El taxista que desafía las calles bogotanas sin manos

Es casi imposible no sentir admiración por Rigoberto Arandia, un hábil conductor que a pesar de una discapacidad congénita, aprendió a manejar un camión a los diez años.

El taxista que desafía las calles bogotanas sin manos

Archivo Particular

El taxista que desafía las calles bogotanas sin manos

POR:
enero 24 de 2014 - 11:53 a.m.
2014-01-24

Cuando se aborda el taxi de este hombre, oriundo de Algeciras, Huila, es fácil dudar de sus capacidades como conductor al notar que tiene una discapacidad congénita por la cual no posee manos. Sin embargo, al poco tiempo de arrancar, lo que estaba en tela de juicio se aclara: maneja con destreza y cuidado, se ve cómodo tras el volante.

Pero no todos se dan cuenta. Rigoberto, que se ha ganado la vida manejando 14 de sus 43 años, cuenta que también hay personas poco observadoras que solo notan su condición cuando el recorrido ha terminado y se disponen a pagar. “Los usuarios se sorprenden, pero luego me llenan de elogios”, comenta.

Sobre quién le enseñó a manejar, responde con orgullo: “fue mi papá. Él tenía un bus escalera y aprovechaba cualquier ocasión para darme la oportunidad de aprender. Se fijó que a mí me gustaba y continuó con ese proceso”.

“Me colocaba cojines en la silla y auxiliares para alcanzar el volante y los pedales. Era muy niño, tenía 10 años. En ese proceso duré como año y medio hasta que un día mi papá me dejó hacer un recorrido completo”, agrega.

En el carro, un Hyundai Atos, no tiene problemas para manipular el radioteléfono y comunicarse con la operadora. Tampoco se complica utilizando una tableta que ubicó en un parasol donde acostumbra a poner videos musicales para entretener a los ocupantes.

Rigoberto llegó a Bogotá por fuerza mayor, tenía 14 años cuando arribó a la casa de una prima que lo ayudó mientras encontraba trabajo y vivienda. “La guerrilla nos quitó la finca, la casa, el carro, todo lo que teníamos y por eso llegamos a Bogotá”.

Una vez instalado en la ciudad trabajó en la Plaza España, donde cambiaba útiles plásticos por ropa usada. Pronto tuvo la oportunidad de conducir el carro de un amigo, una camioneta Ford 350 de estacas, haciendo recorridos donde llevaba distintos productos.

Había tanto trabajo que para evitar sanciones decidió solicitar el pase. Llegó al lugar conduciendo la Ford.

“Me hicieron los exámenes correspondientes en un carro pequeño. Luego les dije que yo venía manejando un camión y fuimos a dar una vuelta en ese, pronto el sitio se llenó de curiosos para verme manejar por la pista de obstáculos”, dice con orgullo.

“La licencia me sale con una restricción que dice que tengo que utilizar aparatos ortopédicos, pero nunca los he utilizado y no los utilizaré, no los necesito. Cada vez que voy a refrendarlo, todo me sale muy bien”, añade. Con el pase listo Rigoberto ya no tenía límites para recorrer toda la ciudad sin problemas. Poco después le pidieron el favor de hacer un reemplazo manejando un taxi.

“Durante ese tiempo me hice amigo de un señor que tenía una empresa de taxis y me dijo que lo buscara si necesitaba algo, que me daba trabajo. Yo quería salir adelante y fui a donde él.”

De nuevo demostraría su habilidad al volante cuando enviaron a un supervisor para que le hiciera las pruebas correspondientes para el trabajo. Lo calificaron apto y le asignaron un carro. Desde hace seis años trabaja en horario nocturno porque dice que la noche es “más amena para trabajar”.

Casado y con dos hijas, este taxista está a la espera de que más personas crean en él para que pueda sacar su propio carro. “Quiero que alguna empresa o persona me financie, trabajando para otros es muy difícil ahorrar”, sostiene.

Rigoberto no oculta la felicidad cuando se le pregunta sobre lo que más disfruta de su trabajo. “Me gusta interactuar con las personas, uno escucha muchas historias. También siento alegría cuando sé que presté un servicio y el usuario queda satisfecho”. Y agrega: “cuando me ven manejando me llenan de halagos. Sentir ese apoyo y admiración por lo que hago me impulsa a seguir trabajando y a hacer las cosas con más agrado”.

Iván Ricardo Torres

REDACCIÓN PORTAFOLIO.CO

Siga bajando para encontrar más contenido