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Ricardo Gaitán

Basura pospandemia peligrosa

Los EPP no son peligrosos, pero se siguen clasificando como tal, lo que significa que pueden acabar en espacios equivocados.

Ricardo Gaitán
POR:
Ricardo Gaitán
abril 11 de 2022
2022-04-11 02:08 a. m.
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Antes de la aparición de la covid-19, la sociedad estaba consciente de los problemas de sostenibilidad de los empaques y envases plásticos. Sin embargo, la necesidad de frenar la propagación del virus ocasionó su resurgimiento como material indispensable para la fabricación de los Elementos de Protección Personal (EPP), como ropa protectora, guantes y tapabocas.

Al comienzo de la pandemia, Michael Ryan, director de Emergencias Sanitarias de la OMS, afirmó: “Es de importancia vital proporcionar a los trabajadores sanitarios con los equipos de protección personal adecuados, y también es vital garantizar que se puedan utilizar de forma segura sin afectar al medio ambiente circundante”.

En dos años que van de la pandemia, los EPP usados por personal médico han sido claves para prevenir la exposición ocupacional a la covid-19, y no representan un peligro serio para el medio ambiente, pero deben ser trasformados para entrar en las cadenas de valor, dependiendo de su potencialidad de utilización.

Por su lado, los tapabocas han terminado como desecho en los océanos, causando graves daños de contaminación. Los protectores respiratorios requieren un tratamiento especial a la hora de reciclarlos. Se recomienda recortar las bandas de goma de sus laterales lo que evitará a que estas se enreden fácilmente en la boca de los peces poniendo en peligro sus vidas. La ONG Oceans Asia reveló que el último año se arrojaron a los mares cerca de 1.560 millones de tapabocas, lo que representa seis mil toneladas más de contaminación.

Si bien, el manejo intrahospitalario garantiza la gestión sanitariamente controlada de estos residuos, no ocurre lo mismo con otros materiales empleados para el envase, distribución y aplicación de las vacunas.

A medida que los centros de vacunación repartidos por el mundo aumentan la demanda, se crean presiones para que los fabricantes atiendan con rapidez los pedidos, que en muchos casos no se cumplen.

Un informe de la OMS con datos obtenidos entre marzo de 2020 y noviembre de 2021, dice que 8 mil millones de dosis de vacunas administradas en el planeta han producido 144.000 toneladas de desechos médicos.

Esta situación convierte jeringas y ampolletas en una mercancía valiosa en el mercado negro, donde bandas criminales tienen un incentivo para robar el material y revenderlo clandestinamente en el mercado sanitario.

A finales de 2021, la Interpol advirtió que la pandemia ya había “desencadenado un comportamiento criminal depredador y oportunista sin precedentes” a causa del hurto y falsificación, debido a que estos elementos tienen gran valor en el mercado negro.

Las jeringas, envases y agujas son desechos médicos muy peligrosos que pueden acabar en lugares equivocados. Los EPP no son peligrosos, pero se siguen clasificando como tal, lo que significa que pueden acabar en espacios equivocados donde se agrupan con desechos amenazantes.

RICARDO GAITÁN
Consultor de Branding

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