Venenos que curan

El Invima ha aprobado por lo menos 4 medicamentos que contienen la toxina botulínica como principio activo.

Venenos que curan

Rafael Espinosa

Venenos que curan

POR:
noviembre 30 de 2013 - 12:38 a.m.
2013-11-30

El más famoso y, tal vez, el más mortífero de los venenos es la toxina botulínica, que es producida por una bacteria descubierta en salchichas mal preparadas hace tres siglos, pero que hoy se utiliza en todo el mundo, en el famoso Botox, para combatir las arrugas y lograr una apariencia juvenil.

También se emplea en la medicina terapéutica en el tratamiento de más de 20 enfermedades, por ejemplo, “como un relajante muscular en enfermedades que producen espasticidad, como la parálisis cerebral”, explica el dermatólogo John Gaviria Calderón, de la Asociación colombiana de dermatología. Además, se utiliza “en mejoría de la sudoración excesiva en personas que padecen de hiperhidrosis. El Botox hace que desaparezca, añade.

Así mismo, desde 1977 se usa para combatir el blefaroespasmo, una anomalía que produce la contracción involuntaria de los párpados; el estrabismo, la enfermedad ocular que se caracteriza por desviación de un ojo con respecto al otro, y para tratar otros males del sistema nervioso central, como las distonías de tipo neuroquimiomuscular, que incapacitan y se caracterizan porque afectan, parcial o totalmente, la tonicidad de un determinado grupo muscular.

Lo sorprendente es que todo eso se ha logrado pese a su gran peligrosidad, pues la toxina botulínica se fabrica bajo estrictas normas de seguridad y a un costo altísimo, de más de 160 millones de dólares por kilo. Es tan peligrosa que, se estima, que solo un par de cucharaditas podrían acabar con media Colombia y dos kilos con toda la humanidad.

Como arma química o biológica, es considerada una de las más peligrosas y su uso está prohibido por las Convenciones de Ginebra, que datan desde 1864, y por la de armas químicas, que entró en vigencia el 29 de abril de 1997.

No obstante, como otros venenos mortales, químicos o naturales, la toxina botulínica ha beneficiado a millones en el mundo, tanto estética como terapéuticamente. Las cantidades que se emplean son mínimas, millonésimas del gramo, y eso alimenta hoy un mercado farmacéutico multimillonario, cuyas cifras precisas se desconocen, pero que, partiendo de lo elemental, son monumentales.

El Dr. Gaviria, por ejemplo, declara que solo en su consultorio, aplica Botox “a unos 50 pacientes por mes. El 40 por ciento en hombres”.

Brasil, Colombia, España, Estados Unidos y México son considerados los países que más emplean la toxina botulínica con fines estéticos, pero, la práctica está tan extendida en el mundo que es muy difícil hacer una distinción entre los países que más o menos la usan, dicen los expertos.

En Colombia, el Invima ha aprobado por lo menos cuatro medicamentos que contienen la toxina botulínica como principio activo. Se venden bajo prescripción médica o se adquieren directamente con el médico.

OTROS VENENOS

De venenos de serpientes, lagartos y otros animales como las abejas también han salido remedios para combatir otras dolencias del hombre. Del veneno de serpientes, por ejemplo, se han producido medicamentos como el Captopril, para reducir la tensión alta y de la saliva de un gran lagarto venenoso conocido como gila, que vive en el suroeste de EE.UU. y México, se concibió el Byetta, para tratar la diabetes tipo 2.

Aunque los tratamientos de diversas enfermedades con picaduras de abejas no han sido reconocidos científicamente, decenas de personas dan testimonios de alivio, especialmente en lo que se refiere a enfermedades degenerativas del sistema nervioso central como el lupus, la esclerosis múltiple. También, en casos de artritis reumatoidea, hernias discales, artrosis, bursitis, depresión, el estrés, ansiedad, anorexias, asma, la bronquitis crónica, la hipertensión, las arritmias cardíacas, las várices y decenas de dolencias más.

EL PÁRKINSON

Un estudio realizado este año en Estados Unidos sobre la apamina, uno de los componentes del veneno de las abejas, concluyó que su aplicación en seres humanos pareció frenar la degeneración de las neuronas dopaminérgicas, que caracterizan la enfermedad e Párkinson.

Otros estudios empiezan a construir evidencia científica sobre la utilización de productos de la colmena en el tratamiento de algunas enfermedades con nivel de evidencia A, como el manejo del dolor musculoesquelético, o con nivel de evidencia B, como en el de la artritis y la artrosis-osteoartritis.

Expertos y toxicólogos aseguran que estamos rodeados de venenos, cuya eficacia benéfica para la salud depende de la dosis y de la forma de administrarlos. Gran parte de los tratamientos anticancerígenos, por ejemplo, se hacen con toxinas, que por lo general causan efectos secundarios, pero que terminan por salvarle la vida a un individuo.

Gloria Helena Rey

Especial para Portafolio

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