Paul Weiss Salas
COLUMNISTA

El zar de las acciones

Paul Weiss Salas
Opinión
POR:
Paul Weiss Salas
abril 18 de 2016
2016-04-18 09:57 p.m.
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Así lo llamaban desde hace mucho tiempo, el zar de las acciones, título que acuñaron los periodistas, pero que le otorgaron sus colegas. En esos tiempos, en Colombia, tener el calificativo de zar de cualquier actividad era un gran reconocimiento de quienes desarrollaban una misma profesión a un miembro muy destacado de su comunidad. En el ámbito bursátil, ese título era motivo de orgullo, tanto para el que lo ostentaba como para quienes tuvimos el privilegio de trabajar con él.

Los zares eran muy escasos –yo conocí solo uno– y despertaban entre sus colegas sentimientos de respeto, admiración y, por qué no decirlo, envidia. Comencé a conocerlo en la Rueda de la Bolsa de Bogotá, que sesionaba todas las mañanas, de 10 a 12, y en la cual estaban presentes los corredores de bolsa realizando operaciones de compra y de venta de acciones, así como de otros títulos llamados de renta fija. Esto era a viva voz, cara a cara, los grandes y los pequeños, los experimentados y los novatos, transando principalmente por cuenta sus clientes. Allí estaban tanto el zar de las acciones como sus socios y unos pocos corredores de su firma. Los demás colegas, quienes trabajaban en las empresas competidoras, siempre estaban atentos a lo que él hacía en la rueda accionaria, ya que él marcaba la tendencia del mercado.

Un buen día, decidí que yo quería trabajar en la firma de este señor y me aproximé a uno de sus socios y le manifesté mi interés. ¡Qué suerte la mía, pues fue aceptada mi propuesta! Y así fue que comencé a aprender de quien era el líder del mercado accionario colombiano.

Pensarán que este señor comenzó a enseñarme los secretos de su éxito, pero se equivocan, nunca me dio una lección como tal, eran su forma de ser y su manera de actuar las que encerraban las enseñanzas. Él se debía, ciento por ciento, a sus clientes.
Seguía sus órdenes al pie de la letra, jamás revelaba ni el origen ni el propósito de las órdenes recibidas y nunca dejó que prevaleciera su interés personal sobre el de sus clientes. No se dejó tentar por propuestas ilegales, ni reñidas con la ética.
Personalmente, lo vi rechazar órdenes que pudieron traer importantes comisiones a la firma tan solo porque no se ajustaban a las normas, o simplemente porque “eso no se hace”.

Todo esto lo hacía serenamente, sin emitir juicios ante sus clientes, sino más bien ofreciendo una adecuada alternativa o rechazando el encargo, aduciendo algún conflicto de interés u otra oportuna excusa.

Pensarán que el zar de las acciones era sabio e infalible, pero no era así. Su sabiduría consistía en saber con quién debía trabajar. Él supo ganarse la confianza de los más grandes clientes de bolsa, sin ceder a las tentaciones que representaban aquellos cuyos dineros tenían dudosos orígenes, y supo escoger y ser escogido por buenos socios, así como eligió a muchos colaboradores que compartieron con él los principios éticos de la actividad bursátil. A todos ellos, siempre los supo escuchar.

El zar de las acciones en Colombia fue, hasta su retiro, Mauricio Botero Rodríguez.

Paul Weiss Salas
Experto en inversiones bursátiles
paulweisss@yahoo.com

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