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Rodolfo Segovia S.

Dura advertencia

Muchas transformaciones no dependen del país, pero su ritmo lo afecta.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
agosto 12 de 2021
2021-08-12 11:20 p. m.
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El Panel Intergubernamental acerca del Cambio Climático de la ONU ha emitido una dura y desoladora advertencia a cada uno de los seres humanos: el hogar único que habitan va a ser pronto mucho menos acogedor, o inhóspito, para la mayoría. Por el avance de las ciencias climatológicas, este sexto informe del Panel es de mayor autoridad. Precisa que el calentamiento global y sus corolarios nos están llegando, con ribetes muy incómodos, en una década. Nadie está salvo es el título de la película.

Al mundo hay que descarbonizarlo. El peso del esfuerzo recae sobre los países que han sido y continúan siendo los mayores emisores de gas carbónico (CO2). Con lo que hay de ciencia, que no es tanta cuando de limpiar el cielo se trata, se debe eliminar, ya no basta paliar, la contaminación por carbón. El alza de la temperatura global en uno y medio grados Celsius, que está ad portas, traerá tanta miseria como todas las invasiones violentas que en el mundo han sido. Para un alza de dos grados la previsión cierta asusta. El complemento de estrangular las fuentes de efecto de invernadero que emiten a la atmósfera sería la secuestración el CO2 ya existente en ella. Pero eso es apenas un barrunto.

Ninguna nación estará exenta, así en el altiplano cundiboyacense se crea que eso del apocalipsis es para los costeños. Como mínimo tendrá que habérseles con una epidemia de paludismo porque el anófeles ya la está invadiendo. La pasividad de Colombia ante los cambios que se avecinan ha sido producto del escepticismo. Aquello de que eso por aquí no pega. Se han oído admoniciones, pero sin que penetren en la conciencia colectiva.

A don Sancho Jimeno, el aguerrido defensor de Bocachica en 1697, preindustrial él, ni se le ocurría pensar en calentamiento global. Suficiente tenía con el sofocante calor de la ciudad en ropas de hidalgo castellano. Sus numerosísimos descendientes sí que tienen que hacerlo.

No tanto por que sean fuente determinante del fenómeno, sino porque su economía depende mucho de hidrocarburos y carbón, y porque las finanzas públicas -impuestos, regalías, dividendos de Ecopetrol - son esclavas de ellos.

Y porque la balanza de pagos no se puede cuadrar sin esas exportaciones, cuya tendencia mundial es al descenso, mucho mas pronto de lo estimado en previsiones anteriores. El panel apunta al 2030.

El que Colombia sea un contribuyente menor a los gases de invernadero y el que sus selvas contribuyan a secuestrarlo no la exime de cooperar en los esfuerzos por reducirlos.

Hay muchas cosas que se pueden hacer, como acelerar la dotación de estaciones para la llegada masiva de automotores eléctricos (con apoyo del Estado), o multiplicar los incentivos para la conexión a la red nacional de energía de fuentes solares o eólicas, o imponer la obligatoriedad de techos solares en casas y edificios para sacar de servicio todas las térmicas. Muchas transformaciones no dependen del país, pero su ritmo lo afecta. Dura advertencia.

RODOLFO SEGOVIA
Exministro e historiador

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