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Rodolfo Segovia S.

Desigualdad desequilibrada

Hay que comenzar por establecer cuánta desigualdad es necesaria para que una sociedad funcione y disminuya la pobreza y su propia desigualdad.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
marzo 25 de 2022
2022-03-25 01:58 a. m.
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En mayo próximo, la desigualdad será una candidata oculta, una especie de vicepresidenta en la sombra, la misma que salió a la calle sobredimensionada en las protestas de los últimos años. No tanto por exagerada, como por exagerable.

Ha hecho carrera el que Colombia es uno de los países más desiguales del mundo, así, sin beneficio de inventario, y no sin propósitos malintencionados. Los medios acogieron la aserción porque generaba titulares, y después no la han abandonado. No resiste, sin embargo, un examen por investigadores serios e imparciales. Es más, no resiste una somera revisión de la mayoría de los países tropicales y subtropicales en el universo, donde los ricos son pocos con mucho y los pobres son muchos con muy poco. En cuántos de ellos la electricidad, el agua y el celular son bienes casi universales, o la salud y la educación básica también.

El solo decir desigualdad suscita consideraciones éticas. Hay que comenzar por establecer cuánta desigualdad es necesaria para que una sociedad funcione y disminuya la pobreza y su propia desigualdad. Se endosa ese chicharrón a los demagogos que en el mundo han sido y son.

Es demostrable que la década antes de la pandemia la desigualdad venía sólidamente disminuyendo en Colombia. ¡Imposible!, dirán muchos: ¡Colombia es y era “uno de los países mas desiguales del mundo”! Y la perogrullada se sigue repitiendo, aunque no corresponda a cifras depuradas, ya sin tanta dependencia en Coeficientes de Gini, que agregan encuestas de hogares, cuestionables en su recolección. Los esfuerzos recientes han llevado al World Inequality Data Base (WID), o Banco de Datos de la Desigualdad Mundial, con información metodológicamente confiables. Y ¡oh sorpresa: Colombia es un país de desigualdad media o media baja! Y por sí se duda de la credibilidad de las estadísticas colombianas, WID afirma que este país es uno de los de mayor transparencia acerca de riqueza e ingreso en el mundo.

Para ser desigual hay que poder compararse. Eso lleva flagrantes abusos del verbo en la plaza pública. Todos tenemos derecho a que se nos ‘desigualise’, sobre todo si, como dice Thomas Piketty, ese malabarista de las estadísticas, la desigualdad no es una inevitabilidad sino producto de políticas económicas, que puede aliviarse con decisiones alternativas. Por ejemplo, como decía Hernán Echaverría y propone ahora Gustavo Petro: disminución de desigualdad y mejor uso de la tierra se obtienen aumentando el catastro en el campo. Círculo virtuoso, sin necesidad de apelar a distorsiones acerca de la peor desigualdad.

Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”. Don Sancho Jimeno, el heroico defensor de Cartagena en 1697, antecedió por mucho a don Ramón de Campoamor (1817-1901), el autor de estos versos relativistas. Ambos fueron conservadores y monárquicos, y gobernadores en su tiempo, que consideraban connatural la desigualdad. El poeta se atrevió a rimar en vez de inspirar delirios electorales.

RODOLFO SEGOVIA
​Exministro e historiador

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