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Louis Kleyn

120 años sin Panamá

El Tratado Herran-Hay, del 12 de agosto de 1903 cedía el control de la zona donde se construiría el canal a Estados Unidos.

Louis Kleyn
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Louis Kleyn
diciembre 07 de 2022
2022-12-07 12:49 a. m.
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Si hay algún episodio de la historia nacional que se preste para experimentos con el devenir histórico, tipo “cómo hubiese cambiado el presente si Kennedy no hubiese visitado Dallas aquel 22 de noviembre de 1963”, es el rechazo categórico del Congreso colombiano al Tratado Herran-Hay el 12 de agosto de 1903. Este Tratado cedía el control de la zona donde se construiría el canal a Estados Unidos (similar a como lo haría el Tratado Buneau Varilla - Hay, firmado posteriormente con la recién creada República de Panamá), y también convertía a EE. UU. en garante de la soberanía colombiana sobre Panamá. 

Claramente, si el Congreso hubiese aprobado el Tratado, Panamá aún estaría unido a Colombia y nuestra posición geopolítica, potencial de desarrollo económico y nacionalidad, serían diferentes. Al perder Panamá, Colombia perdió el Canal con todo su impacto económico, y una franja equivalente a toda la Sabana Atlántica (75 mil kms2), una población rica en combinaciones étnicas, y un acceso privilegiado al Pacífico, con incontables recursos naturales.

Al final, como siempre ocurre con sucesos tan nefastos, el rechazo del Congreso y la separación de Panamá fueron la culminación de una serie de grandes errores de los gobiernos colombianos de la segunda mitad del siglo XIX. La política colombiana, en general, giraba en ese momento alrededor de si misma. El impacto de la expansión estadinense hasta el Pacífico, la fiebre del oro en California, la extraordinaria proeza (en territorio colombiano!) de la puesta en funcionamiento del ferrocarril de Panamá en 1855, la multitud de grandes navieras internacionales que atracaban tanto en Colón como en ciudad de Panamá; todo este potencial protagónico del país en la esfera mundial fue ignorado por la llamada ‘clase dirigente’ del momento, concentrada en sus rencillas y en el esfuerzo por elaborar la Constitución ‘definitiva’ para lo que aún era una ‘naciente República’.

La ya mal negociada concesión para la construcción del canal se empeoró con las posteriores dos ampliaciones del plazo de construcción (1890 y 1900). Por estas prórrogas se pagaron US$6 millones y obteniendo el derecho a ceder la concesión a un tercero. Esto debilitó enormemente la posición de Colombia en todo el entramado de negociaciones que vinieron, dándole el papel preponderante a los representantes/accionistas de la Compañía Francesa del Canal.

William Cromwell (fundador del bufete neyorquino, que aún perdura, Sullivan & Cromwell y abogado del ferrocarril de Panamá desde 1893) y Phillippe Bunau-Varilla (ingeniero francés en el canal desde 1884), son los protagonistas de la promoción del canal norteamericano en el istmo. Consiguieron primero revertir la decisión de construir el canal por Nicaragua, ya prácticamente tomada por el Congreso Norteamericano y el Presidente McKinley y, finalmente, obtener la independencia de Panamá, al convertirse el Congreso de Colombia en el último obstáculo. Ellos y otros inversionistas, incluyendo JP Morgan, adquirieron gran parte de las acciones de la Nouvelle Compagnie, valorándola en alrededor de US$5 millones, para luego revenderlas al gobierno de EE. UU. por US$40 millones.

LOUIS KLEYN
Consultor empresarial

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