Rodolfo Segovia S.
columnista

Tesoros institucionales

El escalonado nombramiento, la independencia y los fueros de la junta directiva del Emisor han servido bien a la nación. 

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
septiembre 29 de 2016
2016-09-29 08:49 p.m.
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El camino es largo y culebrero dice el refrán campesino. En ruta conviene hacer un alto para reflexionar sobre las fortalezas con que se cuenta mientras se recorre la trocha. Colombia posee muchas, aunque ese afán colectivo de autoflagelación a veces las encubra. No es solo el que haya armado –tanteo y error– un andamiaje institucional creíble y cada vez más incluyente, sino que lo ha cimentado en medio de vicisitudes sin cuento, incluidas pérdidas territoriales. No sin sobresaltos, la democracia ha prosperado con activos como la casi ininterrumpida elección y posesión de presidentes por periodos fijos durante 200 años. El país se repondrá también de la paz que causa tantas inquietudes institucionales.

El último experimento, la Constitución que rige a Colombia desde 1991, carga su fardo de yerros. Pervirtió, por ejemplo, un otrora respetado Poder Judicial al tentarlo con los halagos del clientelismo y empoderarlo para que, con arrogancia extraterrestre, se rehúse a ser reformado.

Pero también hay aciertos, entre ellos la autonomía del Banco de la República. ¡Ah, los entuertos de que ha librado al país! El escalonado nombramiento, la independencia y los fueros de la junta directiva del Emisor han servido bien a la nación. No son tantos los países por fuera de la Ocde que han contado, en los últimos 25 años, con un manejo tan acertado de su política monetaria, sustento del crecimiento y el bienestar. Además, la junta, por su constitución y atribuciones, ha podido elegir como gerentes a tres ilustres economistas que han sido dechados de integridad, conocimientos, sabiduría y virtudes republicanas. El último de ellos, José Darío Uribe, ‘Jota’, se irá al cumplir su ciclo en pocos meses, acompañado, como sus antecesores, por el aplauso de un país agradecido.

No son vanas palabras. Hacia 1991, Colombia apenas comenzaba a sacudirse de inflaciones asfixiantes de alrededor del 25 por ciento, que parecían intratables. La indexación era un instrumento de desigualdad. Sin shocks y con el empleo gradual de instrumentos monetarios, el Banco independiente redujo la inflación a la franja 2 - 4 por ciento, y con su pedagogía convenció a los colombianos que esa era la casa del bienestar. Amortiguó hace poco, además, un severísimo brote de enfermedad holandesa, con efectivas y prudentes compras de divisas. Y, recientemente, ha actuado con celeridad y tino para controlar picos inflacionarios, producto de factores exógenos.
La marea es ya menguante; se espera que en más o menos un año se regresará a la franja. El Banco de República es un haber para atesorar en el arca de institucionalidad.

Don Sancho Jimeno era un obseso de la institucionalidad. Defendió, arriesgando su vida, la heredad de su rey por la gracia de Dios. Enfrentó desde las atalayas del San Luis de Bocachica en 1697, piratas malhechores que pretendían Cartagena. Renovados institucionalmente por la dinastía borbónica, los monarcas de don Sancho reinarían un siglo más en América. Colombia siempre ha encontrado el camino para idearse las normas y preservar el orden en la libertad. El Castro-Chavismo está lejos.

PS. “Ofrezco perdón”. ¿Será que ‘Timochenko’ acepta perdonar a los colombianos por la incomprensión de esos desmanes suyos, cometidos en aras de una quimera ideológica? Por estos tiempos de generosidad y aguante, habrá que darle el beneficio de la duda: quiso decir, quizá, ‘ofrezco excusas’, en un alarde de buen castellano, en vez de usar el manido y ese sí imperdonable: ‘pido excusas’.

Rodolfo Segovia
Exministro - Historiador
rsegovia@sillar.com.co

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