Viviendo en las ramas

La frase “estar en las nubes” se convierte en realidad en algunos parajes del mundo. El editor Philip Jodidio muestra las mejores casas en los árboles.

Terunobu Fujimori, casa de té Tetsu, Kiyoharu Shirakaba Museum, en Nakamaru, Hokuto City, Yamanashi (Japón).

EFE

Terunobu Fujimori, casa de té Tetsu, Kiyoharu Shirakaba Museum, en Nakamaru, Hokuto City, Yamanashi (Japón).

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septiembre 09 de 2014 - 05:08 a.m.
2014-09-09

¿Le gustaría viajar a un mundo en el que la fantasía infantil se hace realidad de la mano del saber hacer adulto y donde el visitante puede encontrar cobijo y regocijo en infinidad de casas construidas sobre las ramas de robles, pinos, abedules, cerezos, acacias y muchos otros sólidos y frondosos árboles?

El guía de este mágico periplo es Philip Jodidio, un norteamericano que estudió Historia del Arte y Economía en la Universidad de Harvard y fue editor jefe de la prestigiosa revista artística Connaissance des Arts durante más de veinte años, y el vehículo para realizarlo es su reciente libro Tree Houses (Casas del árbol), que acaba de editarse en idiomas español, italiano y portugués.

Jodidio, nacido en 1954 y reconocido como uno de los escritores de arquitectura más populares, nos invita a “andarnos por las ramas” y echar un vistazo a una serie de singulares construcciones en las que materializa la idea, probablemente tan antigua como el propio ser humano, de trepar a un árbol en busca de albergue, o simplemente para ver el mundo que nos rodea desde otra perspectiva, desde lo alto del bosque o la selva.

“Las crónicas de la antigüedad ya hacen mención de casas en los árboles, ya que se trata de estructuras que han estado presentes a lo largo de la historia en todos los rincones del mundo.

Anclada en tierra pero suspendida en el aire, la casa en el árbol es, en muchos sentidos, un paradigma de la propia arquitectura”, señalan desde Taschen, compañía editora de Tree Houses.

MIRANDO EL MUNDO DESDE OTRO PUNTO

Jodidio incluye cincuenta casas de árbol de todo el mundo, de todo tipo de estilos, desde lo romántico a lo moderno, desde salones de té hasta hoteles, pasando por restaurantes. Algunas diseñadas por arquitectos, otras obras de anónimos entusiastas, algunas rústicas y otras de estilo contemporáneo, pero todas aprovechando el espacio a la perfección, informó Taschen.

“Espacio de juegos infantiles, atalaya desde la que contemplar la vida: la casa del árbol es tan versátil como la imaginación de sus ocupantes y, en una época en la que la sostenibilidad y la responsabilidad ecológica son criterios cada vez con mayor peso, puede ser también el símbolo definitivo de una vida en simbiosis con la naturaleza”, señalan los editores de esta obra.

“Desde las alturas vertiginosas, un hombre en un árbol podía mirar hacia abajo la existencia diaria como un pájaro en vuelo, un paso para romper los límites de lo común, una pizca de inmortalidad”, escribe Jodidio en la introducción del libro.

El autor recorre la historia de la casa del árbol, desde su uso continuado por las tribus Kombai y Korowai, de Indonesia, hasta Cosimo I de Medici, en Italia; e incluye las casas del árbol de alta gama diseñadas y construidas por la compañía francesa 'La Cabane Perchee'.

REENCUENTRO CON LA NATURALEZA

“Las casas en los árboles probablemente interesan a la gente porque están representando, en muchos sentidos, un escapismo suave, que permite a los constructores o propietarios ver literalmente el mundo desde otra perspectiva”, señala Jodidio a ‘The Washington Post’ (TWP).

Las casas del árbol “representan un retorno a un mundo que ya está ahí y supone escapar de la existencia de todos los días, que tiene tantos aspectos artificiales, a un lugar donde las reglas de la naturaleza todavía se mantienen”, ha declarado Jodidio a este medio estadounidense.

Según el autor, en las casas del árbol también "hay un ligero elemento de riesgo: la posible caída, un vértigo que tiene que ver con elevarse por encima del suelo por medio de una escalera, y con permanecer suspendido en las ramas a medio camino entre la tierra y las estrellas".

"Anclada en la tierra, una casa solo puede ser movida por las fuerzas más poderosas de la naturaleza. En cambio, una casa en un árbol probablemente se mece en el viento. La modernidad y los estilos de vida contemporáneos reducen el contacto de la mayoría de la gente con la naturaleza hasta el punto de que estamos separados de todo lo que ha inspirado la arquitectura durante tantos siglos", matiza Jodidio a TWP.

EFE