Germán Umaña Mendoza
Columnista

20 años después

Para la construcción de una sociedad justa, equitativa, desarrollada y sostenible, es clave el compromiso colectivo.

Germán Umaña Mendoza
POR:
Germán Umaña Mendoza
julio 15 de 2020
2020-07-15 10:04 p.m.
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Los economistas del establecimiento parecen estar ganándoles la batalla a los científicos sociales. Sin economía no hay salud y han según ellos, demostrado con claridad que sin salud puede haber economía. Solo habrá que pasar la tormenta con los menores daños colaterales (muertes), en especial de adultos mayores para regresar a lo mismo. Nos dirán: la teoría dominante y el modelo económico globalizante pero sin rostro humano funcionaba.

Pero no, el Covid 19 los puso al descubierto y por fin se supo la verdad sobre lo que el sistema había logrado con la aplicación de un modelo centralizador y concentrador del capital, de inequidad y desequilibrios inmensos en la distribución del ingreso, de depredación, enemigo de la sostenibilidad y del medio ambiente, de abandono del estado de su papel de defensa de los derechos fundamentales a salud, educación y empleo pero, eso sí, de protección y seguridad absoluta para aquellos que pueden abusar del poder de mercado.

Un modelo deshumanizado que nos hizo perder muchas de las ventajas que se han logrado con la internacionalización y la mundialización. Dicen los titulares de prensa que regresamos 20 años en nuestras economías. Ha ocurrido algo parecido a lo que nos planteaban los racionalistas cartesianos, la pandemia destruyó los paradigmas y no nos queda otro remedio que empezar nuevamente a construir. Si eso es verdad, será necesario cambiar la receta: la actual, ni previene ni cura.

Los retos son absolutamente claros: la reconstrucción de un debilitado sistema multilateral que genere equilibrios y consensos en las Naciones Unidas, no más un Consejo de Seguridad con derecho a veto por parte de los más poderosos.

La modificación del sistema financiero y comercial que contribuya a dar estabilidad y transparencia en los dos principales precios macroeconómicos, como las tasas de cambio y de interés y, rescate el financiamiento orientado a la reconstrucción y fomento con el objetivo de disminuir las crecientes brechas de desigualdad entre países y regiones.

En lo nacional la promoción de pactos sociales con la definición de un techo que implique un límite a las utilidades en el ingreso nacional. La recuperación del papel del Estado y sus instituciones, no más grande pero si más fuerte, que elimine los privilegios fiscales a grupos de poder, que defina una política exterior que nos aleje de la “trampa del bilateralismo” y que reoriente sus recursos al cumplimiento de los derechos fundamentales de la ciudadanía. No más rentistas manejando los ingresos del Estado.

Políticas de empleo y promoción de las actividades productivas de bienes y servicios, orientadas al desarrollo, la dignidad del trabajo y la incorporación a la formalidad, donde el sector financiero se encuentre a su servicio y no al revés, como ocurre en la actualidad. La educación deberá ser considerada nuevamente como un derecho fundamental de obligatorio cumplimiento y no simplemente como una mercancía.

Para la construcción de una sociedad más justa, equitativa, desarrollada y sostenible, será necesario el compromiso colectivo: necesitaremos liderazgos, no caudillismos y más que nada memoria, para no repetir los errores, falsear la verdad o permitir el olvido en las nuevas generaciones.

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