Economía

El agro pasó el año, pero sus problemas siguen intactos

Los ingresos de los hogares bajaron y eso redujo la demanda de alimentos, en especial los que se consumen fuera del hogar.

Agro

Pese al crecimiento del PIB rural las cifras indican que la crisis social del campo se ha agudizado durante la pandemia.

EFE

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diciembre 18 de 2020 - 07:00 p. m.
2020-12-18

El año que termina arroja un resultado agridulce para el sector agropecuario. Por un lado, la actividad rural es una de las pocas que no está en recesión, como sucede con buena parte del resto de la economía. Y eso, sin duda, es bueno. En contraste, los campesinos son los más golpeados por la pobreza, la informalidad empresarial y laboral, la inequidad de género y baja calidad de vida.

Pese al crecimiento del PIB rural las cifras indican que la crisis social del campo se ha agudizado durante la pandemia, ante las dificultades que tienen sus habitantes para acceder a servicios de salud, educación, conexión en telecomunicaciones y la escasa disponibilidad de bienes públicos, a lo que se suman los eternos problemas estructurales para la comercialización de sus cosechas y hasta el impacto de fenómenos naturales como el invierno que ha azotado a algunas regiones del país.

En otras palabras, hay consenso en que este año, al PIB agropecuario le fue bien, pero a los campesinos mal. El balance indica que mientras algunas actividades pasaron raspando, otras se rezagaron casi a la par con el mal momento de la economía en general.

De acuerdo con el Dane, el sector creció 6,8% en el primer trimestre, 0,1% en el segundo y 1,5% en el tercero, mientras que la economía total registró un crecimiento de 1,2% en el primer trimestre, -15,8% en el segundo y -9,% en el tercero. Las expectativas de cierre de año indican que el PIB del país caerá en 2020 entre 7% y 8%, mientras que la agricultura crecería alrededor del 2%, gracias al café.

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Descontado el primer trimestre, conocido como el periodo de presiembras, el cual mostró una gran dinámica que llevó al sector a crecer 6,8%, el resto del año tuvo un comportamiento con números positivos en medio de la pandemia, pero inferior al 3% del promedio histórico sectorial. Eso significa que, en semejante crisis económica global, la actividad agropecuaria de alcanzar los niveles del colombiana pasó el año así sea raspando.

“El sector agropecuario le cumplió al país”, dijo recientemente el Ministro de Agricultura, Rodolfo Enrique Zea, al hacer un balance del 2020.

Baja rentabilidad

El campo volvió a mostrar sus debilidades en materia de comercialización y rentabilidad. Hubo producción suficiente para atender la demanda de los hogares durante la cuarentena, pero los precios al productor se vieron afectados por el cierre de restaurantes, hoteles, colegios, la actividad turística, y hasta los casinos de alimentación de las empresas.

Y es que con la llegada de la pandemia a finales de marzo, 4,5 millones de colombianos se quedaron sin trabajo y muchas otras personas se fueron a laborar desde sus casas. Los ingresos de hogares bajaron y esto obligó a las familias a racionalizar la compra de alimentos, especialmente aquellos de mayor valor que tradicionalmente se consumen fuera del hogar.

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Aunque al inicio del confinamiento hubo alzas que favorecieron a los cultivadores de alimentos perecederos debido a un brote de pánico y de especulación, este fenómeno no duró más de 15 días.

Posteriormente vino una descolgada de precios que se agudizó a mediados de año con la salida de las cosechas de algunos productos. Los ejemplos más evidentes son los de la papa y el plátano, que registraron cotizaciones ruinosas para los campesinos.

En contraste, los cafeteros tuvieron un buen año debido al repunte de los precios internacionales del grano y a la mejoría en la tasa de cambio, pues el valor del dólar superó a mediados de 2020 los $4.000. Estos dos factores permitieron que el precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco, por carga de 125 kg, permaneciera por encima de un millón de pesos a lo largo del año.

Es decir, que los cultivadores vendieron a ese valor toda la producción de ‘mitaca’ o ‘traviesa’, cotización que solo permaneció, sino que se incrementó para el volumen de la cosecha mayor recolectada durante la segunda mitad del presente año en todo el país.
Sin embargo, los cafeteros sintieron el impacto del sobrecosto generado por la adopción de rigurosos protocolos de bioseguridad, aplicados durante la recolección del grano.

Fallas estructurales

El presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Jorge Enrique Bedoya, afirma el sector tuvo este año resultados combinados, es decir, unos positivos y otros negativos, pero con cero avance en la solución de sus históricos problemas estructurales.
“La exclusión hecha al sector por parte del Gobierno, de la lista de restricciones para su movilización durante la cuarentena, permitió que la actividad se desarrollara sin contratiempos, aunque la pandemia afectó la demanda interna y la rentabilidad de los proyectos productivos”.

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Respecto a la agenda legislativa agropecuaria, el presidente de la SAC indicó que el plan de alivios financieros y otras iniciativas aprobadas por el Congreso con efectos positivos en el sector rural, son importantes, pero no solucionan los problemas estructurales del sector.

Por su parte, Andrés Espinosa, experto en el tema, asegura que el balance del sector es positivo en materia de producción y distribución en medio de la pandemia. “Sin embargo, este año el sector evidenció su problemas históricos, que se reflejan en un incremento de las importaciones, las cuales rondan los 14 millones de toneladas anuales e informalidad cercana al 85%”.

En su opinión el deficiente acceso al crédito por parte de los pequeños productores sigue siendo un problema, pues los recursos están favoreciendo a los comercializadores, incluso de productos importados. “El sector agropecuario no tiene una política de largo plazo, y eso hace que la agricultura se mueva en bicicleta estática, es decir que se mueve, pero no avanza”, indicó.

El presidente de Augura, Emerson Aguirre, sostiene que a pesar de la crisis, el campo continuó produciendo alimentos para los colombianos. “El sector le cumplió al país, pero sería bueno que el país le cumpliera al campo, llevando servicios públicos, atención en salud, educación, vías y recreación”.

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