestres y despobladas frente a la costa de Belice, con un socio, poco después de que puso pie en el país hace una década.

“Era como el cielo en la tierra”, dijo, hablando vía telefónica desde Los Ángeles. “Y casi de inmediato, encontré la oportunidad de comprar una isla ahí”.

Ahora, DiCaprio se ha unido a Paul Scialla, el director ejecutivo de Delos, un desarrollador radicado en la Ciudad de Nueva York, para crear un centro turístico con conciencia ecológica allí.

Cuando abra a los huéspedes en el 2018, “Cayo Sumba, una Isla Revitalizante” incluirá las comodidades de muchos centros turísticos de lujo, con extensas villas, piscinas infinitas y asombrosas vistas del atardecer.

Pero el término ‘Revitalizante’ en el título se refiere no solo al impacto que la isla pudiera tener en los visitantes, sino a la isla misma. Cayo Sumba ha sufrido por la pesca excesiva, una línea costera en erosión y la deforestación de sus manglares, y los socios pretenden poner de nuevo las cosas en orden.

Cayo Sumba está a 45 minutos en barco desde el Aeropuerto Internacional Philip S.W. Goldson en la Ciudad de Belice y a 15 minutos en barco desde San Pedro, la ciudad grande más cercana. La isla ha sido usada durante cientos de años, según Juan Rovalo, un biólogo que encabeza a un equipo de científicos que estudian el cayo.

Era un sitio popular entre los pescadores, quienes hacían escala en su camino hacia los mercados en México y cortaban los manglares, usando la madera para las hogueras en las cuales ahumaban su pesca y los moluscos que recogían del arrecife, dejando en la isla miles de conchas vacías. Más recientemente, dijo, las anteriormente abundantes palmeras de la isla han sido desenterradas y usadas para decorar los terrenos de hoteles en San Pedro.

Las villas para los huéspedes en Cayo Sumba serán construidas encima de una enorme plataforma que se extiende en un arco sobre el agua, con arrecifes artificiales y refugios pesqueros debajo. Un vivero en la isla cultivará pasto marino nativo para apoyar a un área de conservación de manatíes, y se replantarán manglares, ree¦mplazando a especies invasivas. Un equipo de diseñadores, científicos, ingenieros y arquitectos paisajistas, algunos de los cuales pasaron más de 18 meses estudiando Cayo Sumba, monitoreará el impacto del centro turístico sobre el entorno.

“El foco de atención es hacer algo que cambie al mundo”, dijo DiCaprio. “No podía haber ido a Belice y construido en una isla y hecho algo así, si no fuera por la idea de que pudiera ser vanguardista en el movimiento ambiental”.

AMOR A PRIMERA VISTA

Un ávido buzo, DiCaprio visitó Belice por primera vez en el 2005 para nadar en su arrecife de coral. “Tan pronto como llegué ahí, me enamoré”, dijo DiCaprio.

“Belice es verdaderamente único. Tiene el segundo sistema de arrecife de coral más grande del mundo, y posee algunos de los ejemplares de la vida marina más biodiversa, como la población de manatíes y casi todas las especies de peces que uno pueda imaginar. Además, están los templos mayas y la cultura”.

Pronto compró Cayo Sumba por 1.75 millones de dólares con Jeff Gram, el dueño del Cayo Espanto Island Resort, un sitio vacacional de lujo en otra isla privada en Belice, donde los precios en abril para dos huéspedes oscilaban entre 1.695 y 2.295 dólares por noche, según su sitio web.

Gram dijo que aportaría su experiencia en ser dueño y operador de centros turísticos isleños a la nueva aventura. “Creo que será una isla privada increíble, que establecerá la referencia para todos los futuros desarrollos isleños”.

Restorative Island LLC, que es propiedad de Scialla, construirá el centro turístico en Cayo Sumba, y Restorative Hospitality, una división de Delos, será su operador.

Fundado por Scialla cuando era socio de Goldman Sachs, Delos es bien conocido por su desarrollo centrado en la salud en el número 66 de East 11th Street en Nueva York. El condominio de cinco unidades, donde un penthouse está en el mercado en 39.8 millones de dólares, tiene varias características diseñadas para alentar la buena salud, incluidas duchas enriquecidas con vitamina C, cocinas equipadas con estaciones de elaboración de jugos e iluminación diseñada para promover un sueño profundo.

DiCaprio forma parte del consejo asesor de Delos, junto con Deepak Chopra, el gurú del mejoramiento personal; Richard A. Gephardt, el exrepresentante estadounidense de Missouri, y médicos de la Clínica Mayo y la Clínica Cleveland.

DiCaprio, que forma parte de los consejos de varias organizaciones sin fines de lucro, incluido el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF, por su sigla en inglés), fue uno de los primeros inversionistas en Delos. También es dueño de un departamento en el 66 de East 11th, el cual renta.

“Nos estamos presionando unos a otros para probar los límites de lo que es posible”, dijo DiCaprio sobre su asociación con Scialla y el principal arquitecto y diseñador, Jason F. McLennan.

ENTRE ARRECIFES Y MANGLARES

Belice, que tiene apenas 341.000 habitantes, según el World Factbook de la CIA, es altamente dependiente del ecoturismo. El turismo asociado con el arrecife de coral y los manglares contribuyó con hasta 196 millones de dólares a su economía nacional, o aproximadamente 15 % de su producto interno bruto en el 2007, según el Instituto de Recursos Mundiales.

Sin embargo, Belice no ha disfrutado de las mismas protecciones ambientales que países como Costa Rica, que fue uno de los primeros en capitalizar el ecoturismo.

Julie Satow

The New York Times