Yo-Yo Ma: ‘Un ego enorme se acompaña de una gran inseguridad’

El violonchelista habla acerca de la humildad, los ejercicios que hace en los conciertos y sobre si tocaría para Trump.

Yo-yo Ma

Las suites para violonchelo de Bach, que Ma grabó en 1997, son algunas de las obras clásicas más famosas y reproducidas en toda la historia de Estados Unidos.

AFP/Larry French

POR:
Portafolio
septiembre 14 de 2018 - 08:15 p.m.
2018-09-14

Una hora y 20 minutos después de comenzar su maratónico recital de Bach para violonchelo sin acompañamiento en la histórica Iglesia de San Nicolás de Leipzig, mientras estalla el aplauso después de la Cuarta Suite, Yo-Yo Ma hace algo tanto extraño como típico. Con el violonchelo en una mano, salta del podio y comienza a dar saltos arriba y abajo, agitando los brazos y sonriendo mientras anima a la audiencia a unírsele en una improvisada clase de ejercicios aeróbicos. Justo después se restablece el silencio, él recupera su concentración y comienza a tocar la sombría Quinta Suite.

“Las personas saben que cuando vienen, vienen a escuchar dos horas y 15 minutos de música ininterrumpida, pero es agradable decir, ‘los veo y sé que las bancas pueden ser incómodas’”, explica Ma sonriente cuando nos encontramos en el Kaffeehaus Riquet.

(Lea: Inicia el BOmm, el encuentro para los emprendedores musicales

“La música te da mucha información de forma subliminal; no es sólo una actuación auditiva, es visual, es el lenguaje corporal que recibes de la audiencia y lo retransmites”, añade. “Había un caballero anciano que estaba sonriendo y disfrutando de la música, y yo lo miraba de vez en cuando. Me gusta elegir a ciertas personas y tocar solamente para ellas”.

Heredero del legado de Pablo Casals y Mstislav Rostropovich, los mejores violonchelistas del siglo XX, Ma ahora es sobresaliente; lo aman no sólo por su maestría musical, sino también por la honestidad que le aporta a su arte.

Ahora ya con 62 años, ha tocado para ocho presidentes estadounidenses - particularmente en la toma de posesión de Obama - y ha vendido 10 millones de discos en todo el mundo a lo largo de una carrera de seis décadas. Siempre, desde que era una estrella infantil, manejó su éxito con humildad y mostró un deseo innato de conectarse con otras personas y culturas diferentes. Hoy, cuando el mundo parece estar más dividido que nunca, está construyendo puentes, llevando audiencias de todos los ámbitos a su órbita. Pero, me pregunto, ¿excluiría a Donald Trump?

(Lea: Apple amenaza liderazgo de Spotify en el mercado de música

El repertorio de Ma abarca desde Frédéric Chopin y Philip Glass hasta Luigi Boccherini y Astor Piazzolla, pero son las suites para violonchelo de Bach las que lo han hecho muy conocido; el Preludio de la Primera Suite es la canción clásica más transmitida en EE. UU.

“La música de Bach ha sido una gran compañera, una gran amiga en momentos buenos y malos”, afirma, y describe el papel que desempeñó en la vida de su padre cuando, como estudiante en París durante la Segunda Guerra Mundial, se aprendía las sonatas y partitas de violín durante el día para poder tocarlas de memoria por la noche. “Por eso, ésta ha sido siempre una música muy especial”.

Las suites, que se cree fueron compuestas antes de que Bach se mudara a Leipzig, eran poco conocidas hasta 1890, cuando Casals, entonces de 13 años, descubrió la edición Grützmacher en una tienda de chatarra en Barcelona y las divulgó. Hoy, se les considera entre los logros supremos de Bach y son atesoradas por su profundo estudio de la condición humana. También se les admira por las feroces exigencias técnicas y emocionales que le imponen al violonchelista, un desafío que es aún mayor si se tocan como lo hace Ma, completamente de memoria.

(Lea: Diez canciones para escuchar mientras trabaja) 

Le sugiero a Ma que a Bach le habría sorprendido la actuación de anoche. “Oh, no sé, creo que él habría asentido y se habría tomado una cerveza”, asegura. A lo largo de nuestra conversación, sus oraciones reflexivas, a veces elípticas son socavadas con un tono de autodesprecio.

Buscamos a una camarera. Ma dice que el desfase horario y una mala noche le han quitado el apetito, pero pedimos un expreso (para Ma) y un cappuccino (para mí) para continuar.

De regreso a Bach, y específicamente al Proyecto Bach. La última iniciativa de Ma se desarrollará en los próximos dos años a lo largo de 36 recitales de suites para violonchelo en seis continentes y 36 días de debate, difusión y acciones sobre el papel de la cultura en la sociedad. “Comencé hace cinco años pensando que la cultura debería tener un puesto en la mesa de la economía y la política”, señala Ma, “pero ahora he cambiado un poco en cuanto a que creo que la cultura es la mesa desde la cual la economía y la política pueden prosperar”.

Me explica que un elemento central de todo el proyecto es la universalidad de la música de Bach.“Pienso en Bach como científico-compositor, ¿y por qué? Creo que tiene tres cualidades que aparecen constantemente en su música. La primera es que trata de mirar la naturaleza, y la naturaleza humana, de forma objetiva. La segunda es que comienza siendo completamente empático con la condición humana. La tercera es que él no es el narrador central. Él sabía quién era y no era tímido sobre su conocimiento, pero no estaba en el centro de la narrativa”.

Cuando llegan nuestros cafés, amplía sobre el interés de Bach en múltiples perspectivas, como se refleja en la estructura de seis movimientos de cada suite. “Bach dice: ‘Ni siquiera sé quién va a escuchar esto, pero lo haré comprensible eligiendo danzas. Y, aunque no he viajado mucho, voy a tomar danzas de la vieja Alemania, francesas, italianas, incluso una beduina que comenzó en el norte de África, y luego fue a España y Francia, la zarabanda’”, indica refiriéndose a uno de los movimientos de cada suite. “Así que, físicamente, él no viajó mucho, pero mentalmente estuvo en todas partes”.

El enfoque de Ma es igualmente cosmopolita. Además de fundar Silkroad, un proyecto para unir músicos clásicos y populares de Asia y Medio Oriente, en 1998, ha disfrutado de una larga amistad con la pianista clásica Kathryn Stott y ha hecho colaboraciones con el vocalista de jazz Bobby McFerrin y el bailarín callejero de Memphis Lil Buck.

Ma nació en París, de padres chinos, antes de que la familia se mudara a EE. UU. cuando era un niño, y su experiencia como inmigrante ha definido todos los aspectos de su carrera. En un encantador video en blanco y negro, disponible en YouTube, Leonard Bernstein presenta al joven violonchelista ante un público que incluye a John y Jacqueline Kennedy. “He aquí una imagen cultural para que reflexiones mientras escuchas: un violonchelista chino de siete años de edad tocando música francesa antigua para sus nuevos compatriotas estadounidenses”.

Ma tenía sólo cuatro años cuando comenzó a aprender el Preludio de la Primera Suite con su padre. La primera vez que grabó estas piezas fue después de cumplir 20 años, y a esto le siguió en 1997 otro lanzamiento discográfico titulado Inspired by Bach, para el cual Ma colaboró con artistas de otras disciplinas, incluyendo a la diseñadora de jardines Julie Moir Messervy y, en una hazaña de determinación, a Piranesi, el arquitecto del siglo XVIII.

Ma ha anunciado que Six Evolutions, su última grabación de las suites, lanzada el mes pasado para hacerla coincidir con el Proyecto Bach, será la última.

“Durante la grabación, Steve Epstein, el productor, reprodujo para mí todas mis grabaciones previas de los preludios de la Primera Suite y fue interesante hacer las pruebas de sabores. ‘Un poco joven, ¿no crees?’”, asevera, fingiendo beber vino; “no tiene buen nariz, pero es prometedor. La segunda fue ‘sí, detecto complejidad, pero le falta un poco de madurez’, creo. La siguiente fue ‘mhh, definitivamente pasaron sus mejores tiempos’”, dice, muerto de la risa. Sin duda, ¿con el paso de los años podrá hacerles más aportes a estas piezas? ¿Por qué descartar otra grabación dentro de 15 años?

Entonces, llegué a la inevitable pregunta: ¿actuarías para Trump? “Antes que nada, hay algunas capas de valores que creo que son verdaderamente importantes. La primera es que creo que el discurso cívico es absolutamente esencial? Es como cuando tienes desavenencias con la familia, pero en las vacaciones aceptas no hablar sobre ciertos temas”.

Pero seguramente, digo para presionarlo, Bach podría darle a Trump una valiosa lección de humildad; ¿si él te pidiera que actuaras para él en privado? “¿Tocaría yo para él en su lecho de muerte? No”, apunta Ma. “Funciono bajo la premisa de que absolutamente cualquiera puede cambiar, y también admito que es posible que alguien nunca cambie. También creo que, simplemente observando las artes escénicas, un ego enorme a menudo se acompaña de una gran inseguridad”.

En el pequeño cuaderno que acompaña a Six Evolutions, Ma hace una conmovedora referencia a su nieto, Teddy, quien, según él, cumplirá 83 años en el año 2100. Le digo que, como madre de un niño de tres años, me interesa que a menudo él describe a sus presentaciones en programas de televisión como uno de sus logros más preciados. “¿Niño? ¿O niña? ¿Cuál es su nombre?” Arthur, le respondo. “Presentarme en ‘El Vecindario del Sr. Rogers’ y en ‘Plaza Sésamo’, es lo más importante”, resalta. “Es entrar en su mundo, ellos no entran en mi mundo. Hay niños que ahora tienen 30 años y se me acercan detrás del escenario y me dicen: ‘Estudié música porque vi esto en la televisión’. Estas pequeñas presentaciones dejaron impresiones muy profundas”.

Se entusiasma con los valores que Fred Rogers aportaba a su programa. “Entonces, Rogers salió al aire y en su primer año Robert Kennedy fue asesinado y tuvieron que lidiar con eso. ¿Qué significa asesinato? Son temas muy difíciles. Luego, después del 11 de septiembre, regresó a la televisión para hablar sobre lo que su madre le decía en tiempos de crisis. ¿Qué debes hacer? Bueno, siempre puedes recurrir a los ayudantes”. Ma continúa: “Trabajo con muchos, pero trato de localizar a todos los que hacen un gran trabajo. ¿Quiénes son los ayudantes?”

Ma quiere saber sobre lo que he estado escribiendo recientemente, y nuestra conversación gira, ineludiblemente, hacia el Brexit. Le gustaría ver una foto de mi hijo. “Dile hola a Arthur de mi parte”, dice, mientras sale corriendo del café. Lo veo fundirse en las calles: es un sabio, una superestrella, un hombre común.

Laura Battle

Siga bajando para encontrar más contenido