La práctica hace discursos perfectos

En vez de tratar de atraer la atención de la gente con una gran campaña de mercadotecnia, sería mucho más barato y efectivo que yo mismo ocupara los titulares.

POR:
febrero 02 de 2013 - 12:32 a.m.
2013-02-02

Mi mayor temor es hablar en público porque regularmente empiezo a temblar o a tartamudear, o en ocasiones no puedo hablar para nada. ¿Cómo puedo superar mi miedo?
Rispa/Kenia

Rispa, no eres la única. El escritor Mark Twain, que sabía una o dos cosas sobre pronunciar un buen discurso, dijo: “Hay solo dos tipos de oradores en el mundo: 1) los nerviosos y 2) los mentirosos”.

Si te preocupa hablar en público, trata de buscar videos de algunos de mis primeros esfuerzos en línea; ¡confío en que tú lo hagas mejor, comparación! Agradezco en que no haya imágenes de la primera vez que hablé en público.
Cuando mi primera empresa, la revista Student, empezó a ganar reconocimiento, en ocasiones me pidieron que hablara en reuniones.

El primer acto que pudiera haber sido considerado de alto perfil fue en University College, Londres, para un canal de televisión alemán.

Antes de que llegara mi turno de subir al escenario, el líder estudiantil Danny Cohn-Bendit y el activista Tariq Ali ofrecieron discursos excepcionales sobre los derechos humanos. 

Fueron apasionados sobre sus temas, rebosaron confianza y tuvieron el potencial intelectual para respaldar su retórica. Mientras la multitud vitoreaba y pateaba el piso, yo combatía la tentación de vomitar.

Mi mente quedó en blanco cuando tomé el micrófono. Balbuceé incoherentemente un poco antes de dejar el podio.

Fue uno de los momentos más vergonzosos de mi vida, y mi rostro estaba rojo como el logotipo de Virgin.

Unos años después, Sir Freddie Laker, uno de mis mentores más importantes y el hombre que me inspiró para entrar en la industria de las aerolíneas, me exhortó a volverme el rostro público de nuestra compañía. 

Argumentó que en vez de tratar de atraer la atención de la gente con una gran campaña de mercadotecnia, sería mucho más barato y mucho más efectivo que yo mismo ocupara los titulares; especialmente porque mi pequeña compañía estaba compitiendo contra rivales más grandes. 

Pero esto significó abordar mi problema a hablar en público. Me di cuenta de que si yo iba a ser el rostro de nuestra marca, iba a tener que hablar.

Lo que pronto aprendí fue que la práctica marcaba toda la diferencia. 

Entre más preparado estaba, menos tartamudeaba y me equivocaba. Los buenos oradores no son solo talentosos o afortunados; trabajan duro.

Empieza a practicar tu discurso con mucha anticipación en casa. 

Trata de sentirte cómoda con el material y aprender dónde deberías ser contundente y dónde deberías usar un tono más ligero.

Sobre todo, deberías prepararte para ser tú misma. A menudo cuando alguien pronuncia un discurso que fue escrito por alguien más –me vienen a la mente los políticos–, suena demasiado elegante y premeditado. 

La clave es comprender tu mensaje, ponerle tu personalidad y transmitirlo en tus propias palabras. 

Recuerda, no todos tienen un enorme vocabulario. A menudo una palabra breve funcionará mucho mejor que una larga, que quizá incluso pronunciarás mal; especialmente si sufres de dislexia, como yo.

Twain también dijo: “Regularmente me toma más de tres semanas preparar un buen discurso espontáneo”. 

Ya sea que estés preparando algunas declaraciones o solo vayas a responder las preguntas de la multitud, piensa en los temas potenciales de los que quisieras hablar, entonces escríbelos; las frases clave funcionarán. 

Ayuda tener un esquema aproximado de adónde vas a llevar un punto, para mantener el progreso de la conversación.

Luego, cuando llegue el momento de que pronuncies tu discurso en público, trata de imaginar que estás en tu sala de estar charlando con amigos. 

Selecciona a alguien en la multitud y trata de transmitirle tu argumento personalmente; encontrarás que el resto del público comprenderá también tu mensaje.

Ten en mente que no hay necesidad de apegarse rígidamente a tu guión si se presenta una tangente interesante. 

Algunos de los mejores momentos en la historia de la oratoria incluyen declaraciones improvisadas. Además, es entonces cuando más probablemente surja el humor espontáneo. 

Un buen chiste no solo ayuda a que te conectes con la multitud, también ayuda a que te relajes. Si te relajas un poco, las palabras fluirán con más soltura.

Para ser un orador público impresionante, tienes que creer en lo que estás diciendo. 

Y si hablas con convicción y eres apasionada sobre tu tema, tu público perdonará más fácilmente tus errores porque tendrán confianza en que estás diciendo la verdad.

Mis respuestas no son siempre fluidas e inmediatas, y a menudo incluyo una buena dosis de “este” y “ah”. 

Pero la mayoría de los públicos se sienten mucho más contentos con una respuesta titubeante y sincera que con una respuesta rápida, pero superficial.

Prepárate, luego tómate tu tiempo y relájate. Habla desde el corazón.  

Fundador de Virgin Group y compañías como Virgin Atlantic, Virgin America, Virgin Mobile y Virgen Active.

Siga bajando para encontrar más contenido