Río abierto: para una vida más plena

La psicóloga argentina María Adela Palcos creó hace casi medio siglo un sistema de técnicas psicocorporales que mejoran el desarrollo integral del ser humano, las practican en más de una docena de países y llegan a Colombia.

El sistema busca recuperar el sentido de la vida, transformar el pensamiento en conciencia y la conciencia en acción. Río Abiert

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El sistema busca recuperar el sentido de la vida, transformar el pensamiento en conciencia y la conciencia en acción. Río Abiert

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agosto 24 de 2015 - 03:01 a.m.
2015-08-24

A sus 84 años, María Adela es más lúcida que un joven de 30. Menuda, pausada al hablar y con una vitalidad y memoria que envidiarían muchos, viaja por el mundo desde 1976 dando conferencias y sembrando paz al difundir el sistema de técnicas psicocorporales que creó en 1966, al cual bautizó como Río Abierto y que ha ayudado a miles de personas en el mundo a alcanzar una perfecta alineación entre cuerpo, mente y espíritu.

El sistema, que se utiliza en Argentina, donde está la casa matriz, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Rusia, Uruguay y otros países desde hace años, acaba de llegar a Colombia bajo la dirección de la psicóloga María Angélica González, quien se formó en Técnicas psicocorporales para el desarrollo humano, un curso de especialización de cuatro años para la formación de los instructores de Río Abierto.

Todo “surgió primero como una necesidad mía pues me sentía por fuera de la sociedad. Mis padres eran intelectuales, librepensadores y los amigos que visitaban la casa también, pero yo los observaba y tenía la impresión de que eran como cómodas muy hermosas por fuera, pero con los cajones internos revueltos. No manejaban su sistema emocional e instintivo, todo se concentraba en el intelecto y, personalmente, sentía falta de lo que hoy llamamos espiritualidad”, dice María Adela a Portafolio.

Antes de crear Río Abierto, ella hizo un largo viaje a bordo de sí misma. Su búsqueda comenzó a los 14 años y terminó casi 21 años después. “Deambulé por centros esotéricos, espiritualistas y espiritistas de todo tipo. También estudié astrología, entre otras cosas. Era un bicho raro. No me encontraba”.

Además de derecho, trató de estudiar también para docente de inglés y literatura inglesa, pero no terminó. “La música fue lo que impidió que me volviera loca. Tenía tres tíos abogados y fui a parar a la facultad de derecho por un año. Cuando tenía 17 y estaba dando un examen, de pronto, como que desperté: ¿qué estoy haciendo aquí? Había sido llevada mecánicamente, por presión familiar”.

En eso fue en lo que, precisamente, empezamos a trabajar después en Río Abierto: es decir, sobre cómo salir de lo que hacemos inconscientemente, por lo que nos inculcaron desde la infancia, por presiones familiares o sociales y, que fue lo que nos otorgó al final una personalidad que no era la nuestra. Rótulos como el del niño o la niña “buenos”, “rebeldes”, “inteligentes”, “avispados”, etc., hacen que se asuman unos roles que forman una falsa personalidad.

El trabajo que hacemos es para que la persona pueda ser congruente, quitar los elementos que la mantienen distante de su ser interior hasta que resulte una personalidad flexible, que pueda responder a las necesidades esenciales. Solo ahí habrá paz y podremos entender a qué vinimos a este mundo, cuál es nuestra misión, pues estoy convencida de que todos los que estamos aquí somos necesarios.

Necesitamos descubrir nuestro espacio interior para que haya paz. Muchas veces se pelea con el otro porque uno se siente constreñido, pero, no es el otro, es que no hemos descubierto ese espacio, que lo tenemos todos, hasta los más pobres y miserables y nadie nos lo puede quitar. Nos pueden secuestrar, torturar, quitar bienes y seres queridos como ha sucedido en nuestros países, pero nadie puede invadir nuestro ser. El problema se presenta es cuando no superamos esos momentos difíciles y asumimos la identidad de la víctima, aunque ya estemos en un nuevo momento de nuestras vidas”, explica.

Existen testimonios de “buscadores” que sostienen que, cuando llegaron a Río Abierto, pensaban que vivían, pero que fue allí donde encontraron el sentido y dirección real de sus vidas.

Río Abierto no es una propuesta religiosa, sino espiritual. Se basa en la libertad y confianza del ser humano, pues la desconfianza genera violencia, sostiene María Adela. “Es una invitación a una vida más plena, que nos permitirá gozar de todas las posibilidades de nuestro ser y salir del círculo del miedo y la desconfianza en el que parece estar sumergida la sociedad actual”.

El sistema de técnicas que ideó busca recuperar el sentido de la vida, transformar el pensamiento en conciencia y la conciencia en acción. María Adela está convencida que las personas que la procuran son aquellos que, como ella en su momento, no están contentos con la vida que llevan.

También cree, por experiencia, que el sistema que creó necesita adaptarse a la época y a la gente. Es decir, aterrizar en lo que somos hoy. Admite que Río Abierto no es lo mismo que hace 50 años, cuando empezó, ni igual a lo que fue en las décadas del 60, 70 u 80. “En los últimos 10 años ha tenido un cambio fundamental. Hay otra apertura de las personas, más conciencia de su necesidad de algo más”

También porque el mundo y la sociedad cambiaron. “Una de las diferencias básicas es que ahora puedo decir muchas cosas abiertamente que no podía bajo las dictaduras o el peso del ramillete de tabús sociales que existían, en donde los hombres tenían que ser machos y no podían llorar, y las mujeres, sumisas, sufridas y no mostrarse inteligentes para conservar su hogar, por ejemplo”.

Tal vez, por eso, admite que Río Abierto “comenzó más bien estrecho, como un gimnasio especial donde las personas podían gritar, expresar sus emociones y decir lo que pensaban. Pero, no se trataba de ejercitar a un cuerpo autómata que solo hace ejercicio, sino que intentamos integrarlo todo: cuerpo, mente y espíritu. El gran problema que tenemos los humanos es que estamos fragmentados y, por eso, no podemos tener coherencia, ni mucho menos paz”.

Gloria Helena Rey