Niños y la tecnología: ¿de quién es la responsabilidad?

El impacto de la tecnología en los adolescentes ha puesto a la académica en una controversia corporativa.

Niños y tecnología

Los que más tiempo pasan ante la pantalla, tienen más tendencia a autoinflingirse daños.

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Portafolio
enero 19 de 2018 - 08:15 p.m.
2018-01-19

Hace cinco años, Jean Twenge, una psicóloga estadounidense que estudia las diferencias generacionales, comenzó a notar cambios repentinos en las grandes encuestas nacionales de adolescentes. Las tasas de suicidio, especialmente entre las adolescentes, se disparaban, las admisiones a las salas de emergencias por daños autoinfligidos aumentaban rápidamente, y la cantidad de tiempo que los adolescentes pasaban con sus amigos disminuía dramáticamente.

En sus muchos años investigando las diferencias culturales que definen las generaciones, ella nunca había visto cambios tan bruscos.

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¿Qué estaba causando este problema de salud mental? La respuesta no se encontraba en el ciclo económico o en el cambiante mercado laboral, sino en el tiempo cada vez mayor que los adolescentes pasaban frente a las pantallas. Según su investigación, los adolescentes que pasaban cinco horas o más al día en dispositivos electrónicos tenían un 66% más de probabilidades de tener un factor de riesgo de suicidio que los que pasaban menos de una hora.

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El impacto de la tecnología en los adolescentes, sobre la cual la profesora Twenge escribe en su libro iGen, ha puesto a la académica en una controversia corporativa. La semana pasada, su trabajo fue citado por dos accionistas de Apple, quienes le pidieron al fabricante del iPhone que estudiara el impacto del uso de teléfonos inteligentes en el desarrollo infantil.

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En un momento en que los titanes de la tecnología están bajo el escrutinio de los políticos y luchan contra los llamados a una mayor supervisión regulatoria, ninguna compañía puede ignorar las preocupaciones sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. La respuesta de Apple fue que siempre ha tenido en cuenta a los niños, pero también que estaba trabajando en algunas funciones que proporcionarían nuevas herramientas.

Aunque algunos podrán estar en desacuerdo con las conclusiones exactas de la profesora Twenge (otros estudios muestran una correlación similar, mientras que otros no coinciden), pocos dudamos que el uso excesivo de los aparatos electrónicos sea dañino para las mentes de los jóvenes. Admiramos a los niños cuando demuestran nuevos trucos en un iPad o navegan en un teléfono inteligente mejor que los adultos; pero también batallamos para contener el uso de los dispositivos. Más de una vez he atrapado a mi hijo de ocho años con el iPad — prohibido los días laborables — debajo de su almohada.

Sin embargo, la pregunta relevante tiene que ver con la responsabilidad: ¿por qué es éste el problema de Apple? ¿Por qué culpar a la compañía cuando las aplicaciones y las plataformas de medios sociales en sus dispositivos son las que causan adicción o aumentan el riesgo de acoso cibernético?

Cuando le digo esto a la profesora Twenge, ella asegura que le sorprende la pregunta. A Apple le conviene ayudar a los padres, argumenta, particularmente cuando el iPhone tiene la mayor cuota de mercado entre los adolescentes estadounidenses.

El efecto en la salud mental no sólo está relacionado con el tiempo que pasan frente a la pantalla, señala ella. “El tiempo ante la pantalla implica menos tiempo para dormir y menos tiempo para los amigos, y el sueño y los amigos son muy importantes para la salud mental”, afirma. “Dado que los teléfonos inteligentes son portátiles, es más probable que aumenten el tiempo que los adolescentes pasan en línea y en las redes sociales, y pueden llevarse al dormitorio e interferir con el sueño”.

Hay aplicaciones que se pueden descargar para limitar el tiempo y las actividades en un teléfono inteligente, pero suelen ser tan complicadas que los padres a menudo se dan por vencidos. Sería mucho más fácil si los teléfonos pudieran configurarse de una manera que permita monitorear más de cerca el tiempo ante la pantalla y las aplicaciones.

Aunque el alcance de la responsabilidad de Apple aquí es discutible — ayudaría, por ejemplo, si las escuelas prohibieran totalmente los teléfonos inteligentes — la oportunidad de negocio es clara.

Como dice la profesora Twenge, a Apple le importa poco si sus dispositivos se utilizan durante una o diez horas al día, por lo que si se controlan con más cuidado, cada vez más padres estarán dispuestos a comprar los iPhone para sus niños.

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