Sergio Calderón Acevedo
columnista

Un país muy desigual

Si en Colombia se quiere iniciar el proceso de aliviar la desigualdad, es importante tomar más en serio los temas de la estructura tributaria.

Sergio Calderón Acevedo
Opinión
POR:
Sergio Calderón Acevedo
septiembre 04 de 2016
2016-09-04 03:07 p.m.
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La semana pasada estuvo en Colombia el premio Nobel de Economía 2015, el profesor Angus Deaton. Gracias al Cesa, al Instituto de Ciencia Política y a la Fundación Hernán Echavarría se pudo tener en vivo a Deaton hablando sobre la desigualdad y el crecimiento, temas que son eje central de su teoría.

Así como en el evento, que congregó a 300 empresarios y académicos, se contó con el Presidente de la República, brillaron por su ausencia el Ministro de Hacienda, la Ministra de Trabajo y la encargada de los asuntos de Comercio e Industria. Seguramente, estaban muy ocupados en temas diferentes a la pobreza y la desigualdad.

Tener en Colombia a la voz cantante en el tema de la desigualdad es una oportunidad enorme para aprender sus lecciones y aplicar sus consejos. Para el profesor Deaton, el crecimiento económico es uno de los caminos para escapar de la pobreza, pero es también una de las mismas fuentes de la desigualdad, porque el auge no beneficia a todos por igual ni permite que todos incrementen sus ingresos. Advierte que el tema requiere recursos monetarios, pero que no todo el proceso consiste en mejorar el ingreso monetario, sino el acceso a la salud y educación, cuya garantía recae principalmente sobre el Estado. Criticó también el papel de la ayuda externa. El mejor ejemplo: África, donde la mayoría de sus países depende de la ayuda externa para atender el gasto público.

Aparte de las importantes lecciones impartidas por el profesor Deaton, se contó en el evento con estudiosos del tema. El líder y moderador fue Mauricio Rodríguez Múnera, quien reveló datos acerca de la enorme concentración de riqueza y poder en nuestro país. Expuso un interesante ejercicio de calcular el coeficiente Gini, no solo sobre los ingresos –donde la situación es una de las más aberrantes del mundo–, sino sobre los activos financieros y la tierra.

Indicó Rodríguez que el coeficiente Gini de la tierra es 0,89 en Colombia, lo cual evidencia aún el carácter feudal de su tenencia. En el asunto de los CDT y los instrumentos financieros del ahorro, la situación es peor: 8.500 personas son dueñas de 77 por ciento de dichos depósitos, lo cual produce un coeficiente Gini de 0,92.

Todo lo anterior indica que en este país no solo hay concentración del ingreso (flujo), sino también de la riqueza (stock), lo cual lleva a perpetuar la desigualdad, pues el crecimiento solo beneficia a los ricos, y la inflación fuera de control, como la que se insinúa ahora, golpea más fuertemente a los pobres.

Si en Colombia verdaderamente se quiere iniciar el proceso de aliviar la desigualdad, es importante tomar más en serio los temas de la estructura tributaria. Aunque algunos empresarios, especialmente los del sector agrícola, han usado como caballo de batalla el argumento de que en el país las tarifas de impuestos son de las más altas del mundo, lo cierto es que las exenciones, las excepciones y los privilegios hacen que el recaudo, como porcentaje del PIB, sea muy bajo, en comparación con economías de similar grado de desarrollo, como señaló Rosario Córdoba.

La reforma tributaria que ahora entra al Congreso debe servir para que por fin pensemos en cómo evitar que en un país de ‘iguales’, haya tan pocos que sienten que son más iguales que los que menos tienen.

Sergio Calderón Acevedo
Economista
sercalder@gmail.com

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