Sergio Calderón Acevedo
Columnista

Alas para Avianca

No les hagamos caso a los que quieren enterrar a la aerolínea solo porque tuvieron la rabieta de un vuelo demorado o la pérdida de una maleta.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
septiembre 07 de 2020
2020-09-07 08:57 p. m.
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Al rescate de Avianca le sobran twitteros ignorantes y apasionados, y le falta banqueros de inversión con iniciativa y creatividad. De los primeros no vale la pena hablar. Dejémoslos en sus monólogos narcisistas.

Todos conocemos la importancia estratégica de la aerolínea: mueve millones de pasajeros y millones de toneladas de carga y tiene una nómina de 17 mil personas, que derivan su sustento y mantienen a sus familias con la operación normal de Avianca.

Además, es el mayor importador de toda la economía colombiana, más que Ecopetrol, Colmotores, Sofasa y Samsung, por mencionar a los obvios. Lleva y trae a cientos de miles de turistas extranjeros, el segundo renglón de exportaciones del país. Consume insumos de miles de empresas, paga impuestos, mueve a Colombia. De ella dependen, además, agencias de carga, de aduana y de viajes. Su liquidación es un problema macroeconómico, lo que los gringos llaman to big to fail.

Para que lo entiendan los recién graduados en epidemiología, Avianca es víctima del coronavirus, el que ha atacado severamente su oxigenación financiera. Y necesita un paso por una UCI que evite que sus acreedores la asfixien. Hasta ahí tal vez podamos ponernos todos de acuerdo.

Pero otorgarle un crédito directo, sin más ni más, sería un grave error, porque el presupuesto nacional debe servir para todo menos para asumir un riesgo crediticio de primer piso. Si quieren insistir en un préstamo, que pongan a Bancóldex a sindicar un crédito con los demás bancos. Pero eso sería necio.

La vía debe ser diseñar una operación de compra de sus pasivos a muchos de sus nerviosos acreedores, al descuento, para poder reestructurarlos en plazo y tasa e, incluso, producir una utilidad a las finanzas públicas. Ya pasó hace 20 años, cuando el negligente manejo económico de la economía de Ernesto Samper quebró al sistema de ahorro y vivienda. El nuevo gobierno debió emitir unos bonos, a través de Fogafín, y con esos recursos compró la cartera del BCH, el IFI y Bancafé, entre otros.

El valor nominal de $3,6 billones lo compró con solo $1,2 billones, habiendo emitido apenas $740 mil millones. Llevó la cartera a CISA y allí puso al mando a un genial bombero y mago, Jaime de Gamboa, y en tres años logró recuperar toda la cartera y vender los inmuebles recibidos en pago, obteniendo al final una utilidad en caja por más de 1,5 billones.

Una operación semejante es repetible en esta coyuntura. La rebaja de la calificación de riesgo de Avianca ha hecho que, de todas formas, los bancos y los inversionistas hayan tenido que provisionar estas acreencias hace mucho tiempo y que puedan venderlas a la República de Colombia con un enorme descuento.

¿La garantía?: pignorar la venta de tiquetes en una fiduciaria pública, y que ella administre el flujo de caja de Avianca hasta que ella vuelva a volar autónomamente. No les hagamos caso a los que quieren enterrar a la aerolínea solo porque tuvieron la rabieta de un vuelo demorado o la pérdida de una maleta.

Sergio Calderón Acevedo
Economista

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