¿Por qué los teléfonos tontos son una opción inteligente?

Los desarrolladores se han vuelto cada vez más audaces conforme intentan mantenernos conectados a nuestros ‘smartphones’.

Teléfono 3310 Nokia

Las aplicaciones están diseñadas para mantenernos conectados.

Archivo particular. 

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Portafolio
agosto 25 de 2017 - 07:23 p.m.
2017-08-25

Muchos se preguntan si podrían vivir sin Google Maps. Esta es una de las pocas aplicaciones que realmente echarían de menos si reemplazan el teléfono inteligente por uno ‘tonto’ que sólo maneja llamadas y mensajes.

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¿Por qué es esto? Porque cada vez que el usuario intenta leer un libro, termina usando el teléfono. Se convence de que necesita buscar algo en el internet, y 30 minutos más tarde, está viendo Facebook o Twitter sin ningún propósito.

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Muchos tratan de apagar el teléfono, pero lo vuelven a encender. Intentan esconder las coloridas aplicaciones en una carpeta, pero no funciona, siguen interrumpiendo para hacer algo que realmente nadie quiere hacer.

Esto no es accidental. Los desarrolladores se han vuelto cada vez más audaces conforme intentan mantenernos conectados a nuestros teléfonos inteligentes. Algunos de ellos hablan en términos de la adicción y la psicología del comportamiento, aunque la mayoría prefiere usar el término ‘tecnología persuasiva’. En sí misma, la tecnología persuasiva no es una idea nueva; el académico BJ Fogg ha estado dando clases en un ‘laboratorio de tecnología persuasiva’ en Stanford desde fines de los años noventa.

Pero a medida que la propiedad de teléfonos inteligentes se ha disparado y han nacido los sitios de medios sociales, la tecnología persuasiva ha ampliado enormemente su alcance.

La compañía Dopamine Labs ofrece un servicio a las empresas de tecnología que quieren “mantener involucrados a los usuarios”. Fundada por dos neurocientíficos convertidos en programadores, habla explícitamente sobre el uso de la inteligencia artificial para modificar aplicaciones y liberar dopamina para “sorprender y enganchar”. En otras palabras, en caso de que no sea suficientemente aterrador: los robots están tratando de alterar la química cerebral para que se pase más tiempo haciendo algo que no se quiere hacer.

Sin embargo, Dopamine Labs es una compañía interesante, porque también ofrece un servicio de antídoto: una aplicación que intenta ayudar a los usuarios a recuperar el control. El fundador, Ramsay Brown, afirma que quiere que la gente entienda que “sus pensamientos y sentimientos se están considerando como cosas que pueden ser controladas y diseñadas”.

Él piensa que deberíamos hablar más sobre el poder persuasivo de las tecnologías que se están utilizando. “Creemos que todos tienen derecho a la libertad cognitiva, y a desarrollar el tipo de cerebro con el que quieren vivir”, destaca.

Space, la aplicación de Dopamine Labs, está inspirada en la idea de que la tecnología nos puede ayudar a cambiar la forma en que la usamos, alentándonos a resistir la tentación del teléfono inteligente y pasar nuestro tiempo en línea de manera más productiva.

El sector de la tecnología ofrece dos formas para ayudarnos a recuperar el control. Space opta por el enfoque ‘contemplativo’, pidiéndonos que respiremos lentamente durante unos segundos antes de cargar una aplicación. La otra alternativa es parar en seco, lo cual puede parecer atractivo, aunque tiene problemas prácticos obvios.

El principal representante del movimiento de resistencia en contra de las aplicaciones adictivas es Tristan Harris, el exeticista del diseño de Google. Él cree que los que realmente tienen el poder para cambiar el sistema son los suministradores de hardware, no los diseñadores de aplicaciones.

En 2014, Harris fundó Time Well Spent (Tiempo bien empleado), que se dedica a promover prácticas de diseño ético entre los desarrolladores. Él habla sobre el hackeo de nuestros cerebros, lo cual parece una exageración, hasta que recuerdas Dopamine Labs.

Cualquier empresa de tecnología que depende de ingresos publicitarios tiene el incentivo de mantener a sus usuarios en línea el mayor tiempo posible, dice Harris. Esto significa que las aplicaciones están diseñadas para mantenernos conectados. Apple, por el contrario, quiere vender teléfonos, pero sus fuentes de ingresos no están tan correlacionadas con la cantidad de tiempo que sus clientes pasan en línea.

Harris espera que compañías como Apple puedan usar su influencia para impulsar la creación de aplicaciones más éticamente diseñadas.

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