MIÉRCOLES, 17 DE ABRIL DE 2024

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Andrés Espinosa Fenwarth

Deconstrucción nacional en marcha

Petro advirtió que si por alguna circunstancia las reformas se entrabaran, se podrían ‘repetir los hechos de 1948 y la violencia que aún no termina’.

Andrés Espinosa Fenwarth
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Andrés Espinosa Fenwarth

El desgobierno del presidente Gustavo Petro ha puesto en marcha la deconstrucción nacional. Petro quisiera emular al estadista liberal, Alfonso López Pumarejo, quien emprendió la Revolución en Marcha entre 1934 y 1938.

Después de cuarenta años de hegemonía conservadora, se impuso en aquel entonces la ideología del cambio de un país rural atrasado, sin chimeneas, con López como un mandatario revolucionario, ordenado, modernista y progresista, que entendía la función primordial del Estado: ser el motor del desarrollo. Petro no ostenta ninguno de estos atributos.

Petro, a diferencia del viejo López, nos quiere devolver del avión a la mula. Su irracional aversión contra el crecimiento económico y la generación de empleo no tienen parangón en ninguna parte del planeta.

Su ininteligible obsesión ambientalista e ideológica contra el sector minero energético y el empresariado colombiano, pretende devolvernos de la modernidad a la edad de piedra, que todos pensábamos superada.

Desde todos los rincones de la política, incluso al interior de su partido, el Pacto Histórico, crecen las voces del descontento con el desgobierno Petro. El fuego amigo en el gabinete ministerial luce implacable. La gobernabilidad legislativa conseguida a punta de jugosas canonjías es cada vez más precaria.

El enfoque de tierra arrasada, de tabula rasa en materia de salud pública y de pensiones, fundamentado en falsedades como aquella que “Colombia tiene uno de los peores sistemas de salud del mundo”, o que “el régimen de pensiones del país enriquece a dos banqueros a costa de los trabajadores”, es algo que ha puesto a pensar a propios y extraños.

Para enfrentar el desencanto popular de su administración evidenciado en las encuestas, Petro decidió volver a sus raíces, al activismo político en plaza pública, cuando sobresalía como jefe de la oposición. Para comprender este fenómeno político, la revista 'Semana' analizó todas las intervenciones públicas de Petro durante los primeros doscientos días de su administración.

El promedio diario de sus peroratas es de 27 minutos por día, prácticamente la mitad pronunciadas desde las regiones, una tercera parte en Bogotá y el resto en sus diversos viajes al exterior. 'Semana' anota que las dos terceras partes de los anuncios de Petro los hace en presencia de sectores sociales para agitar las masas, para concitar su apoyo popular, para evaluar si tienen viabilidad.

Petro sabe muy bien -como decía Gustave Le Bon, destacado sociólogo francés del siglo pasado-, que un individuo en una multitud es un grano de arena en medio de otros granos de arena, que el viento agita a voluntad. Petro es el viento huracanado que pretende agitar las masas contra el establecimiento. Desde el balcón de la Casa de Nariño, Petro advirtió que si por alguna circunstancia las reformas se entrabaran en Colombia, se podrían “repetir los hechos de 1948 y la violencia que aún no termina”.

¡Peor imposible!

ANDRÉS ESPINOSA FENWARTH
Miembro del Consejo Directivo del ICP
andresespinosa@inver10.co

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