Nueva York tiene nostalgia de la música latina

Un viaje a la historia de los lugares que fueron hito en la edad de oro del mambo y otros ritmos.

Las bandas y músicos de salsa, son cubano y mambo eran los reyes de la época.

Archivo Particular

Las bandas y músicos de salsa, son cubano y mambo eran los reyes de la época.

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septiembre 17 de 2013 - 02:48 a.m.
2013-09-17

El mundo musical de Nueva York recuerda con nostalgia la edad de oro de la música latina en la ciudad, durante la que cubanos, dominicanos y puertorriqueños tuvieron un protagonismo indiscutible en los sonidos de la Gran Manzana, sobre todo en la década de 1950 cuando reinaban el mambo y otros ritmos latinos en los grandes salones, gracias a orquestas como la de Tito Puente o Machito y sus Afro-Cubans Boys, y a la inolvidable Celia Cruz.

EL BRONX, CUNA DE SALONES DE BAILE

Para esa época, Nueva York contaba con gran número de salones de baile, tanto en la zona metropolitana de Manhattan como en El Bronx, donde se había radicado también una gran comunidad puertorriqueña, especialmente en el sur de ese barrio.

Entre esos muchos salones, The Conga, Park Plaza o Birdland, hay que destacar el gran Palladium, que entre 1948 y 1966 fue la meca de los clubes de baile de música latina, y no solo para los hispanos, y que llegó a ser conocido como ‘la casa del mambo’ durante la efervescencia de la ‘mambomanía’.

Allí tocaban las orquestas del momento: la del puertorriqueño Tito Rodríguez, la de Tito Puente, que nació y creció en El Barrio, hijo de puertorriqueños, y la del cubano Frank ‘Machito’ Grillo, quienes fueron figuras claves en la historia de la música popular, y que compartían escenario con frecuencia con figuras del jazz como Cal Tjader o Dizzy Gillespie.

Hay que destacar además la presencia en Nueva York, en esa época, de los también cubanos Arsenio Rodríguez; que se presentaba en clubes en El Barrio y El Bronx, donde se desarrolló otra cultura musical, y Mon Rivera; y al puertorriqueño Cortijo y su Combo, con su vocalista Ismael Rivera ‘El sonero mayor’, quienes trajeron a la Gran Manzana el sonido de la bomba del folclor puertorriqueño, así como el de la guaracha.

En esa época se escuchó también el merengue, de la mano de Ángel Veloria, que lo llevó al Palaldium, un club que era más visitado por puertorriqueños cuando se presentaban Cortijo, Veloria o Mon Rivera, porque preferían los clubes en El Barrio, explicó la compositora, directora de su orquesta y también educadora Aurora Flores.

“Yo tenía unos diez años y recuerdo que mi madre, que siempre se arreglaba en casa, fue ese día al salón de belleza para que la peinaran porque esa noche iría con mis tíos al Palladium porque estarían Cortijo y Maelo”, recordó.

“Si no sabías bailar latin’, como lo llamaban los afroamericanos de Harlem, no estabas en nada. Ese era el sentimiento. Si no bailabas, no gozabas”, recordó Flores.

El Bronx tenía para esa fecha más salones de baile que Manhattan, como el lujoso Hunt Point Palace, con capacidad para 2.500 personas, así como el Blue Morocco, el Royal Mansion, o el Bronx's Caravana Club -que se convirtió en ‘el hogar de la pachanga’-, el Tritons o Tropicana, en alusión al famoso salón cubano.

NO SOLO ERAN SITIOS DE BAILE, ERAN CENTROS SOCIALES Y CULTURALES

Lugares como El Hunts Point Palace, donde una noche se presentó Porfirio Rubirosa, el ‘Don Juan’ dominicano, o el Copacabana, eran verdaderos lugares de encuentro para el intercambio cultural y social de la época.

Allí, la gente acudía los fines de semana luciendo las mejores galas para la ocasión, con los hombres vestidos de chaqueta y corbata, y las mujeres con elegantes vestidos, sombreros, a veces guantes, y zapatos de tacón alto.

El baile era una especie de alivio y momento de socialización, para una comunidad que intentaba abrirse paso en un país e idioma nuevos, luchando por sobrevivir.

EFE Reportajes

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