Tómese un aire para usar el gas

Las intoxicaciones por CO se pueden prevenir. En caso de emergencias, consulte la línea 164 de Gas Natural.

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agosto 26 de 2012 - 05:33 p.m.
2012-08-26

Que le suspendan el servicio de gas porque no ha instalado las rejillas de ventilación o porque tiene una y no dos o más, como está legalmente establecido, no debe ser motivo de disgusto e indignación. Es protección para su vida, la de su familia y sus vecinos.

Esto porque, definitivamente, es clave instalar los gasodomésticos en lugares en donde circule el aire y no haya riesgo de intoxicaciones por monóxido de carbono (CO), que suelen ser frecuentes en quienes utilizan este tipo de aparatos sin los mantenimientos o instalaciones apropiadas.

Datos de la Superintendencia de Servicios Públicos evidencian cómo el mal uso, tanto de estufas como de calentadores, puede generar problemas de salud y hasta la muerte. En los primeros seis meses del año se registraron cinco casos de intoxicación por CO, en Bogotá, afectando a 16 personas.

Aunque también dejan ver que se redujeron los accidentes por fugas (14), por incendios (10) y por explosiones (10), esto gracias a diversas estrategias, como las que lideran empresas como Gas Natural Fenosa, que desde hace unos años desarrolla la campaña ‘Despierta, el monóxido de carbono mata’.

Con ella “se ha logrado que la comunidad, en general, obtenga mayor conocimiento de los riesgos involucrados con la prestación del servicio de gas natural, lo cual deriva en procesos de precaución más eficientes, con los que se mitigan los índices de accidentalidad correspondientes al tema”.

Sin oxígeno
Para Andrés Soto, gerente de Operaciones Central de Red Gas, de Gas Natural Fenosa, lo importante es diferenciar los riesgos a los que se pueden enfrentar las personas con su instalación de gas o con sus gasodomésticos, cuando no se encuentran en óptimas condiciones. “Son dos, básicamente, la intoxicación por la inhalación de productos de combustión y el escape de gas en las residencias”.

Los escapes, que se presentan porque la perilla se deja abierta o existen algunas abolladuras, pueden terminar en una explosión o incendio. En estos casos, el olor del gas, que se presenta con concentraciones altas, es la gran ‘voz’ de alerta para actuar. 

De otra parte, hay que tener en cuenta que para hacer uso del gas es necesario quemarlo, lo que inicia el proceso de combustión, con el que se genera dióxido de carbono y vapor de agua, al igual que subproductos, como el monóxido de carbono, que aunque se encuentra en concentraciones muy pequeñas, puede llegar a ser nefasto, cuando los gasodomésticos no cuentan con las revisiones apropiadas o han sido modificados en una mala operación.

“Puede empezar a crecer con el tiempo y llegar a niveles tóxicos para quienes estén cerca. Por tanto, cuando la llama azul empiece a tener puntas amarillas y a generar bastante hollín, se convierte en uno de los principales indicadores de que se está generando CO”, dice Soto. 

Si los ambientes se vuelven pesados y la gente comienza a experimentar dolores de cabeza o jaquecas frecuentes, pueden ser indicios de ese efecto, pues se está inhalando el gas.

Alejandra Salcedo Monsalve, especialista en toxicología clínica, de la Universidad del Rosario, explica que “al entrar al organismo, el CO se adhiere a la hemoglobina y disminuye la capacidad de los glóbulos rojos para transportar oxígeno”. Entonces, aparecen síntomas, que van desde “el dolor de cabeza, fatiga, náuseas, vértigo y vómito hasta adormecimiento de extremidades, somnolencia, confusión, dificultad respiratoria, taquicardia e, incluso, la muerte. Todo depende del grado de exposición y la concentración del CO en el ambiente”.

Consulte de urgencia

Aunque cada persona reacciona diferente (hay quienes apenas tienen un mínimo contacto con el CO, ya empiezan a sentir dolor de cabeza), niños y adultos mayores tienen más riesgo de intoxicación. Dependiendo de esto y de otros factores, hay intoxicaciones leves y crónicas.

En el primer caso, a veces con solo salir a un ambiente ventilado se soluciona el problema. “ Si es severa la intoxicación, la persona está confundida, convulsiona o pierde fuerza muscular y el sentido, entra como en periodo de aletargamiento. Por eso se dice que es una muerte dulce, porque no siente que se está muriendo, sino que se está durmiendo”, dice Alejandra Salcedo, gestora de docencia e investigación Hospital Universitario Clínica San Rafael.

Entonces, se sugiere “abrir puertas y ventanas para que entre aire fresco y acudir a las líneas de emergencias públicas para solicitar ayuda especializada y a los teléfonos del sistema de emergencias de las empresas prestadoras del servicio público domiciliario”, dicen voceros de la Superintendencia de Servicios Públicos.

La idea es evitar lesiones neurológicas, secuelas como trastornos de memoria, de concentración, cambios de comportamiento o daños en el riñón, que es un órgano muy sensible y necesita siempre suficiente cantidad de sangre y oxígeno. 

Marisol Ortega y Claudia Garcés / Redactoras de CEET

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