Veinte siglos de historia en peligro

La guerra civil en Siria amenaza la supervivencia de joyas arqueológicas.

Impacto de un misil sirio en combates en mayo de 2015 en Palmira

Archivo particular

Impacto de un misil sirio en combates en mayo de 2015 en Palmira

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septiembre 01 de 2015 - 04:57 a.m.
2015-09-01

En los últimos años ataques de extremistas han arrasado joyas arqueológicas, históricas y culturales como los budas gigantes de Bamiyán (Afganistán), los mausoleos de Tombuctú (Malí) o el Museo Nacional de Kabul (Irak), donde destrozaron a martillazos alrededor de 2.500 piezas que quedaban en el edificio, ya parcialmente destruido.

Los yihadistas del Estado Islámico (EI) destruyeron también en Mosul (Irak) decenas de estatuas de la época asiria (siglos VIII y VII a.C), cuya cultura habitó el norte de Mesopotamia.

Y Siria, un país inmerso en una cruenta guerra civil que dura ya cuatro años y que ha causado más de 200.000 muertos -según datos de la ONU-, no podía escapar a esta barbarie destructiva en nombre de la religión, ya que los yihadistas atacan toda representación artística contraria a su ideología.

DESTRUCCIÓN INDISCRIMINADA

Pero la destrucción de la riqueza arqueológica siria es mucho más indiscriminada, y los ataques no se concentran solo en las representaciones de imágenes religiosas.

La Unesco cifra en 24 los sitios culturales que han quedado totalmente destruidos en estos cuatro años de conflicto en Siria, un país con seis lugares incluidos en su lista de Patrimonio de la Humanidad: Palmira, los cascos antiguos de Damasco, Alepo y Busra, el Crac de los Caballeros (oeste) y las aldeas antiguas del norte.

De estos seis lugares, el que más daños ha sufrido hasta ahora es Alepo, donde se han registrado combates desde julio de 2012, que han destruido unos 100 edificios tradicionales y 1.000 tiendas del zoco.

Una de las construciones más emblemáticas, la Gran Mezquita de Alepo, fue parcialmente destruida por un incendio. La Unión de Ulemas del Levante (Siria) acusó a Al Qaeda de haber perpetrado el ataque contra el edificio sagrado.

Según la Asociación para la Protección de la Arqueología Siria, miembros del grupo yihadista Estado Islámico de Irak y el Levante han destruido esculturas y reliquias de unos 3.000 años de antigüedad sacadas de excavaciones de Tell Ajaja, en la región sureña de Al Hasakeh, o de Mardin.

En Al Raqa y Deir al Zur, bastiones del EI, habría casi un centenar de edificios y lugares arqueológicos arrasados, como mezquitas, mausoleos, iglesias y antiguos bazares.

Pero además de destruir, los yihadistas sacan partido de la venta ilegal de antigüedades, tanto de forma directa como cobrando impuestos a los que quisieran excavar y extraer artefactos arqueológicos.

Piezas arqueológicas saqueadas por los terroristas del EI en Siria e Irak -cerámica, monedas y joyería- han aparecido ya a la venta en páginas web de compraventa online y las autoridades sirias han podido recuperar 65.000 objetos robados en los últimos cuatro años.

LA JOYA DE LA RUTA DE LA SEDA

Los esfuerzos no han podido paliar el ritmo de destrucción de los yihadistas cuyo último objetivo es Palmira, una de las joyas sirias, la ciudad de la reina Zenobia, el centro neurálgico de la Ruta de la Seda y con los restos grecorromanos mejor conservados de Oriente Medio.

Patrimonio de la Humanidad desde 1980, Palmira fue uno de los "centros culturales más importantes del mundo antiguo", según la Unesco, y aún conserva joyas romanas como el Templo de Bel, el teatro o parte de la majestuosa calle de las columnas.

Hace ya dos años Palmira entró, a formar parte de la lista de Patrimonio en peligro de la Unesco y la directora general de esta institución, Irina Bokova, ha lanzado varios mensajes de condena de la destrucción de la ciudad monumental, que muestran, “la brutalidad y la ignorancia de los grupos extremistas, así como su menosprecio de las comunidades locales y del pueblo sirio”.

EFE