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A evaluar para avanzar

Es urgente que volvamos a evaluaciones anuales y censales de nuestros estudiantes, para saber con certeza dónde estamos.

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noviembre 15 de 2021
2021-11-15 10:25 p. m.
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Colombia se caracterizaba por ser un país en el que la evaluación educativa se encontraba en un estado avanzado de desarrollo, al ser de los pocos países con evaluaciones anuales sistemáticas de su sistema educativo. Contábamos con cuatro exámenes estandarizados anuales en educación básica y media (Saber 3, 5, 9, 11), y un examen estandarizado de la educación superior (Saber Pro). En 2017 logramos alcanzar el golden standard de la evaluación educativa: aplicamos estas pruebas de manera censal para todos los estudiantes colombianos, lo que permitió generar un mecanismo de seguimiento niño a niño e identificar las fortalezas y debilidades del sistema a nivel de colegio.

Pero mucho ha cambiado desde entonces. Ya en 2018 la anterior administración decidió no realizar las pruebas Saber 3, 5 y 9 argumentando un cambio de metodología de evaluación, aunque en realidad la decisión fue guiada más por la restricción presupuestal. Si bien las pruebas volvieron en 2019, desde este momento se optó por un modelo muestral, donde solo una pequeña parte de establecimientos (300 colegios en 178 municipios) recibió la evaluación. El problema con los exámenes muestrales y no censales es que se obtiene un diagnóstico a nivel nacional y por macrorregiones, pero no permite aterrizar los resultados a nivel de municipios, escuelas ni estudiantes. De poco le sirve a un rector de un colegio en Huila conocer los resultados de la región ‘Centro-Sur-Amazonía’ para saber en qué se está fallando en su propia institución.

En 2020, por razones obvias de pandemia, no se aplicaron exámenes estandarizados intermedios, una restricción importante pues no contamos con herramientas para medir impacto sobre el aprendizaje de la pandemia y del (demasiado largo) cierre de escuelas. En 2021 se volvieron a aplicar, pero siguiendo de nuevo el limitado diseño muestral. Con la reciente propuesta de aplicar la evaluación cada dos años, se harían aún más inútiles los resultados para la toma de decisiones a nivel local.

Un agravante de esta situación es que, al no recolectar la información censal, se perdió la continuidad de iniciativas que usaban estas evaluaciones para asignar incentivos por desempeño, como es el caso del innovador ‘Día E’, en donde se diagnosticaba cada colegio en calidad, ambiente escolar y cumplimiento de metas de mejora. En realidad, no fue solo un problema de insumos: en esta administración también se abandonó el Mide, un modelo de medición del sistema de educación superior que contaba con 6 dimensiones y 18 variables de análisis, y solo requería la información del SNIES.

Es paradójico que se pregone el mantra de que tenemos ‘el presupuesto más alto para la educación de la historia’, al mismo tiempo que recortamos el esfuerzo fiscal en una de las actividades esenciales de un sistema de calidad: la evaluación. Es urgente que volvamos a evaluaciones anuales y censales de nuestros estudiantes, para saber con certeza dónde estamos, en qué fallamos y cómo podemos mejorar.

DAVID FERNANDO FORERO
Investigador de Fedesarrollo
dforero@fedesarrollo.org.co

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