Servicios fúnebres en el fondo del mar

Inmemoriam ya tiene cuatro años de experiencia, pero todavía no tiene muchos clientes. Y es que descansar eternamente en el océano no es precisamente barato.

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julio 29 de 2014 - 03:59 a.m.
2014-07-29

Crear vida a partir de la muerte es el objetivo de una empresa en México que ofrece servicios fúnebres marinos, para que las cenizas del fallecido descansen flotando en una urna biodegradable o reposen eternamente en un arrecife en el fondo del mar.

A los dueños de Inmemoriam no les gustan las palabras fúnebres. Ni cripta, ni tumba, ni cementerio marino, prefieren llamar a los funerales “homenaje a la vida” y “perlas” a las bolas en las que se meten las cenizas de los fallecidos.

Así lo cuenta Francisco Bornacini, uno de los fundadores, quien está de acuerdo con el objetivo de la empresa, “la manera perfecta de despedir a un ser querido es reintegrándolo a la naturaleza y apreciando cómo esta lo convierte en vida”.

Todo surgió cuando la madre de uno de los socios le pidió que cuando muriera echara sus cenizas al mar y él no encontró ninguna forma de hacerlo de un modo elegante y simbólico. Fue entonces cuando se les ocurrió crear esta empresa, inspirada en una estadounidense, pero agregándole la sensibilidad latina, después de ver en las carencias una oportunidad de negocio.

La empresa ya tiene cuatro años de experiencia, pero todavía no tienen muchos clientes, y es que descansar eternamente en el mar no es precisamente barato. Una urna biodegradable puede costar unos 2.315 dólares y entre 3.858 y 5.400 dólares reposar en un arrecife marino.

Así, realizan “uno o dos” servicios de urnas al mes y los de arrecifes “cada cuatro o cinco meses”, explicó Bornacini. Eso sí, realizan con mucho esmero y respeto cada servicio, ya que les costó “mucho trabajo por todo el tema de los permisos”, que tuvieron que ir acompañados de numerosos estudios sobre el impacto ambiental y las especies que ahí viven.

Todos concluyeron en que no había impacto negativo, dijo Bornacini, ya que las urnas, al ser biodegradables, “no contaminan” y de las cenizas “lo que quedan son restos de calcio y carbono y en el fondo lo que hace es enriquecer la tierra”. En cuanto a los artefactos contenedores de las perlas que se instalan en el fondo marino, esperan que en un futuro sean generadores de vida convertidos en arrecifes.

Los servicios que ofrece Inmemoriam son dos: el arrecife y la urna biodegradable. En el primero, se colocan las cenizas dentro de un objeto al que llaman la perla, que es una esfera de concreto, esta se deposita en una especia de iglú que mide un metro de alto y 80 centímetros de diámetro y que tiene varios agujeros.

La otra opción es la de la urna biodegradable. En esta se alquila una embarcación que sale por lo menos tres millas a mar abierto y, tras una ceremonia, la urna va liberando las cenizas, parte de ellas se van al fondo y otras flotan, empiezan a viajar por el mar. Por ello, no se vuelve recuerdo de esa persona el lugar donde se deposita la urna, sino todo el mar.

Efe